Las claves
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A lo largo de la última década, hemos visto comparar el consumo de carbohidratos refinados como si de un 'veneno blanco' se tratara. La realidad es que cuando se cometen excesos, tanto carbohidratos como grasas terminan siendo perjudiciales. Investigadores del Departamento de Ciencias de la Nutrición de la Universidad Estatal de Pensilvania señalan ahora qué alimentos comunes, puestos a 'pasarnos', son menos dañinos.
Publicado en Journal of Nutrition, los investigadores analizaron para este trabajo cómo las dietas con diferentes proporciones de grasas y carbohidratos afectaron a la salud metabólica y la función hepática en ratones a largo plazo. Las dietas ricas en grasas fueron más perjudiciales que las dietas ricas en carbohidratos, aunque la suplementación con fibra ejercía un efecto protector.
"Esta investigación avisa de un daño muy real al hígado que puede ocurrir cuando las dietas ricas en grasas como la cetogénica no se utilizan adecuadamente", advierte Vishal Singh, profesor asociado de ciencias nutricionales en la Universidad de Pensilvania. Los carbohidratos refinados, por otra parte, se encuentran en productos de consumo habitual en España como el pan blanco.
Los ratones fueron alimentados con cuatro dietas diferentes: alta en carbohidratos, alta en grasas, cetogénica o pienso estándar rico en cereales integrales como grupo de control). En ratones de peso normal, la dieta cetogénica provocó un aumento de peso, alteraciones del uso de la glucosa, del equilibrio lipídico, de la inflamación y de los depósitos de grasa en el hígado.
Por su parte, la dieta alta en grasas provocó aumento de peso y otros problemas de salud no observados en la dieta alta en carbohidratos. Los ratones que consumieron el pienso estándar fueron los que mostraron indicadores más saludables. En todas las dietas, el nivel de proteína fue similar, representando un 18% del total calórico.
La dieta alta en grasas contenía un 42% carbohidratos y un 40% de grasas, mientras que la dieta alta en carbohidratos contenía un 70% de carbohidratos y un 11% de grasas. Finalmente, la dieta cetogénica contenía un 81% de grasas y solo un 1% de carbohidratos. El pienso estándar de los ratones, por su parte, contenía un 29% de proteína, 57,5% de carbohidratos y un 13,5% de grasas.
Además, las grasas presentes en las dietas eran principalmente grasas saturadas, las cuales no deberían superar el 6% del total de calorías de la dieta según las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón. Por su parte, los carbohidratos eran refinados en general, incluyendo harinas blancas y azúcares añadidos, los cuales también se han vinculado con disfunciones metabólicas.
La dieta cetogénica, que prácticamente eliminó los carbohidratos, y la dieta rica en grasas dieron lugar a un aumento de la obesidad, llegando a duplicar el peso en los ratones que la siguieron durante las 16 semanas del estudio. Los ratones del grupo control engordaron un 10%, una tasa normal para su edad, aunque todos los ratones consumían la misma cantidad de calorías, variando solo los porcentajes de macronutrientes.
Además, la dieta cetogénica se relacionó con niveles elevados de triglicéridos y una mayor inflamación sistémica, además de desarrollar depósitos grasos en el hígado y una mayor expresión de genes asociados a la inflamación y la cicatrización hepática, inicio del hígado graso.
Por su parte, los ratones alimentados con una dieta alta en carbohidratos no aumentaron de peso de forma continuada ni experimentaron daños hepáticos. Los investigadores puntualizan que una dieta altamente procesada y rica en carbohidratos no es saludable, pero es menos dañina para el hígado que la dieta alta en grasas. Por su parte, los ratones alimentados con cereales integrales ganaron menos peso y mostraron mejores resultados en todos los indicadores de salud.
Finalmente, en un experimento independiente con ratones obesos, se comprobó que tanto las dietas ricas en grasas como la dieta cetogénica daban lugar a un aumento de peso. Sin embargo, complementar la dieta cetogénica con fibra daría lugar a un peso más estable y mejores indicadores de salud.
Estas pruebas no se realizaron en ratones de peso normal, como los del estudio principal, sino en ratones con obesidad. Además, asociar fibra no obstaculizó la cetogénesis, lo cual es clave, dado que este tipo de dietas se usa en afecciones médicas como la epilepsia.
Como conclusión, los investigadores recuerdan que la dieta es compleja, y no a todo el mundo tiene por qué servirle el mismo tipo de dieta. "Cualquier persona que tenga problemas de salud o esté preocupada por su dieta debería consultar con su médico o un dietista titulado para desarrollar un plan, basado en investigaciones, que se ajuste a sus necesidades y circunstancias específicas".
