Las claves
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Amor, poesía, sabiduría. Estos tres hermosos conceptos son también el título de uno de los libros del filósofo francés Edgar Morin (París, 1921). En este ensayo, el autor reflexiona sobre las tres experiencias que dan sentido a la vida, demostrando que son inseparables de la complejidad, las contradicciones e incluso de la locura humana.
Nacido Edgar Nahum, de origen judío sefardí, Morin participó en la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la liberación, estudió Historia, Geografía y Derecho en la Sorbona y desde comienzos de los años cincuenta trabajó en el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia, donde llegó a ser director de investigación.
Sobre la búsqueda del amor, Morin sostiene que no somos simplemente homo sapiens, sino homo sapiens demens, porque la razón y la locura conviven en nuestro interior. "El exceso de sabiduría lleva a la locura", advierte el pensador, y por ello hay que recurrir al amor, que concebimos como "el punto en común entre la sabiduría y la locura".
El amor, por otra parte, es "un bello riesgo" que debemos correr en la vida. Recurrimos a él por nuestra necesidad de "fusión", de "reconocimiento" y de "superación" de nuestra propia individualidad. Al mismo tiempo, debemos asumir sus reversos negativos: frustración, celos, temor a la pérdida o desilusión.
A continuación viene la poesía, que para Morin no es simplemente un género sino un "segundo estado" del ser. Nos lleva a vivir experiencias de "fervor, maravilla, comunión y exaltación". Este rapto poético puede ocurrir durante el amor romántico, pero no se limita a ello: la contemplación de un paisaje, un concierto o una reunión con amigos puede provocar estos sentimientos.
Durante estos episodios, "el mundo deja de ser simplemente funcional y se convierte en fuente de calidad, de presencia y de belleza", escribe Morin. "Amor y poesía, cuando son concebidos como un medio para este fin, nos otorgan plenitud y sentido al concepto de 'vivir por vivir'". La poetización de la existencia, finalmente, tiene su súmmum en el amor.
El tercer elemento es el de la sabiduría en tiempos modernos, que el pensador define como "el arte de vivir en la incertidumbre". Según explica, "vivimos en lo incierto, y la sabiduría consiste en ser capaces de entender al otro". Y es que, si bien en la antigüedad se relacionaba a la persona sabia con la mesura y la razón, hoy sabemos que la "pasión y el delirio" son indisociables de la experiencia humana.
Una buena vida, por lo tanto, se enfrenta al reto de articular estos elementos. El parisino escribe que en el amor la sabiduría y la locura se convierten en "inseparables", retroalimentándose "la una a la otra". El amor, de este modo, "nos empuja hacia la desmesura", pero también nos invita a "profundizar en la lucidez y la comprensión" tanto de nosotros mismos como de los demás.
Morin acaba proponiendo una forma de humanismo renovado a partir de esta idea de amor extendido a la compasión y a la solidaridad entre seres humanos. Aunque siempre veremos al otro como un extraño, la sabiduría nos impele a intentar entenderlo, a "entrar" en su verdad y tener un atisbo de su punto de vista, aunque sepamos que nunca lo entenderemos del todo.
De este modo, el sentido final del amor y la poesía es el de convertirse en "la calidad suprema de la vida". Ambos elementos, correctamente conjugados, nos brindan una "intensificación sensible" de nuestra experiencia vital y permiten la "conciencia lúcida" para reflexionar sobre su finitud e incertidumbre.
