En la noche electoral de Aragón el candidato popular Jorge Azcón, en demasía exultante, intentó maquillar su ‘amarga victoria’ con la frasecita ‘Tic, tac, el sanchismo se acaba’. Afirmación en exceso altisonante. El Partido Popular no está sobrado de méritos ni estrategia para poner fin al ciclo del gobierno de socialistas y comunistas en España, sin el concurso de Vox. Que el sanchismo se apaga como una pavesa es una evidencia. Aunque Sánchez resistirá cual Numancia hasta las elecciones generales de 2027. Incluso a costa de llevarse a España por delante.

El Partido Popular está más ‘parado que el ferrocarril de La Robla’. Los recientes test con ‘fuego real’ en Extremadura y Aragón lo confirman. El siguiente salto en la carrera de obstáculos de Feijoó hacia Moncloa, serán las elecciones autonómicas en Castilla y León.

No es por ser gafe respecto de lo que pueda suceder cuando se abran las urnas en Castilla y León, pero como asegura el refranero: ‘Ves Sevilla, ves tu villa’. El Partido Popular no estira, es un zapato encogido que precisa pasar por la horma del zapatero, o sea un cambio total en los mensajes que no calan en su electorado que migra a Vox.

Los populares mantienen una posición de ventaja como primera fuerza política en los territorios en los cuales se han celebrado comicios autonómicos, pero eso no garantiza lograr en solitario el gobierno de España. En ese futuro poco aportarán a los de Feijoó el País Vasco y Cataluña, pues hace tiempo que su posición en estas comunidades es sencillamente liliputiense.

Los ‘estrategas’ que ocupan los despachos de Génova carecen de la suficiente ingeniosidad – cítese el pecado, pero no los ‘pecadores’ - para conducir a su líder Núñez Feijoó a Moncloa. Cuando prima exhibir lealtades para no ‘caerse’ de las listas electorales o de las prebendas, la frase más socorrida es la de ‘Ángel sí señor’.

Fernández Mañueco ha esbozado gestos positivos en la composición de las candidaturas a procuradores en las Cortes de Castilla y León. Muchos votantes populares están ahítos de votar con la pinza en la nariz a esas ‘vacas sagradas’ que ya lo han sido todo y están más vistos que las aventuras de ‘El Capitán Trueno’. Los brotes verdes de Mañueco deberían tener algún reflejo positivo en las urnas.

Pero el PP de Castilla y León no debe embriagarse de éxito al creer a pies juntillas un triunfo por adelantado. Los populares no deben adormecerse en la ficción. Las elecciones autonómicas no son una película del ‘Festival Pucela Fantástica’.

Sánchez se cree pontificalmente infalible. Su aura de estratega es solo vaho. Por la olla a presión del sanchismo sale desaforado el vapor y silba peligroso. El socialismo se está abrasando en el perolo y de los destinos de ese PSOE sanchista no se va a poder aprovechar ni el ‘socarrat’.

El presidente socialista se ha jactado internacionalmente que su figura era el muro de contención de la ultraderecha de Abascal. Es otra patraña. Sánchez no es barrera de Vox, sino su impulsor como la levadura del pan nuestro de cada día. El Partido Popular no medra, o crece poco. El caballo que entrará en la Troya socialista se sustentará en las ruedas de Abascal. Sin Vox no ‘caerá’ el fortín de Moncloa.

Sánchez está abocado a una derrota electoral casi segura -afirmación con toda cautela, pues nadie puede ser augur del futuro- si se mantienen las tendencias actuales del voto, en Extremadura y Aragón ya confirmadas. El PP en soledad no alcanzará mayoría absoluta alguna en unos comicios generales.

Es Vox el que ensancha el ‘bloque’ de las derechas y no el Partido Popular. Sánchez acaba de agrandar a Vox en la cita de Aragón, con esa oportunista naturalización de inmigrantes irregulares y con la ‘Ley de nietos’ de los exiliados de la II República. PP y Vox son una pareja mal avenida, pero si no se hacen una carantoña con candoroso beso en la mejilla, Sánchez no saldrá de Moncloa. El presidente cree que su sillón está bien amarrado a la solera monclovita. Mentira podrida, la soldadura es de calamina como las del AVE Madrid-Málaga.