Las claves
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El tren de Rodalies que descarriló este martes, causando la muerte de un maquinista, se topó contra un muro de contención derrumbado por el desgaste que habían causado las fuertes lluvias que habían caído sobre la zona por la borrasca Harry.
Estas estructuras están diseñadas precisamente para prevenir deslizamientos de tierra, puesto que lo que hacen es estabilizar las zonas propensas a movimientos del suelo, lo cual resulta especialmente importante cuando se producen lluvias torrenciales.
Horas antes del accidente de Gelida, en Barcelona, los maquinistas ya habían advertido a Renfe, a través de una carta a la que ha tenido acceso Europa Press, de las consecuencias que el temporal podría tener en la seguridad de la circulación ferroviaria.
En ella advertían acerca de la caída de árboles a las vías pero no lo hacían sobre la de los muros de contención, que suelen encontrarse habitualmente muy cerca de las vías de tren en España para que el terreno no invada la plataforma ferroviaria ni comprometa la estabilidad de la vía.
Clima agresivo, difícil mantenimiento
Al igual que sucede con el resto de infraestructuras, los muros de contención se revisan cada cierto tiempo. El inconveniente es que estas estructuras son más difíciles de revisar que, por ejemplo, un puente.
En este último caso, según explica a EL ESPAÑOL el profesor de la Escuela de Caminos de la Universidad Politécnica de Cataluña Marcos Arroyo, los signos de deterioro son más fácilmente accesibles.
Con cualquier estructura, en realidad, "se podría averiguar si se estudiara con todo tipo de detalle". Pero al no ser pocas resulta casi imposible llevar a cabo esta tarea, por lo que la más sencilla de realizar es la inspección visual.
En los muros de contención, este método no permite comprobar si el drenaje que se encuentra tras él se ha obstruido por algún motivo. Y es que al quedar atrapada el agua, aumenta la presión hidrostática sobre el muro y se incrementa el riesgo de derrumbe.
Por ello "no es del todo extraño" que estos accidentes se produzcan después de un episodio importante de lluvia. Además del de Gelida (Barcelona), en los últimos meses también ha habido muros de contención que se han derribado por las fuertes precipitaciones.
El último de ellos, en Málaga, obligó a desalojar a 12 familias. "Si hay un clima más agresivo, hace el mantenimiento más difícil", señala Arroyo. En España se da la paradoja de que las lluvias totales están cayendo desde 1971, pero su intensidad ha aumentado un 360% en este periodo.
Adaptación al nuevo contexto
Ante este escenario en el que cada vez es más frecuente que se acumulen 60 l/m2 o más en una hora, las infraestructuras "ni de lejos están preparadas", como advierte Annelies Broekman, investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).
"Las infraestructuras de transporte", prosigue, "como pueden ser las ferroviarias no están adaptadas al cambio climático de forma estructural para nada, al igual que sucede con nuestras propias ciudades".
"Nos toca hacer una revisión importante de las infraestructuras críticas para que se adapten al nuevo contexto climático", añade Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y experto en climatología y planificación territorial.
Ambos coinciden en que no están preparadas ni los alcantarillados de las ciudades ni los sistemas de contención de taludes, lo cual "se está saldando con pérdidas económicas importantes y, lo que es peor, a veces también con vidas humanas".
Existen diferentes medidas para adaptar las ciudades a las fuertes lluvias torrenciales. Una de las que plantea Broekman es la de desimpermeabilizar zonas estratégicas mediante parques diseñados para absorber escorrentía superficial, haciendo que el agua se infiltre más tiempo.
También es importante "eliminar, al máximo posible, las infraestructuras que estén en zonas inundables"; y allí donde no sea posible se tendrán que elaborar planes de gestión de riesgo que no sólo tengan en cuenta el momento actual, sino que también se centren en el largo plazo.
El inconveniente, como incide Olcina, es que los actuales planes de construcción "no tienen previsto la adaptación al cambio climático".
A ello se le suma que "buena parte de la infraestructura que se construyó entre los años 70 y 80 en nuestro país ya está llegando al final de su vida útil", según apunta Arroyo.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha reconocido que aún se desconoce si el muro colapsado en la R4 de Rodalies pertenece a la AP7 o al sistema ferroviario.
Independientemente de su titularidad, la robustez de estas estructuras suelen estar relacionados con el lugar en el que se ubiquen. Aun así, la mayor parte de ellas tienen una durabilidad que va de los 25 a los 50 años ya que los drenajes se deterioran con el paso del tiempo.
