Las claves
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Vivir más y mejor se ha convertido en una obsesión tanto para los científicos como para la población general; de ahí que las conocidas como 'Zonas Azules' hayan llamado tanto nuestra atención durante los últimos años. Los habitantes de estas regiones se distinguen por una vida larga y saludable. Hasta ahora se conocen cinco: Okinawa, Icaria, Nicoya, Loma Linda y Cerdeña. Sin embargo, podrían no ser las únicas regiones caracterizadas por su amplia población centenaria.
Otra de las regiones o ciudades que parecen poseer una excepcional longevidad sería la ciudad brasileña de Veranópolis, conocida como la "Tierra de la Longevidad" ya desde la década de 1990. En aquella época poseía la esperanza de vida más elevada de Brasil (77,7 años de media), aunque en su caso el número de centenarios es pequeño en comparación a las Zonas Azules oficiales.
Veranópolis, la ciudad brasileña de la longevidad
Este enclave brasileño no se caracteriza por su alta densidad de centenarios, sino más bien por la calidad de su envejecimiento. Durante años se ha sugerido que algunos "secretos" de esta ciudad serían su dieta rica en verduras, frutas y consumo moderado de vino, el fuerte sentido de comunidad, una vida social activa y el énfasis en mantener la actividad física y mental. En general, hábitos muy similares a los de las Zonas Azules.
Ahora, un nuevo artículo focalizado en los supercentenarios, aquellas personas que logran vivir más de 110 años, sugeriría que tanto Veranópolis como Brasil en general poseerían la respuesta a un misterio sin resolver: cómo la genética colabora en llegar a superar el siglo de vida. Los hallazgos del estudio se han publicado recientemente en la revista Genomic Psychiatry.
En esta nueva investigación, a cargo de la genetista Mayana Zatz y sus colegas del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo, se habrían analizado los casos de 160 personas centenarias de Brasil, incluyendo 20 supercentenarios, es decir, aquellos que superaron los 110 años.
Según los autores de estudio, los trabajos previos sobre longevidad extrema estaban limitados por la falta de diversidad genética de los bancos de datos. Sin embargo, Brasil ofrecería un escenario diferente: su historia marcada por la colonización portuguesa, la migración forzada de cuatro millones de africanos esclavizados, y posteriores olas de inmigración europea y japonesa habrían dado lugar a lo que los investigadores describen como "la mayor diversidad genética del mundo".
Así pues, para el estudio, que aún sigue en curso, se reunió a centenarios y supercentenarios de diferentes regiones del país, con trayectorias sociales, culturales y exposiciones ambientales muy diferentes. Además de sus edades, los investigadores detectaron que algunos de los supercentenarios estudiados seguían siendo independientes para sus actividades básicas, y poseían un buen nivel de cognición; a esto cabe asociar que muchos de ellos vivieron gran parte de su vida en regiones limitadas para acceder a la medicina moderna, lo cual también ayuda en la investigación de los mecanismos de resistencia biológica que no dependen exclusivamente de tratamientos médicos.
Algunas de las conclusiones del artículo sugieren datos que ya habían aparecido en investigaciones previas: tanto centenarios como supercentenarios poseen células clave del sistema inmune que mantienen funciones comparables a los de personas mucho más jóvenes. Un ejemplo serían los mecanismos de limpieza celular, que en su caso seguirían activos, además de células inmunes adaptadas incluso mejor que aquellas de personas jóvenes.
Un análisis más detallado de una supercentenaria de 116 años, de origen estadounidense-español, detectó variantes genéticas raras relacionadas con la respuesta inmune y la estabilidad del genoma, lo cual reforzaría la idea de los investigadores: el envejecimiento extremo sería una forma distinta de adaptación biológica, y no serían necesarias restricciones alimentarias específicas, como sí se ha visto en otros casos estudiados previamente.
Dentro de los próximos pasos del estudio, los investigadores planean seguir profundizando en los estudios genómicos, celulares e inmunológicos de estos centenarios y supercentenarios, con el objetivo de descubrir mecanismos protectores desconocidos hasta el momento.
