Germán Delibes Caballero posa en la Casa Museo dedicado a su abuelo Miguel.

Germán Delibes Caballero posa en la Casa Museo dedicado a su abuelo Miguel. JIF

Valladolid

Germán, el nieto de Miguel Delibes que va por los colegios de la España vaciada: "Mi abuelo ya contó lo que pasa hoy"

También acaba de escribir un libro donde muestra el lado más familiar del ilustre escritor vallisoletano y disfruta del reciente Casa Museo donde se le homenajea. “Pescaba, cazaba, jugaba al tenis, veía el Tour de Francia en las tardes de julio. Era un abuelo feliz”, afirma.

Más información: Miguel Delibes ya tiene su propia casa museo: "Al abrirla a la sociedad, Valladolid y CyL son hoy un poquito mejores"

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Germán Delibes Caballero no vive del apellido, pero convive con él. Lo lleva con naturalidad, pero sabedor de que en una ciudad como Valladolid pesa, y mucho. “Lo único que tengo de mi abuelo es el apellido”, bromea, quizá para restarle importancia, aunque en su trayectoria se percibe mucho más.

Como su abuelo, es cazador, amante del deporte, de las letras y tiene muchas ganas de enseñar. Tiene 52 años, estudió en el mítico colegio Lourdes de Valladolid, pasó una etapa en Madrid y acabó encontrando su lugar en la enseñanza pública.

Es el segundo de los 18 nietos, hijo de Germán, “el arqueólogo” y de Josefa (Pepi), que fuera secretaria del afamado escritor y encargada de pasar a máquina su enrevesada letra.

Hoy trabaja como profesor de Primaria en Nava del Rey, en el Colegio Miguel Delibes. Sí, el de su abuelo. “Casualidad completa”, asegura entre risas. Llegó allí, precisamente, el mismo año en que murió su abuelo (2010), después de varios destinos en Burgos.

De todas sus obras, se queda con Señora de rojo sobre fondo gris, porque les permitió conocer a su abuela, la eterna Ángeles, y entender mejor al hombre que fue Miguel Delibes.

Germán basa su enseñanza en la cercanía y la transmisión de valores, como hacía su abuelo en los libros. Quizá sea por eso por lo que pensaron en él desde la Consejería de Educación de Castilla y León y la Fundación Miguel Delibes para llevar a cabo el proyecto ‘El otro Delibes’.

Ahora, desde 2020 recorre colegios de toda la comunidad hablando de literatura, de paisaje, de naturaleza y de vida a través de la figura de su abuelo.

Son miles de kilómetros al año, casi 10.000, cientos de centros educativos, muchos de ellos en pueblos pequeños, y 16.000 escolares los que han pasado ya por sus charlas.

Germán durante una de las charlas en un colegio

Germán durante una de las charlas en un colegio Cedida

Para poder hacerlo, compatibiliza su trabajo como docente con el proyecto gracias a un convenio institucional que le permite ausentarse del aula siempre que haya un sustituto. “Acabé los primeros años agotado, incluso con la necesidad de antibióticos para tratar las afecciones de garganta”, reconoce.

Aun así, no se plantea dejarlo. Viajar por Castilla y León es también una forma de comprender mejor la tierra que tanto marcó a su abuelo, esa de la que decía que “si tenía el cielo alto era porque lo habían levantado los campesinos de tanto mirarlo”.

En estas charlas se presenta como nieto. Habla de Miguel Delibes desde lo humano, estructurando el relato en torno a los tres pilares que el propio escritor consideraba esenciales para una novela: hombre, paisaje y pasión. Y todo ello con un objetivo que es claro, el de fomentar la lectura a través de la obra de don Miguel.

Ese mismo impulso fue el que le llevó a escribir un relato que no estaba destinado a las librerías. Nació como un regalo familiar, pensado para los dieciocho nietos del escritor. Sin embargo, gustó a la editorial y ya es una obra.

Cuando se le pregunta qué ha heredado realmente de su abuelo lo tiene claro. “Nos pidió que fuésemos buenas personas, que fuésemos nobles”.

Visita a una leyenda

EL ESPAÑOL Castilla y León visita la Casa Museo Delibes y lo hace de la mano del mejor anfitrión: su nieto. Para un vallisoletano, hacer este reportaje es un honor. La puerta de la Casa Museo Miguel Delibes, en Valladolid, se abre y lo hace de la mejor manera.

Desde hace unos meses, ya no es solo un espacio cultural más en la ciudad, es una casa que contiene memoria y la vida del escritor. Allí tiene lugar la conversación con Germán Delibes, nieto del escritor vallisoletano más famoso, pero sobre todo alguien que no habla del mito, sino de su abuelo.

Más de quince años después de la muerte de Miguel Delibes, Valladolid ha saldado una deuda largamente esperada. Durante años hubo centros culturales, exposiciones, homenajes, pero faltaba lo esencial, ese un lugar físico donde el escritor pudiera seguir “estando”, dice. “Ya hacía falta”, reconoce Germán nada más empezar la entrevista.

La Casa Museo se prometió poco después de la muerte de su abuelo, pero el tiempo, los desacuerdos políticos y también la pandemia, que también golpeó de lleno el año del centenario, fueron retrasando un proyecto que hoy, por fin, es una realidad.

Las estancias son el salón, el despacho y el dormitorio que remiten directamente a la última vivienda de Miguel Delibes, en la céntrica calle Dos de Mayo.

Es lo vivido por la familia. En el salón, Germán recuerda tardes compartidas viendo partidos de fútbol de su Real Valladolid o de tenis. En el despacho, la imagen de su abuelo escribiendo, aunque fuera un territorio casi sagrado donde no se podía molestar. “No era habitual verle escribir”, cuenta, “pero cuando lo recuerdas, lo ves ahí, abstraído”.

La bicicleta, la pesca, la caza (menos de los deseados), los objetos que hablan de sus pasiones están presentes. Para Germán, recorrer la Casa Museo es una experiencia nostálgica. “Son recuerdos bonitos, pero también un poco tristes, porque ya no están”.

Detalles de la Casa Museo de Miguel Delibes

Detalles de la Casa Museo de Miguel Delibes

Cuando se le pregunta qué ve al recorrerla, si al escritor o al abuelo, no lo duda, él ve al abuelo. El escritor vino después. En casa era “un abuelo normal y corriente”, asegura, que, con los años, los nietos comprendieron que era diferente.

Delibes mira la Casa Museo con cariño, pero también con la esperanza de que siga creciendo. Echa en falta, por ejemplo, algunos manuscritos originales que se expusieron en 2020. “Me gustaría ver alguno de esos elementos aquí”, dice, convencido de que el espacio irá completándose poco a poco.

En su libro muestra a un Miguel Delibes distinto al tópico del escritor serio, seco y castellano. Aquí aparece el abuelo bromista, cercano, cariñoso, el que celebraba la Navidad, brindaba con los nietos y se prestaba al “paripé” familiar. Ese Delibes que no aparecía en las entrevistas.

Para construir el relato, Germán partió de sus “experiencias”, pero pronto decidió ampliar con el resto de la familia. Habló con hermanos y primos para recoger visiones distintas. No era lo mismo la visión de los mayores , “yo le disfruté en plenitud”, que la de los pequeños, que conocieron a un abuelo más enfermo y apagado. Entre el primer nieto y el último hay veinticinco años de diferencia, y eso se nota.

“Mi primo Mateo vivió a un abuelo más enfermo, más bajo de ánimo. Nosotros, los mayores, lo vivimos en plenitud, con toda la vida por delante”.

Sedado, el paraíso

En el libro, como en la vida de Delibes, hay lugares fundamentales. Uno de ellos es Sedano, en el norte de Burgos. Allí, en plena naturaleza, Miguel Delibes encontraba su refugio. “Pescaba, cazaba, jugaba al tenis, veía el Tour de Francia en las tardes de julio. Era un abuelo feliz”, afirma.

Germán recuerda cómo pasaban por delante de la cabaña y lo veían escribir a mano, en papel reciclado del Norte de Castilla, completamente abstraído. “Si levantaba la vista, saludaba con una sonrisa… y seguía trabajando”, así era don Miguel.

También hay capítulos dedicados a la relación de los Delibes con el colegio. Miguel Delibes era exigente, sobre todo con sus hijos y algo menos con los nietos.

La familia recibió el libro con ilusión. Pasó el “cribado” de los hijos del escritor y sorprendió por su buena acogida pública. Germán confiesa que le preocupaba el peso del apellido. Estaba claro que el escribir siendo un Delibes iba a implicar ser visto, o en este caso leído, con lupa. Hasta ahora, las críticas han sido positivas.

Cuando se le pregunta qué hubiera pensado su abuelo del libro, reconoce que es “una gran pregunta”. “Supongo que le hubiera gustado, él escribió sobre todos, pero nadie había hablado de él así”.

Miguel Delibes en un momento jocoso junto a Germán y Diana Castilla

Miguel Delibes en un momento jocoso junto a Germán y Diana Castilla Cedida

La tercera pata del legado es educativa. Como decimos, desde 2020, Germán recorre colegios de Castilla y León con el proyecto ‘El otro Delibes’, impulsado junto a la Junta y la Fundación Miguel Delibes. Más de 16.000 escolares han asistido ya a sus charlas.

Algunos alumnos, tras escucharle, buscan Señora de rojo sobre fondo gris. “Otros descubren que Delibes defendió a los pueblos desde el periódico, incluso enfrentándose al régimen. En los pueblos pequeños, esa identificación es aún mayor”, explica.

Germán ha recorrido miles de kilómetros en estos últimos años, una tarea exigente, pero que lleva a cabo con la misma ilusión que el primer día.

Delibes fue un adelantado a su tiempo, siempre lo fue. Habló de la España vaciada, del respeto a la naturaleza, de los peligros que llegarían. Hoy, su mensaje sigue siendo actual y solo hay que analizar lo que está pasando en el campo para saberlo. Germán cree que su abuelo viviría “desbordado” en 2026, asustado por la tecnología y la inteligencia artificial, refugiándose, como siempre, en el campo y los paseos.

“Todo lo de la España vaciada él ya lo estaba contando hace cincuenta años. Era un señor adelantado a su tiempo”, afirma.

Y es que hay que recordar que el vallisoletano lo escribió todo a mano. Posteriormente Pepi se encargaba de pasarlo a máquina. “Mi abuela le regaló una máquina de escribir y creo que la usó dos veces contadas”, recuerda.

Para Germán, la ciudad ya ha saldado su deuda con Miguel Delibes. La Casa Museo, que a buen seguro irá incorporando nuevos elementos con el paso del tiempo, es un digno colofón.