Los Carochos de Riofrío de Aliste Ical
El pueblo de Zamora donde unos terroríficos demonios toman sus calles el 1 de enero: así son Los Carochos
Entre humo, gritos y saltos, estos seres recorren la pequeña localidad alistana con unas tenazas gigantes, ofreciendo unas escenas dignas de ver.
Más información: Zamora celebra el desfile de mascaradas más multitudinario de España con más de medio millar de participantes
Riofrío de Aliste renueva cada 1 de enero una de las manifestaciones festivas más complejas y singulares de Castilla y León. La Obisparra de 'Los Carochos' transforma durante todo el día las calles del pueblo en un escenario ritual donde se encadenan acciones, personajes y símbolos que han definido la identidad colectiva de la localidad durante generaciones.
La celebración comienza a las once y media de la mañana y se prolonga hasta el anochecer, con un único descanso para comer. No hay interrupciones reales en el desarrollo de los actos, donde los demonios toman este pequeño pueblo zamorano.
La mascarada avanza como un relato continuo en el que cada escena conduce a la siguiente, desde la salida inicial hasta las últimas peleas y bailes que cierran el ciclo simbólico del Año Nuevo. Se trata de un rito completamente teatralizado y al aire libre.
Los Carochos de Riofrío de Aliste Ical
No existen documentos conservados en los archivos diocesanos ni municipales que recojan el origen de la fiesta. Su transmisión ha sido siempre oral y vivencial de generaciones.
Esa ausencia de fuentes escritas no ha impedido que Los Carochos se consoliden como una de las manifestaciones festivas más complejas y singulares de la provincia de Zamora.
La mascarada está catalogada oficialmente como Mascarada de Invierno y se celebra el 1 de enero durante toda la jornada.
Además, el Martes de Carnaval los personajes vuelven a salir, interpretados por muchachos, como fórmula para garantizar la continuidad de la tradición entre los más jóvenes del pueblo.
Riofrío de Aliste se asienta en una hondonada atravesada por el río Frío o Becerril, en las proximidades de la Sierra de la Culebra.
El caserío se adapta al relieve en cuesta y conserva una arquitectura popular destacada, con casas de puertas carreteras y corrales circulares de piedra cubiertos de urces.
La mascarada recorre todas las calles del pueblo, de trazado irregular. El puente que une las dos partes de la localidad adquiere un papel simbólico central, aunque los Carochos lo evitan y cruzan el río aguas arriba, reforzando la idea de que no son humanos y no se rigen por la lógica ordinaria.
La organización corresponde tradicionalmente a los mozos solteros del pueblo, con el respaldo de la Asociación Cultural Amanecer de Aliste y la colaboración del Ayuntamiento.
Ellos se reparten los papeles según las cualidades de cada participante, preparan trajes y utensilios y coordinan el desarrollo de la jornada.
La preparación
En los días previos al Año Nuevo no hay actos rituales, pero sí preparación y expectación. Con la llegada de la noche, algunos vecinos reconocen a lo lejos el sonido seco de las tenazas del Carocho Grande al cerrarse los diez palos de la escalera extensible, y los gritos del Carocho Chiquito rasgando la oscuridad durante los ensayos.
Los Carochos de Riofrío de Aliste.
Ese sonido no anuncia la fiesta, pero la anticipa. Para los mayores es una conversación conocida, marcada por el ritmo de los cencerros que 'bailan' al compás de las rodillas.
En las casas se percibe como parte de una identidad centenaria, mientras los niños escuchan junto a la lumbre entre el temor y el deseo de que llegue el mediodía del 1 de enero.
Los once personajes que integran la Obisparra se preparan con antelación. Revisan minuciosamente la indumentaria que vestirán el día de Año Nuevo.
El Ciego acude al Sagrao para recibir consejos prácticos de los veteranos sobre cómo reaccionar cuando el carro sea volcado y deba caer a tierra malherido.
Los preparativos se ultiman en un local municipal amplio, que sustituyó al antiguo corral de la calle Fonda. Allí, las personas mayores del pueblo ayudan a vestir a los participantes.
La carocha se guarda con celo, el humo se protege, el tamboril se afina, las castañuelas se ciñen con cintas de colores y las corchas se preparan para pasar por la brasa.
Humo, gritos y saltos
La salida oficial se realiza el día 1 desde la casa de la calle Fonda. La escena es impactante. Entre humo, gritos y saltos irrumpen el Carocho Grande y el Carocho Chiquito, agitando tenazas y picas, como si emergieran de otro mundo, marcando el inicio del caos ritual.
Tras ellos aparecen los Guapos. El Galán toca las castañuelas al ritmo del tamboril. La Madama mece al Niño, símbolo de la vida nueva.
El del Lino sigue al grupo levantando faldas y manchando de negro a las mozas. Todos acuden primero a casa del alcalde y después a la del cura.
Los Carochos de Riofrío de Aliste.
La llegada de los Filandorros introduce una fuerte carga teatral. Molacillo guía una burra que tira de un carro de paja. En él viajan la Filandorra, vestida de gitana, y el Ciego. Un Gitano completa la escena con cabriolas sobre un burro, provocando la risa y la participación del público.
A partir de ese momento se encadenan escenas de improvisación, peleas rituales, muertes y resurrecciones simbólicas. Los Carochos atacan al Ciego, protegido por el círculo de ceniza. Se producen enfrentamientos reiterados que siempre concluyen con la huida de los diablos.
Durante el día, los componentes recorren el pueblo casa por casa para pedir el aguinaldo. En cada visita se refuerza el sentido comunitario de la fiesta. Junto al dinero o la comida, se ofrece a los participantes 'un muerdo' de chorizo, compartido de forma ritual.
Por la tarde, frente a la iglesia, se baila el llano o charro. Más tarde, en las eras, se interpreta la jota castellana. Los bailes, las bromas y los desmanes se suceden hasta que el cansancio y la luz del día marcan el final de la jornada.
Los Carochos de Riofrío de Aliste Ical
La Asociación Cultural Amanecer de Aliste recuerda cada año a visitantes y fotógrafos la necesidad de situarse en los laterales de las calles para el buen desarrollo de la festividad.
Las máscaras, especialmente la del Carocho Grande, limitan la visión y pueden provocar accidentes si se invade el espacio de acción de los personajes.
Interpretaciones
Los Carochos encarnan a los demonios cristianos. No hablan, solo gritan, intimidan, atacan y encenizan, pero también purifican y protegen a la comunidad. Frente a ellos, los Guapos representan la vida y el pueblo. Los Filandorros defienden al Ciego, eje simbólico del conflicto.
Investigadores y estudiosos han interpretado la Obisparra como una 'pre-teatralización' y como un teatro arcaico de participación colectiva.
Más allá de la lectura clásica de lucha entre el bien y el mal, la mascarada expresa cohesión social, memoria compartida y renovación simbólica del tiempo.
Los Carochos de Riofrío de Aliste.
Pese a la sangrante y doloresa despoblación de la zona y a la coincidencia horaria con otras mascaradas cercanas, Los Carochos mantienen una notable vitalidad y su fama se extiende fuera de las fronteras de Zamora.
Y es que su fuerte arraigo local, su complejidad simbólica y su duración convierten a esta Obisparra en uno de los rituales de invierno más singulares y vivos de Castilla y León.