El 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, pone cada año el foco en la importancia de una alimentación adecuada para la salud y el bienestar.
Pero, en un entorno en el que las redes sociales multiplican las recomendaciones, las dietas de moda y las promesas sobre qué debemos comer, tener acceso a más información no siempre significa estar mejor informados.
Productos “sin gluten”, alimentos “ricos en proteínas”, suplementos, dietas restrictivas o nuevas soluciones para perder peso conviven con mensajes que no siempre cuentan con el mismo respaldo científico.
Ante esta abundancia de información, saber qué consejo seguir puede resultar tan importante como conocer qué alimentos forman parte de una alimentación saludable.
“¿Quién lo dice?, ¿qué vende? y ¿en qué se basa?”. Para Alba Abia Heras, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud y coordinadora académica del Grado en Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), estas tres preguntas ofrecen una primera pista para distinguir una recomendación fiable de otra que no lo es.
Dieta saludable
Alimentación saludable: de ‘sin gluten’ a ‘más proteína’
Las redes sociales han convertido algunos mensajes sobre alimentación en auténticos lugares comunes. Uno de ellos sostiene que los productos sin gluten son más saludables. No es así.
Como explica Alba Abia Heras, solo están indicados para las personas con enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten diagnosticada. Para el resto de la población, eliminar el gluten no aporta beneficios y puede implicar productos más caros y menos equilibrados, además de cambios perjudiciales en la microbiota intestinal.
Algo parecido ocurre con la proteína. El aumento de alimentos enriquecidos con este nutriente ha hecho que muchos productos se presenten como opciones más saludables por el simple hecho de contener más proteínas.
Sin embargo, si la alimentación ya cubre las necesidades proteicas, ese aporte adicional no tiene por qué ofrecer un beneficio y puede suponer únicamente un mayor coste.
La cuestión, por tanto, no es incorporar a la dieta todo aquello que se presenta como una novedad, sino valorar qué necesita realmente cada persona y cuál es el conjunto de su alimentación.
Fármacos para adelgazar: perder peso no elimina la necesidad de cuidar la alimentación
Entre las tendencias más recientes aparece también la idea de que los nuevos fármacos para adelgazar hacen innecesario cuidar la alimentación. La experta de la UEMC considera este planteamiento un mito.
“Los medicamentos para tratar la obesidad o el sobrepeso asociado a complicaciones no sustituyen una alimentación adecuada ni la actividad física. Forman parte de un tratamiento que debe abordarse de manera integral”, explica Alba Abia Heras.
Estos medicamentos son tratamientos médicos dirigidos a personas con obesidad o con sobrepeso acompañado de complicaciones. No son un atajo estético ni sustituyen los hábitos saludables. Su utilización se plantea junto con cambios en la alimentación y la actividad física, no en lugar de ellos.
La popularidad de estas soluciones puede alimentar además expectativas poco realistas sobre la pérdida de peso. Frente a esa visión, la alimentación sigue teniendo un papel propio en la salud, más allá del número que marque la báscula.
Una persona administrándose un nuevo fármaco contra la obsesidad
Suplementos nutricionales: complementar, no sustituir
Los suplementos nutricionales tampoco son una solución general para mejorar la alimentación. Aunque muchos pueden adquirirse fácilmente, no son inocuos: pueden producir efectos adversos, interactuar con medicamentos o estar contraindicados en determinadas personas.
“Los suplementos no deben entenderse como una solución general para mejorar la alimentación. Su utilización debe responder a una necesidad concreta y estar justificada”, señala la profesora de la UEMC.
Por eso, su utilización debería responder a una necesidad justificada y contar con la supervisión de un profesional sanitario. Hay situaciones concretas en las que pueden ser necesarios, como el ácido fólico durante el embarazo, la vitamina B12 en personas que siguen una dieta vegana o el hierro y la vitamina D cuando existe un déficit o una indicación clínica.
La alimentación, sin embargo, aporta mucho más que los nutrientes que pueden encontrarse de forma aislada en un suplemento. Por eso, estos productos complementan la dieta, pero no la sustituyen.
¿Qué alimentación es saludable? No existe una dieta válida para todo el mundo
Una alimentación saludable debe basarse, de forma general, en alimentos como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales integrales y aceite de oliva virgen extra, al tiempo que se limita el consumo de ultraprocesados, azúcares libres, sal y carnes procesadas.
El patrón de dieta mediterránea cuenta, además, con una amplia evidencia científica, incluida la obtenida en el estudio PREDIMED.
Pero comer de forma saludable no significa seguir exactamente la misma pauta en todos los casos. Las necesidades cambian en función de circunstancias como la diabetes, las enfermedades renales, la celiaquía, la etapa de la vida, la práctica deportiva, las alergias o intolerancias, las preferencias personales, la cultura alimentaria o incluso el presupuesto disponible.
“No existe una única dieta válida para todo el mundo”, explica Alba Abia Heras. El trabajo del dietista-nutricionista consiste precisamente en valorar esas circunstancias y adaptar la alimentación para que sea saludable, segura y sostenible.
¿Cómo saber si un consejo sobre alimentación es fiable?
Ante la cantidad de información que circula en redes sociales, una primera recomendación es preguntarse quién está detrás del mensaje, qué interés puede tener y en qué evidencia se apoya.
Un dietista-nutricionista titulado y colegiado que declara sus posibles conflictos de interés ofrece una referencia distinta de un testimonio personal o de un estudio realizado en animales.
También conviene desconfiar de las promesas de resultados rápidos, de los alimentos presentados como “prohibidos” o “milagrosos”, de las teorías conspirativas y de las recomendaciones que pretenden servir exactamente igual para todo el mundo.
La misma precaución debería aplicarse a las dietas muy restrictivas, los ayunos y los productos para adelgazar. Pueden producir resultados rápidos, pero las pautas excesivamente restrictivas presentan un elevado abandono y pueden favorecer el efecto rebote.
Sin supervisión, además, pueden provocar déficits nutricionales, pérdida de masa muscular o una relación problemática con la comida.
En el caso del ayuno intermitente, la evidencia disponible no demuestra que sea claramente superior a una restricción calórica convencional.
Y productos como los llamados quemagrasas, bloqueadores o determinados batidos sustitutivos sin control carecen en su mayoría de eficacia demostrada y algunos se han relacionado con efectos adversos graves.
Hábitos que se puedan mantener, no una alimentación perfecta
Frente a las soluciones rápidas, la recomendación pasa por construir hábitos que puedan mantenerse a largo plazo. Priorizar alimentos poco procesados y ricos en fibra, reducir las bebidas azucaradas y determinados alimentos ultraprocesados, realizar actividad física con regularidad y dormir lo suficiente forman parte de ese planteamiento.
Eso no significa que comer bien tenga que exigir mucho tiempo o dinero. Planificar un menú semanal y una lista de la compra puede ayudar a evitar compras impulsivas y desperdicio de alimentos.
Legumbres, huevos, cereales integrales, frutas y verduras de temporada pueden formar parte de una alimentación saludable sin necesidad de recurrir a productos especialmente sofisticados.
Verduras en un mercado municipal.
También resulta útil saber leer una etiqueta. Expresiones como “natural”, “casero”, “fit”, “sin azúcares añadidos”, “alto en proteínas” o “light” pueden llamar la atención, pero no permiten por sí solas valorar un producto.
Es preferible revisar la lista de ingredientes, que aparecen en orden decreciente de cantidad, y consultar la información nutricional. El Nutri-Score puede servir como herramienta de comparación, aunque tiene limitaciones y debe interpretarse dentro del conjunto de la alimentación.
Al final, “no se trata de comer perfecto, sino de adoptar hábitos saludables que podamos mantener”.
Formar profesionales capaces de distinguir evidencia y desinformación
La capacidad para valorar críticamente la información forma también parte de la formación de los futuros dietistas-nutricionistas.
Además de una sólida preparación en nutrición, fisiología y dietoterapia, necesitan saber interpretar estudios científicos, actualizar sus conocimientos y comunicar la información de manera clara y rigurosa.
Para Alba Abia Heras, también son importantes las habilidades de comunicación y empatía. Una recomendación nutricional solo resulta útil si la persona puede comprenderla y trasladarla a su vida cotidiana.
De ahí la importancia de combinar los conocimientos teóricos con la resolución de casos prácticos y el contacto con situaciones reales.
En la Universidad Europea Miguel de Cervantes, esta formación incluye el aprendizaje de nutrición basada en la evidencia y búsqueda bibliográfica, asignaturas como Dietética y Dietoterapia, laboratorios presenciales como la consulta de nutrición y prácticas externas.
El objetivo es que los estudiantes puedan valorar necesidades individuales, plantear intervenciones adaptadas y familiarizarse con el trabajo del dietista-nutricionista.
En un entorno en el que cada día aparecen nuevas dietas, productos y promesas relacionadas con la alimentación, quizá la mejor recomendación sea también una de las más sencillas: antes de seguir un consejo, preguntarse quién lo dice, qué vende y en qué se basa.
