José Luis Pascual y Sonia Fernández, en sus viñedos

José Luis Pascual y Sonia Fernández, en sus viñedos Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Zamora

José Luis Pascual (56), dueño de una de las bodegas más premiadas de España: "Nunca vendimos nuestro primer vino"

Junto a su mujer, Sonia, dedicaron más de 15 años a construir su empresa bodeguera familiar, donde no elaboraban vino. Su trabajo se centró en la investigación de la historia vitivinícola de Fermoselle.

Más información: Fermoselle, el pueblo de las mil bodegas

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El sueño bodeguero de José Luis Pascual (56 años) y su mujer, Sonia Fernández (48 años) no comienza con una primera vendimia ni con una nave de elaboración.

Comienza mucho antes, como un proyecto de vida ligado a Fermoselle (Zamora) y a una herencia vitivinícola que estuvo a punto de desaparecer. Un territorio donde el vino no era una actividad más, sino prácticamente la única forma de vida durante siglos.

Para entender la historia de este negocio familiar, hay que saber que Fermoselle fue durante generaciones una auténtica villa del vino.

Bancales de Fermoselle

Bancales de Fermoselle Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Hasta 1957 llegó a contar con unas 4.800 hectáreas de viñedo, una superficie equivalente a la que hoy suma toda una denominación de origen completa.

En un término municipal de algo más de 5.000 hectáreas, casi todo estaba plantado de viña. No había ganadería ni otras alternativas económicas para subsistir en este paraíso climático del corazón de Sayago.

Ese paisaje productivo se completaba bajo tierra. En Fermoselle existen alrededor de mil bodegas subterráneas, excavadas en granito, en las que durante cientos de años se elaboró vino no solo para consumo doméstico, sino con un claro fin comercial. Desde esas bodegas se sacaba vino a granel que se vendía fuera del municipio.

Por ello, la elaboración de vino en Fermoselle es centenaria. Ya en la Edad Media se producía de forma habitual y en el siglo XIII incluso se llegó a prohibir el paso del vino de Fermoselle por Zamora para evitar que compitiera con el de la capital. De hecho, toda la historia de esta villa sayaguesa está atravesada por el viñedo y los oficios asociados al vino.

Ese modelo, sin embargo, entró en declive a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. De las 4.800 hectáreas registradas en 1957 se pasó, con el tiempo, a no llegar a cien en la actualidad. El viñedo fue arrancado de forma masiva hasta quedar prácticamente diezmado.

"Nadie se preocupó por hacer bien el vino"

Según explica el fundador y dueño de Bodegas Pascual Fernández, José Luis Pascual, Fermoselle "murió de éxito". Se vendía tanto vino que "nadie se preocupó de hacerlo bien", asegura.

Mientras otras zonas avanzaban hacia la profesionalización, aquí se siguió elaborando "como siempre", a granel, sin denominación de origen y sin exigencias de calidad.

Sonia, José Luis y su hija

Sonia, José Luis y su hija Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

La Denominación de Origen llegó a Arribes en 2007, "muy tarde" si se compara con Rioja, que la obtuvo en 1925. Durante décadas cada elaborador de Fermoselle vendía por su cuenta, sin una estrategia común. Como todo se colocaba en el mercado, no existía incentivo para invertir ni para mejorar, asegura este bodeguero.

Ese contexto facilitó que muchos viticultores vendieran sus derechos de plantación a otros empresarios para cultivar variedades como Rioja, Rueda o Ribera del Duero.

Se arrancaba la viña y se vendía el "papel" que permitía plantar en otro lugar, recalca José Luis Pascual. Por esos derechos se llegaron a pagar entre 6.000 y 8.000 euros por hectárea.

Las variedades autóctonas, propias de Arribes, no podían trasladarse. Así que se arrancaban y se perdían. Aun así, muchos vecinos de la villa sayaguesa conservaron las viñas más viejas y más queridas, aquellas que nunca habían vendido y que se destinaban al consumo familiar. Esas parcelas eran, según José Luis Pascual, "lo mejor de cada casa", y son las que han llegado hasta hoy.

Punto de partida

Ese es el punto de partida del proyecto de Sonia y José Luis. A finales de los años noventa y comienzos de los dos mil, esta pareja comprobó que las mil bodegas subterráneas estaban abandonadas y que los bancales de las laderas del Duero y el Tormes, kilómetros y kilómetros de muros de piedra, permanecían cubiertos por la maleza.

Un paisaje que, a su juicio, "no tiene nada que envidiar" a la Ribeira Sacra o al Douro portugués, declarado Patrimonio de la Humanidad, pero que estaba completamente olvidado. Bancales "inconmensurables", imposibles de construir hoy, levantados para el vino y dejados a su suerte.

De esa constatación nació un proyecto de recuperación de la identidad de la propia Fermoselle, con José Luis, salmantino de nacimiento, pero ya sayagués de corazón; y Sonia, una fermosellana de pura cepa, nunca mejor dicho.

Ellos construyeron un plan de vida basado en tres pilares: rescatar bodegas subterráneas familiares, recuperar viñedos en bancales abandonados y apostar por las variedades minoritarias que mejor se habían adaptado al territorio.

Terrenos de las Bodegas Pascual Fernández

Terrenos de las Bodegas Pascual Fernández Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

El proceso fue lento y laborioso. A partir de 2002 comenzaron a adquirir pequeñas parcelas, minifundios de escaso valor económico.

Muchas costaban 200, 300 o 700 euros, pero la escritura notarial tenía un precio mínimo de 287 euros, por lo que "valía más la escritura que la parcela".

En total, la pareja compró casi 100 parcelas diminutas hasta reunir unas 11 hectáreas. En paralelo, se arrendaron viñedos viejos a agricultores mayores, algunos trabajados por ellos mismos con los métodos de la bodega, otros gestionados directamente por la familia Pascual Fernández.

La compra de bodegas subterráneas fue aún más compleja para estos emprendedores. Algunas pertenecían a decenas de herederos repartidos por varios países y cuyo trabajo de localización no fue precisamente sencillo.

José Luis recuerda, por ejemplo, que una de las bodegas adquiridas tenía 17 propietarios, entre ellos dos mujeres que residían en Argentina y superaban los 85 años. El trabajo fue, en palabras de este bodeguero, "etnográfico y de investigación".

Una bodega que no elaboraba vino

Durante años, las Bodegas Pascual Fernández no elaboraban vino. Su trabajo se centró en la investigación de la historia vitivinícola de Fermoselle, se dedicaron por entero a la recuperación del patrimonio perdido y se sentaron las bases del proyecto.

De hecho, la bodega como tal no se constituyó hasta 2019, tras casi dos décadas de preparación silenciosa. En ese momento contaban con cuatro bodegas subterráneas pequeñas, las 11 hectáreas en propiedad y numerosas parcelas arrendadas.

Interior de las Bodegas Pascual Fernández

Interior de las Bodegas Pascual Fernández Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Y en este proyecto, el viñedo viejo se convirtió en una pieza clave, no solo por su calidad, sino porque representa una parte esencial de la identidad de Fermoselle.

Al igual que lo son las bodegas excavadas en granito, que, además, ofrecían a estos bodegueros unas condiciones excepcionales para su elaboración.

En ellas, no entra la luz, no hay ruido, la temperatura es constante y la humedad supera el 90%. El vino se cría "entre granito", en un entorno sin vibraciones que permite una evolución lenta y estable durante años.

Por lo tanto, el arranque comercial de esta familia emprendedora fue prudente. Tanto, que en 2019 la incipiente empresa elaboró un Juan García y una puesta en cruz, una variedad blanca casi desaparecida, de la que solo quedaban dos hectáreas y media en Fermoselle.

Pero ese Juan García nunca salió al mercado. José Luis Pascual explica que la madera restaba protagonismo a una uva con identidad propia. Por lo que los bodegueros asumieron ese error y rectificaron su primer paso en falso.

El bruñal que lo cambió todo

El punto de inflexión llegaría en 2020 con su primer bruñal, elaborado sin paso por barrica, algo inédito hasta entonces en Arribes, según recuerda José Luis Pascual.

El resultado fue un vino que reflejaba "por los cuatro costados" la tierra de origen. Fresco, moderno y centrado en la variedad. De esa añada se produjeron unas 4.000 botellas, que se vendieron tras una larga crianza y estancia en botella, ya en 2023.

José Luis, Sonia y sus hijos

José Luis, Sonia y sus hijos Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Ese bruñal marcó un antes y un después en la bodega fermosellana. Obtuvo las mayores puntuaciones logradas hasta entonces por un vino de Arribes y abrió las puertas del mercado nacional a esta empresa zamorana. No por volumen, sino por diferenciación.

El crecimiento posterior se apoyó en las variedades minoritarias, que ya son santo y seña de Bodegas Pascual Fernández. Es el caso de mandón, una uva de ciclo tardío que se vendimia en noviembre; bastardillo chico, del que solo se elaboran 395 botellas; gajo arroba; verdejo colorado; malvasía castellana o puesta en cruz, trabajadas con distintas elaboraciones.

En la actualidad la bodega produce alrededor de 25.000 botellas al año, repartidas en 18 vinos monovarietales procedentes de 13 variedades autóctonas.

En la mayoría de los casos no se alcanzan las mil botellas por vino, en una clara apuesta por la exclusividad y el mimo absoluto por cada uno de sus caldos.

José Luis con su hija en sus terrenos

José Luis con su hija en sus terrenos Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Este reconocimiento llegó también de las guías. En la Guía Wine Up 2026, Bodegas Pascual Fernández figura entre las tres únicas bodegas españolas con más de diez vinos por encima de los 90 puntos. Algunas referencias alcanzan los 96.

Hoy la bodega es conocida por su apuesta por la diferencia y por el respeto a la uva. José Luis Pascual resume su filosofía con una idea clara: "Solo sabemos hacer buen vino con uvas espectaculares. Si la materia prima no lo es, preferimos no hacerlo".

De hecho, recientemente, Bodegas Pascual Fernández se ha situado en lo más alto del panorama vitivinícola nacional tras los resultados de la 41ª edición de la Guía Gourmets 2026.

La bodega de Fermoselle figura entre las tres únicas de España con más de diez vinos por encima de los 90 puntos, alcanzando en su caso hasta 98 puntos.

Detalle de las uvas de las cepas de las bodegas de Pascual Fernández

Detalle de las uvas de las cepas de las bodegas de Pascual Fernández Cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

El reconocimiento tiene además un valor territorial añadido, ya que es la única bodega de Zamora y la única de Castilla y León que logra colocar 11 vinos por encima de esa barrera de excelencia. Un gran logro tras años de trabajo constante que la sitúa al frente del ranking nacional en esta edición de la guía.

Ese pódium, entre 1.295 bodegas analizadas, solo lo comparten Bodegas Pascual Fernández y dos bodegas de la Denominación de Origen Calificada Rioja, Baigorri, en Samaniego, y Bodegas Tierra, en Labastida. La Guía Gourmets ha catado a ciegas 4.085 vinos procedentes de todos los rincones del país.