Las claves
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Donald Trump y Zohran Mamdani se parecen en dos cosas: ambos son narcisistas y tienen una gran capacidad de persuasión. La diferencia para los seguidores y detractores de uno y de otro es cómo encajan con su forma de pensar, explica Víctor Amat (Barcelona, 62 años) en su último libro.
El conocido como 'psicólogo punk' acaba de publicar su último libro, Las 10 leyes para ser jodidamente irresistible (Vergara, 2026), con el que pretende ayudar a los lectores a desarrollar esa habilidad, la de la persuasión, para que puedan jugar en igualdad de condiciones en un mundo que, dice, está plagado de narcisistas y psicópatas.
"Los seres humanos somos manipuladores por naturaleza", asegura en conversación con EL ESPAÑOL. En el libro pretende exponer que es una cuestión de grados. Hay gente que es muy poco manipuladora o no sabe manipular y gente que lo hace muy bien. "En el fondo todos queremos que los demás hagan cosas".
¿Qué es ser irresistible?
Una persona irresistible es aquella capaz de entrar en tus defensas, sin que tú puedas hacer prácticamente nada para evitarlo. Puede ser desde cualquier posición: un jefe, una pareja o un primo, y se trata de una habilidad que puede ser innata o entrenada.
¿Por qué enseñarle a la gente a serlo?
En estos años, trabajando con personas que han sufrido, me he dado cuenta de que te pasan muchas cosas porque no sabes jugar con las reglas que tenemos en una sociedad como esta, donde el narcisismo campa a sus anchas.
Si no tienes una herramienta para manejarte con ellos, lo vas a pasar mal porque, paradójicamente, la sociedad actual les apoya mucho. Solo hay que mirar a la gente conocida, políticos, cantantes, influencers… Todos los que son más o menos conocidos están usando técnicas que son de narcisistas.
En el libro dice que al cerebro no le interesan los datos. ¿Qué le interesa?
Las emociones, lo que nos remueve por dentro. Nadie vota a un partido político mirando los datos y cuántos puntos ha cumplido de su programa electoral. Mi madre votaba a [Adolfo] Suárez porque era guapo.
Las emociones son lo que nos hace movernos. Por lo tanto, la gran clave de la persuasión es movilizar la emoción del otro.
Su imagen pública es la de un "psicólogo punk", una alternativa al discurso espiritual y de autoayuda edulcorada. ¿Qué hay de punk en las 10 leyes?
Creo que lo punk es la propuesta. Plantearle a la gente que puede ser un psicópata bueno o un narcisista bueno y que puede dejar de ser víctima de esa manipulación para aprender a jugar en las mismas condiciones.
Lo más revolucionario del libro es que creo que nadie ha dicho que para persuadir hay que saber escuchar. La diferencia entre un narcisista interesado y uno bienintencionado es que el segundo escucha más que habla y lo hace bien. El primero lo hace para aprovecharse de la situación.
En otros trabajos se ha posicionado contra el 'pensamiento happy flower' y contra cierto discurso de autoestima que, según usted, "ha hecho más daño que bien". ¿Cómo encaja este libro en esa cruzada contra la tiranía de sentirnos siempre bien y pensar siempre en positivo?
En esta ocasión he visto en las redes a compañeras y compañeros míos entre los que se ha puesto de moda este mensaje de la necesidad de poner límites y el concepto de red flag [bandera roja en inglés, una forma de decir que ciertos comportamientos de una persona son una señal de advertencia negativa].
Con el libro lo que pretendo es decirle a la gente que con alguien así, con un narcisista, no se pueden poner límites, porque ya está dentro y hacerlo sería como extirparlo. Por eso a la gente le cuesta tanto dejar relaciones tóxicas, aunque estén viendo que no les interesa, porque has de extirpar a esa persona de dentro de ti.
Lo que yo veo es que cuando tú, como psicóloga o psicólogo, le dices a la gente que ponga un límite, no estás teniendo en cuenta que esa persona no puede poner un límite, porque si pudiera, lo haría. En ese sentido, es el mismo tipo de happy flowerismo que he tratado en otras ocasiones.
Yo prefiero dar un enfoque más preventivo y decir: "oye, tú tienes que ver esto venir". Luego ya decides. Si tienes un jefe que es un narcisista, y sabes llevarte con él, no será perfecto, pero lo vas a llevar bastante bien. Sin embargo, si le quieres poner un límite a un superior así, va a convertir tu vida en un infierno.
La asertividad es un concepto que se ha puesto de moda en los últimos años. Se vende como la forma más adecuada de comunicarse, pero usted sostiene que ha hecho mucho daño a las relaciones, ¿por qué?
La asertividad, en el fondo, tiene muy mala leche. Creo que cuando uno con su pareja tiene que ser asertivo, es que está poniendo un tipo de barrera que no es natural. Otra cosa es que te hayas casado con un borde y ya sabes que es borde siempre. Pero pretender tener una comunicación asertiva con tu pareja es perder toda la espontaneidad. Es como decir: "Tengo que hacer el amor con mi pareja los lunes, miércoles y viernes de diez a once de la noche".
En el libro también afirma que vivimos una pandemia de relaciones en las que las parejas mantienen su sufrimiento por miedo a la soledad, entre otros. Sin embargo, también se habla del amor y las relaciones líquidas. ¿Cómo chocan ambos conceptos? ¿No son autoexcluyentes?
Las relaciones tienen tanta flexibilidad como las personas. Ambos modelos pueden ser adecuados para unos tipos u otros de gente. El problema es establecer normas generales que deba seguir todo el mundo. Uno empieza a sufrir cuando piensa que lo que quiere no está bien y debería querer otra cosa.
Lo que es absurdo es comulgar con la moda. Debemos preguntarnos qué es lo que nos interesa y comunicárselo a la otra persona. Todo es válido siempre y cuando sea cosa de los dos.
Sostiene que quien sabe exponer los hechos, tiene la partida ganada de antemano ¿La labia es la clave de la persuasión?
Saber cómo usarla es lo que marca la diferencia. Hay gente que tiene mucha labia, pero la usa muy mal. El libro no es más que eso, un manual de cómo emplearla.
Hay quien habla mucho y no te dice nada o te cuenta siempre la misma historia. Luego, hay gente que habla y que, con pocas palabras, persuade. La persuasión tiene más que ver con saber colocar las palabras adecuadas.
Usted lleva más de 25 años estudiando la psicología de la persuasión y habla de "vacunarse contra la manipulación" al mismo tiempo que enseña a "manipular para bien", ser una especie de "psicópata bueno". ¿Dónde está la línea ética entre persuadir y aprovecharse de los demás?
Siempre es la intención. La persuasión ética es la que busca el bienestar del otro, de la persona a la que quieres ayudar. La persuasión manipuladora o perversa solo busca el beneficio propio.
