El entonces alcalde de Valladolid, José González Regueral, durante la imposición de la Medalla de Diamantes a Francisco Franco en el Palacio de El Pardo el 31 de enero de 1951 y una imagen del dictador saludando desde la Plaza Mayor vallisoletana, en un montaje de EL ESPAÑOL

El entonces alcalde de Valladolid, José González Regueral, durante la imposición de la Medalla de Diamantes a Francisco Franco en el Palacio de El Pardo el 31 de enero de 1951 y una imagen del dictador saludando desde la Plaza Mayor vallisoletana, en un montaje de EL ESPAÑOL Campúa Archivo Municipal de Valladolid

Valladolid

Franco sigue vivo en Valladolid: conserva la Medalla de Diamantes 75 años después y aún es alcalde honorario

El dictador recibió la máxima distinción de la capital vallisoletana el 31 de enero de 1951 de manos del entonces alcalde, José González Regueral, en un acto solemne celebrado en el Palacio de El Pardo.

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Más de 50 años después de su muerte, el 20 de noviembre de 1975, el dictador Francisco Franco sigue siendo alcalde honorario de Valladolid y conserva la Medalla de Diamantes de la Ciudad. Se trata de dos distinciones que, a pesar de las reivindicaciones de las asociaciones memorialistas, han permanecido en el tiempo, aunque con diferencias: mientras que el título de alcalde honorario nunca llegó a hacerse oficial, a pesar de que se le entregó un pergamino y el bastón de mando, la concesión de la Medalla sí que se encuentra registrada.

El 31 de enero de 1951, hace ahora 75 años, en los salones del Palacio de El Pardo, Franco recibía la Medalla de Diamantes de la Ciudad de Valladolid de manos del entonces alcalde de la capital vallisoletana, José González Regueral. Era un acto solemne cargado de simbolismo: la capital castellana, considerada por el régimen como una de las cunas del golpe de Estado de 1936, rendía homenaje al dictador con la máxima distinción municipal.

Tres cuartos de siglo después, en enero de 2026, esa Medalla permanece registrada en los archivos del Ayuntamiento y, a pesar de no haber documento oficial que lo acredite, también se tiene constancia del título, al menos simbólico, de alcalde honorario concedido a Franco el 24 de septiembre de 1939, pocos meses después de finalizar la Guerra Civil. Ambos reconocimientos sobreviven intactos pese a las demandas de retirada planteadas en las últimas décadas por asociaciones memorialistas.

La "glorificación" de Franco

El catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valladolid, Enrique Berzal, destaca, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, que el título de alcalde honorario por parte del Ayuntamiento de Valladolid, le fue concedido en el contexto del fin de la Guerra Civil y de la máxima exaltación del "personalismo" del dictador, una vez consolidado el mando único del bando sublevado en torno a su persona.

Un reconocimiento que le fue otorgado el 24 de septiembre de 1939, con ocasión de una visita oficial para inaugurar la Exposición Nacional de la Vivienda Rural, la primera tras el final de la contienda, a través de la entrega de un pergamino y del bastón de mando de la ciudad.

"La glorificación de Franco y el culto a la personalidad se consolidan al final de la Guerra Civil y eso tiene su corroboración con el nombramiento por parte de muchos ayuntamientos del dictador como alcalde honorario", comenta, y recuerda que el culto a la personalidad del dictador es algo "característico de todas las dictaduras" y que, en el caso de Franco, se suma "al carisma nacionalcatólico de haber vencido a los republicanos en la Guerra Civil".

Durante aquella visita a la capital vallisoletana, Franco alabó el papel de la ciudad en la sublevación que acababa de alzarse vencedora. "Valladolid, tierra castellana, ha sido por segunda vez escenario de la unidad de la Patria. Fue en Valladolid, en vuestros suelos, en vuestras tierras, de amplios horizontes donde empezó a alborear la unidad española", afirmó.

Además, en aquella ocasión también visitó el Archivo de Simancas y puso una corona de flores en la tumba del fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS), Onésimo Redondo, abatido a tiros por milicianos anarquistas en el municipio segoviano de Labajos al poco de iniciarse la contienda, en julio de 1936.

El "gran benefactor" de Valladolid

La concesión de la Medalla de Diamantes, aprobada por el pleno del Ayuntamiento de Valladolid en marzo de 1950 y otorgada en un acto solemne en el Palacio de El Pardo el 31 de enero de 1951, hace ahora 75 años, de manos del entonces alcalde, José González Regueral, alberga, en cambio, un origen diferente y más vinculado al desarrollo económico y social de la ciudad.

"La Medalla de Diamantes, en el caso de Valladolid, va ligada al hecho de que a Franco se le considera en esa década el gran benefactor de la ciudad en el sentido de ir promoviendo grupos de viviendas oficiales e industrias importantes, como las fábricas de Nicas o Endasa y, posteriormente, la de Fasa-Renault. El progresivo desarrollo industrial de Valladolid se asocia a la figura de Franco, como gran transformador de la ciudad", detalla Berzal.

En concreto, la concesión de este reconocimiento se justificó "como muestra de la incondicional adhesión que la laureada ciudad del alzamiento tenía hacia su persona", según se recoge en las actas municipales de la sesión extraordinaria del pleno celebrado el 27 de febrero de 1950, que aprobó la Medalla. Durante la recepción de la distinción, Franco fue rotundo. "No hay como los sacrificios para unir a los pueblos. Nadie se ha atrevido a roer el duro hueso de nuestra geografía", afirmó.

Un título inexistente

A comienzos del mandato del socialista Óscar Puente al frente de la Alcaldía de Valladolid (2015-2023) se llevaron a cabo diversas iniciativas para eliminar algunos vestigios y reconocimientos franquistas de la ciudad. El catedrático de Historia Contemporánea destaca que las asociaciones memorialistas querían retirar dos reconocimientos con origen franquista: la Cruz Laureada de San Fernando que se concedió a la ciudad por su papel destacado en la sublevación y el título de alcalde honorario al dictador.

"En lo que se refiere a la Cruz Laureada, se declaró nulo el título de concesión, aunque se mantuvo la Laureada en el escudo por temas estéticos, ya que en las vidrieras del Ayuntamiento de 1908 se veían hojas de laurel, pero en cuanto al título de alcalde honorario fue una cosa extraña porque no había ningún nombramiento oficial", subraya.

Berzal hace hincapié en que había un acta del Ayuntamiento en el que se anunciaba que se iba a conceder pero asegura que "el nombramiento oficial como tal no existe" y que, por ello, no se retiró. "Es verdad que se podría hacer un acto simbólico, pero ese título no tenía validez oficial, aunque eso siguió generando protesta entre las asociaciones de memoria histórica que exigían un acto oficial de retirada, porque para ellas sigue siendo alcalde honorario implícitamente", afirma.

En lo que se refiere a la Medalla de Diamantes concedida a Franco, a pesar de alguna protesta por parte de asociaciones memorialistas, según indica este catedrático de Historia Contemporánea, no se ha llevado a cabo ninguna medida de calado para retirarla y sigue estando presente en los archivos del Consistorio vallisoletano.

La retirada en la Diputación

Un caso diferente al del Ayuntamiento de Valladolid es el de la Diputación vallisoletana. La institución provincial retiró en 2017 la Medalla Brillante que le concedió a Franco en 1952, y que le fue entregada durante la visita del dictador a Valladolid en 1959 para inaugurar el barrio del Cuatro de Marzo, en aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

El Ayuntamiento, sin embargo, no ha seguido el mismo camino con sus distinciones. La Medalla de Diamantes de la Ciudad y el título de alcalde honorario siguen presentes, convertidos en vestigios de una época que la legislación actual obliga a contextualizar y, en muchos casos, a eliminar y, en los últimos años, diversas iniciativas han reclamado la revocación de estos honores.

La Ley de Memoria Democrática de 2022 reforzó las obligaciones de las administraciones públicas para retirar elementos que exalten el golpe de Estado, la dictadura o la represión. En Valladolid, colectivos memorialistas han presentado mociones y escritos al Consistorio, argumentando que mantener estos títulos vulnera el espíritu de la norma. Hasta la fecha, el Ayuntamiento no ha procedido a su anulación formal.

Cinco décadas sin Franco

El 75 aniversario de la Medalla de Diamantes concedida a Franco en Valladolid llega en un contexto de conmemoraciones nacionales. España celebra los 50 años desde la muerte de Franco y el inicio de la Transición, con actos institucionales que subrayan la consolidación democrática. En paralelo, persisten debates sobre los vestigios del pasado en el espacio público.

La ciudad del Pisuerga no es la única que arrastra honores franquistas. En varias provincias españolas subsisten calles, placas o distinciones que la legislación obliga a revisar.

Tres cuartos de siglo después de aquella entrega en El Pardo, la Medalla de Diamantes y el bastón de alcalde honorario siguen siendo parte de la memoria de Valladolid. Representan un capítulo cerrado para la mayoría, pero aún abierto para quienes consideran que la democracia exige borrar los últimos rastros de exaltación dictatorial. Mientras el calendario avanza hacia nuevas efemérides democráticas, estos reconocimientos de 1939 y 1951 continúan resistiendo en silencio, como reliquias de un tiempo pasado.