Alvar Hinojal Crespo tocó el cielo este martes tras conseguir la primera estrella Michelin para su restaurante, el Alquimia-Laboratorio, y sumar una más al elenco que atesora la provincia de Valladolid, que llega hasta las seis.

Nacido en Guardo (Palencia) y a sus 39 años, el palentino abrió su establecimiento hostelero en noviembre de 2018. Es un amante de disfrutar con sus amigos y le gusta el fútbol, pero lo que más, como no podía ser de otra forma, es cocinar.

EL ESPAÑOL de Castilla y León charla con el regente del restaurante pucelano escasas horas después de conseguir una estrella que le aúpa al cielo.

P.- ¿Cómo acogió eso de conseguir la sexta estrella Michelin para la provincia de Valladolid?

R.- Lo acogí con mucha emoción. Estoy abrumado y muy sorprendido. Esas son las tres palabras que definen mi estado ahora mismo.

P.- ¿Se lo esperaba? Las quinielas apuntaban a ello.

R.- Al final siempre estás en las quinielas, por palabras de los compañeros. La vida me ha dado muchos palos y hasta que no apareciera mi nombre no me lo quería creer. Si te invitan a una gala, no va a ser para pagarla. Cuando acabas viendo el nombre del restaurante disfrutas mucho de ello.

P.- ¿Qué supone para usted conseguir el galardón?

R.- Supone conseguir un sueño. Cuando uno entra en la cocina siempre sueña con conseguir una Estrella Michelin. Cumples un sueño y es una recompensa al trabajo duro del equipo. Todos nos hemos dejado la piel. A mi equipo le decía que, tras el reconocimiento de nuestros clientes, tocaba que nos dieran una palmadita en la espalda para que quedara certificado que estamos haciendo las cosas bien, como ha ocurrido este martes.

P.- ¿Y para el restaurante?

R.- Es una inyección de moral para todo el que forma parte del equipo. Tras conocerse la noticia de la estrella, desde las 22.30 a las 2 de la mañana, recibimos 67 reservas. Es un empujón muy grande para un restaurante pequeño que se esfuerza, cada día, por hacer las cosas bien. No debemos perder a nuestro cliente. La calidad y calidez que les demostramos cada día.

Restaurante Alquimia

P.- ¿En quién fue en la primera persona en la que pensó cuando se llevó el galardón?

R.- Hay varias. Una, en mi mujer. También en mi hijo. He sido padre hace dos meses. Podríamos decir que “viene con un pan bajo el brazo”. En este caso lo hace con una estrella. En resumen, en la familia y en el equipo. La familia te sufre, el equipo te aguanta y mi mujer me apoya en todo, sobre todo cuando vienen mal dadas.

P.- Alquimia abre sus puertas en Valladolid en 2018. ¿Cómo han sido estos años y de donde viene el nombre?

R.- Abrimos en noviembre de 2018. Fue un traspaso. Antes estaba la Hamburguesería Yovilant. Hemos pasado rachas. Desde 2018 hasta 2020 nos iba bien. El crecimiento era bueno hasta que llegó la pandemia. Nos tocó sufrir, como a todos, con el cierre, las restricciones y demás. Después nos costó volver a arrancar, pero aquí estamos.   En cuanto al nombre, lo llamamos Alquimia porque nos gusta la cocina molecular. Dar toques, pero sin rizar el rizo, sin hacer espumas…buscamos la sorpresa en la boca.

P.- ¿Cómo definiría la cocina del Alquimia?

R.- Tratamos de fusionar los sabores del mundo. Nos gusta que nuestros clientes tengan el gusto por el guiso de la abuela, a fuego lento y le damos un toque exótico de sabores de distintas partes del mundo, siempre confiando en el producto de cercanía.

Maiz con aguacate y mole, uno de los platos de Alquimia

P.- ¿Cuándo comienza a cocinar?

R.- Yo no tenía el sueño de cocinar. Trabajaba en un taller de metal en Guardo, en la provincia de Palencia. La cocina me gustaba y con 18 años le dije a mi padre que soldar y montar ventanas no me convencía del todo. Que los hierros no eran lo mío. Me fui a estudiar un Grado Medio de cocina al Instituto Virgen de la Calle de Palencia. Estuve trabajando también en el Hotel Real de Guardo. Estaría dos años, hasta que cerró. Después abrí otro en Velilla del Río Carrión que se mantuvo durante cuatro años y antes de la crisis del 2008, cerramos. Me tomé un año sabático y llegué a Valladolid en el año 2009. Estuve en el Suite 22 otros cinco años. Pasé por Arzuaga y después pensé que era el momento de apostar por un proyecto propio. Junto a dos amigos, abrimos Alquimia.

P.- ¿Cómo recuerda esos años trabajando con su padre?

R.- Con sensaciones cruzadas. Me gustaba, pero me aburría. Al final eres joven y rebelde. No piensas tanto con la cabeza, piensas más en otras cosas. Lo recuerdo con cariño y como una etapa más y la vida es eso, cerrar etapas.

P.- ¿Qué es para usted la cocina?

R.- La cocina, para mí y para todo el mundo es un modo de vida. Vives al contrario de todo el mundo. Cuando tú trabajas, los clientes se divierten. Cuando descansas, los demás trabajan. Es complicado de compaginar con el día a día y más con pareja.

P.- ¿Qué retos se marca y cómo ve el futuro?

R.- El reto pasa por no estrellarnos tras salir de la pandemia. Deseo que por fin funcionen las cosas. Contar con un equipo estable, como el que tenemos y seguir haciendo las cosas bien.

 

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