Once amigos de Urraca Miguel han decidido desnudarse para recaudar fondos para actividades culturales y festivas, al tiempo que lanzan una reivindicación.

Once amigos de Urraca Miguel han decidido desnudarse para recaudar fondos para actividades culturales y festivas, al tiempo que lanzan una reivindicación. Cedidas

Ávila

El pueblo que no quiere ser barrio de Ávila se reivindica con un calendario de desnudos cincuentones: "Es un orgullo"

Once amigos de Urraca Miguel han decidido desnudarse para recaudar fondos para actividades culturales y festivas, al tiempo que lanzan una reivindicación.

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En Urraca Miguel, a apenas 14 kilómetros de Ávila capital, no se siente sensación de barrio. Lo suyo es el orgullo de pueblo. Lo fue hace muchos años, pero por cuestiones burocráticas pasó a ser un barrio más de la ciudad abulense, y eso no gusta.

Por este motivo, once amigos han decidido desnudarse. Y lo han hecho literalmente por su pueblo, que así es como ellos insisten en llamarlo, “pueblo”, aunque administrativamente sea un barrio anexionado a la ciudad desde ya hace décadas.

José Antonio, Carlos ‘Talibán’, René, José María Ferrero —Ferre para todo el mundo—, Miguel, Rober, Fernando, Pedro Luis, Daniel, Caciano y Raúl. Todos rondando la cincuentena y todos amigos. Son los protagonistas de un calendario solidario con el que buscan recaudar fondos para actividades culturales y festivas, al tiempo que lanzan una reivindicación: “pagamos los mismos impuestos que cualquier abulense, pero no recibimos los mismos servicios”.

La idea nació en verano, entre bromas y conversaciones de cañas. “Tenemos menos cultura, menos actividades, menos presupuesto… y al final alguien soltó la frase mágica, “no hay huevos”, recuerda Ferre entre risas a EL ESPAÑOL Castilla y León.

Todos ellos son amigos que siguen yendo cada fin de semana a Urraca Miguel, que ajustan sus vacaciones para estar allí en verano, que mantienen viva la semana cultural para que los chavales convivan y que llevan años intentando “hacer piña” para mejorar la vida social del barrio.

Un incendio

La sesión fotográfica no fue sencilla y estuvo llena de anécdotas para contar. El día previsto, el 15 de agosto, un incendio obligó a evacuar el pueblo. Hubo que aplazarlo quince días. Finalmente, a finales de agosto, un amigo del grupo, aficionado a la fotografía, se puso detrás de la cámara.

Las localizaciones que se pueden ver en el mediático calendario no son casuales: la fragua, el potro, la noria, la fuente de agua natural, el parque. Rincones que hablan de la historia del lugar y de oficios y costumbres que, como dice Ferre, “las generaciones de ahora no conocen si no se las explicas: la matanza, el esquileo, las herraduras, las vacas de tiro, etc”.

Durante las fotos, las hijas y los chavales del pueblo miraban de reojo, entre risas y cotilleo, mientras ellos corrían de un sitio a otro tapándose con mantas. Desgraciadamente no hay making of.

El nombre con el que se presentan lo dice todo: 'Cuerpos Escombros'. “Somos cincuentones, con tripita, sin tableta de chocolate. Esa liga es para bomberos y policías”, bromea Ferre. Un calendario hecho sin gimnasio, pero con mucha naturalidad.

Al extranjero

La repercusión superó cualquier expectativa. Han salido en televisiones nacionales, en radios, en medios de toda España. Han vendido 300 calendarios, cuando pensaban que con 100 estaría más que bien. Tanto, que han tenido que hacer una segunda tirada.

Los calendarios han viajado a Holanda, Suiza, Alemania, Canarias, Baleares… y siguen saliendo pedidos. “Ayer mismo, después de una entrevista en Castilla y León, un señor de Valladolid llamó para pedir uno”, cuenta Ferre.

Incluso la fama también se nota en el día a día. “La pasada semana en un supermercado de Ávila, en vez de llamarme Ferre me dijeron: “hasta luego, Abril”, recuerda. Otros compañeros han sido reconocidos en Madrid o en casas de familiares.

El dinero recaudado se destinará a actividades culturales, mejoras para el barrio y a seguir fomentando la convivencia. No es algo puntual, ya que en este pueblo, como a ellos les gusta decir, se siguen haciendo comidas populares de 50 o 70 personas, colaboraciones con asociaciones sociales, fiestas tradicionales como la “noche de golfa” para despedir el verano. “Así el pueblo se mantiene unido”, explica.

Y también con una reivindicación de fondo. Urraca Miguel fue anexionado a Ávila cuando la ciudad necesitaba superar los 50.000 habitantes para recibir más financiación estatal. Décadas después, muchos vecinos sienten que aquella decisión no les benefició.

“Estamos orgullosos de ser pueblo”, insiste Ferre, “pero queremos los mismos servicios que pagamos”.

Por ahora, paran. Quedan pocos calendarios y no quieren convertirlo en algo desmedido. Pero la puerta está abierta para nuevas actividades tan originales. “Tenemos intención de hacer otra cosa diferente. Puede ser calendario u otra iniciativa, pero vamos a seguir”, adelanta Ferre.