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Las claves

La felicidad ha pasado de ser un concepto intangible a un objeto de estudio científico. Neurociencia y psicología clínica analizan hoy cómo influye en nuestra salud y en nuestra forma de vivir. En una España marcada por el cansancio emocional, el mensaje de Víctor Küppers conecta con una preocupación cada vez más extendida.

El divulgador volvió a exponer estas ideas en una multitudinaria conferencia celebrada en el Palacio de Congresos de Málaga, organizada por Mentes Expertas. Allí defendió que la alegría no aparece de forma espontánea, sino que se construye con el tiempo y solo se sostiene cuando la vida cuenta con una base mínimamente estable.

Küppers parte de una premisa clara: la actitud no puede sustituir a la realidad. Antes de hablar de optimismo, insiste, conviene revisar las condiciones materiales y emocionales en las que vivimos. La felicidad no se improvisa, se apoya en cimientos concretos que permiten afrontar el día a día sin una sensación constante de queja.

En ese contexto, el experto identifica tres pilares básicos. “Para vivir con alegría hacen falta tres cosas: la primera, llegar con cierta dignidad a final de mes; la segunda, que no haya nadie cercano muy enfermo; y la tercera, tener personas a las que quieres y que te hacen sentir querido”, explica ante el auditorio.

Su reflexión coincide con lo que la ciencia define como factores de protección. No eliminan los problemas, pero reducen su impacto. Küppers subraya especialmente el peso del último elemento: “Sobre todo esta última es la más importante”, remarca al hablar del amor y de los vínculos humanos.

Esta idea conecta con décadas de investigación científica. Un estudio longitudinal de la Universidad de Harvard sobre el desarrollo adulto concluye que la calidad de las relaciones personales es el principal predictor de una vida larga y saludable, por delante del éxito profesional, el estatus económico o el reconocimiento social.

Küppers introduce además una distinción clave entre el sufrimiento inevitable y el malestar cotidiano. “Cuando tienes a alguien a quien quieres mucho que está enfermo, eso es un drama. Y ante un drama, uno tiene derecho a estar hundido”, afirma, reconociendo el derecho a la tristeza cuando la vida golpea de verdad.

El problema aparece cuando ese drama no existe y aun así vivimos atrapados en el enfado permanente. En ausencia de grandes tragedias, explica, lo que queda es la forma en que gestionamos las circunstancias. Tráfico, contratiempos o pequeñas frustraciones diarias acaban teniendo un peso desproporcionado en nuestro estado de ánimo.

Aceptar la realidad para proteger la mente

Uno de los ejes de su intervención fue la aceptación de la realidad como mecanismo de protección emocional. Küppers recurre a una frase clásica de los programas de recuperación para ilustrarlo: “Señor, dame serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar y sabiduría para reconocer la diferencia”.

El experto aclara que la serenidad no implica pasividad. “Serenidad no significa resignación o conformismo. Significa que en la vida, nos guste o no, hay que aceptar que las cosas son como son”, explica, apuntando a una de las principales fuentes de desgaste emocional.

“No aceptar lo que no nos gusta es lo que nos quita la alegría y el ánimo”, añade. Desde la neurociencia, esta resistencia constante mantiene activada la amígdala cerebral, eleva el cortisol y bloquea funciones del córtex prefrontal, esenciales para decidir con calma y pensar con claridad. Aceptar lo inmodificable libera recursos mentales.

Además, propone estrategias sencillas para mejorar el estado emocional. Una de ellas es el uso consciente de la música. “Poner música a todo volumen nos pone de buen humor”, afirma durante la charla. “Uno no puede estar en un atasco cabreado. Ponte música… ¿Tú te imaginas lo que es despertarte cada mañana con Camela?”, bromea.

La segunda herramienta tiene que ver con la ilusión y la anticipación positiva. Küppers explica por qué el viernes suele vivirse mejor que el domingo. “Nuestra mente constantemente está mirando al futuro. Pues ponte ilusiones. No las esperes, búscalas. Lo mejor de la vida es casi gratis”.

Esa capacidad de proyectarse hacia adelante actúa como motor emocional. Psiquiatras como Enrique Rojas describen este proceso como la construcción de un proyecto vital, una artesanía personal que protege frente al vacío, la impulsividad y el desgaste psicológico prolongado.

El énfasis de Küppers en los vínculos cobra especial relevancia en el contexto español actual. La soledad no deseada se ha convertido en un problema de salud pública, con consecuencias que trascienden lo emocional y empiezan a reflejarse en los indicadores sanitarios.

Como advierte el neurólogo Conrado Estol, la soledad puede ser biológicamente “equivalente a fumar medio paquete de cigarrillos por día”. En España, donde uno de cada cinco ciudadanos se siente solo, este aislamiento aumenta el riesgo cardiovascular y el deterioro cognitivo.

Küppers recuerda que sentirse querido no es un lujo emocional, sino una necesidad fisiológica. Cuidar los vínculos mejora la calidad de vida y actúa como una forma silenciosa de prevención médica, tan relevante como otros hábitos asociados a la salud.