Las claves
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En un garaje de Chicago, entre planos y piezas de aluminio, una adolescente ajustaba los remaches de un avión monomotor construido con sus propias manos. Tenía 14 años y una convicción inusual. Un vídeo subido a YouTube en 2007 era la prueba de que Sabrina González Pasterski ya había decidido que su horizonte estaba en el cielo.
Mientras otros adolescentes compartían coreografías o partidas en línea, ella documentaba cálculos estructurales y pruebas de vuelo. Aquella aeronave no fue una extravagancia juvenil. Al contrario, era el primer indicio público de una trayectoria que la llevaría a Harvard, al Instituto Perimeter de Física Teórica y a aparecer citada en los trabajos de Stephen Hawking.
Pasterski, orgullosa de sus raíces cubanas, explicó a la BBC que su identidad es “difícil de desacoplar de la propia realidad”. La frase condensa una biografía en la que origen y vocación se entrelazan. No es solo una historia de talento precoz, sino también de conciencia cultural en un entorno científico tradicionalmente poco diverso.
Tras un rechazo inicial, logró graduarse en Harvard con la máxima calificación. Ese recorrido anticipaba el rigor que marcaría su carrera. Su nombre comenzó a destacar en el estudio de la gravedad cuántica y en el análisis teórico de fenómenos extremos, donde la relatividad general y la mecánica cuántica todavía no encajan con naturalidad.
Stephen Hawking citó su trabajo en investigaciones sobre el espín de los agujeros negros y las ondas gravitacionales. Estas últimas, predichas por Einstein y detectadas un siglo después, son vibraciones del espacio-tiempo generadas por colisiones cósmicas. Afinar su descripción teórica ayuda a comprender cómo se comporta la gravedad en condiciones límite.
Desde Canadá, Pasterski impulsa la Iniciativa de Holografía Celestial. La idea parte de una hipótesis audaz según la cual la información completa de un universo tridimensional podría describirse desde una superficie bidimensional situada en su frontera. Como en un holograma, la profundidad estaría codificada en una dimensión menor.
Aplicada a la física de partículas y a la gravedad, esta perspectiva permite traducir interacciones complejas en un lenguaje matemático diferente. El objetivo es acercar la unificación entre la teoría de Einstein, válida para grandes escalas, y la mecánica cuántica, que gobierna el mundo subatómico. Resolver esa tensión es uno de los grandes retos de la física moderna.
En 2026, con la inteligencia artificial acelerando cálculos y simulaciones, estas investigaciones adquieren una dimensión estratégica. Los algoritmos pueden explorar enormes espacios de datos, pero la formulación de nuevas preguntas sigue dependiendo de la intuición teórica. En ese equilibrio entre computación y creatividad se sitúa el trabajo de Pasterski.
Mucho camino por andar
Cada 11 de febrero, Naciones Unidas recuerda la necesidad de impulsar la presencia femenina en las disciplinas STEM, a pesar de los avances logrados. En este 2026, el organismo insiste en reforzar las sinergias entre inteligencia artificial, ciencia y financiación. António Guterres ha subrayado que cualquier niña debería poder “imaginar un futuro” en los sectores que definirán el siglo.
Las cifras aún revelan una brecha persistente. En inteligencia artificial, apenas uno de cada cinco profesionales es mujer. A escala global, alrededor de un tercio de los investigadores son mujeres, según datos difundidos por la UNESCO. La organización advierte de que esta desigualdad limita el potencial innovador de las sociedades.
En España, el CSIC trabaja para visibilizar referentes femeninos a través de iniciativas como Pioneras CSIC. Recuperar trayectorias como las de Margarita Salas o Piedad de la Cierva es una apuesta de la institución para tratar de ampliar el imaginario científico. El mensaje es claro: el talento ha estado ahí, aunque no siempre haya sido reconocido.
El avión construido en un garaje fue el punto de partida de una carrera dedicada a descifrar la estructura del universo. Pero es algo más que eso: es una invitación a que las niñas que hoy miran pantallas y algoritmos sepan que pueden ser protagonistas de la próxima revolución científica.
"A la postre, no creo que las notas importen tanto realmente", reflexionaba Sabrina en una conferencia. "Lo que importa es lo que haces, lo que te interesa. Y espero que todo el mundo pueda conservar el ingenio, porque eres capaz de conseguir mucho más cuando no sabes lo que es imposible".
