Este miércoles 26 de agosto, Amar es para siempre ponía el punto y final a una de las historias que más pasión ha levantado entre los seguidores: el romance entre Luisita y Amelia, los personajes interpretados por Paula Usero y Carol Rovira. Una pareja que dio paso al fenómeno de Luimelia, hasta el punto de tener su propia serie, la cual mañana estrena el tercer capítulo de su segunda temporada en ATRESplayer PREMIUM.

En la televisión, generalmente, las series han mostrado más personajes gays que lésbicos, y durante años, sus tramas se ambientaban en la aceptación personal, el rechazo de la familia o problemas de todo tipo vinculados a la homofobia.

Poco a poco, por fortuna, los personajes LGTBIQ+ se han abierto paso con fuerza en las ficciones, y han roto estereotipos. Por ejemplo, en Malaka, la Tota (Laura Baena Torres), la jefa de un clan de narcotraficantes, disfrutaba con la compañía de muchachas jóvenes y rubias, y Señoras del (h)AMPA nos mostró a Arturo, un policía gay, padre de una niña junto a su marido. Personajes cuya identidad no marcaban su personalidad, pues para ellos lo importante es vender droga o cazar a los criminales, según cada cual.

Al tratarse de una serie ambientada hace medio siglo, en Amar es para siempre la historia de amor de Luisita y Amelia la orientación sexual sí era un conflicto en sí mismo. No olvidemos que entonces en España había una dictadura en la que ser homosexual era algo que estaba perseguido; de hecho, Luisita ha pasado alguna noche en el calabozo por relaciones indebidas.

"Tú problema es que piensas que tu hija no es normal y que mi amor por Amelia es antinatural"

Por ello, dos personajes lésbicos que viviesen su amor con naturalidad habría sido algo muy poco creíble, y en cierto modo, una injusticia para la memoria de todos aquellos que sufrieron por su condición, que fueron detenidos o encarcelados por la ley de vagos y maleantes. 

Luisita tuvo que hacer comprender a sus padres que ama a una mujer, y que no debería ser esto ningún trauma para nadie. “Tu problema es que, desgraciadamente, piensas como toda esa gente que opina que tu hija no es normal y que mi amor por Amelia es antinatural” llegaba a decirle a su padre, Marcelino (Manuel Baqueiro), en un episodio. Pero se lo decía también al público, a la audiencia. Que el problema no lo tiene el homosexual como ella, sino el homófobo, el que mira mal al de al lado.

'Luimelia'

Un mensaje de tolerancia a un público más maduro

Muchas veces se ha hablado de cómo es necesario que los jóvenes LGTBIQ+ tengan referentes en series de ficción. Pero, pocas veces se destaca cómo también hace falta trasladar ese mensaje de tolerancia y de igualdad a las personas más mayores.

En el caso de Amar es para siempre, el perfil de su público supera los 55 años, y aumenta a partir de los 65. Y Luisita y Amelia habrá ayudado a más de uno a ver desde otro prisma la homosexualidad y la homofobia, ensalzando la libertad de cada cual para amar a quien desee.

Ha normalizado que dos chicas jóvenes se quieran, que se besen a las cuatro de la tarde por televisión, en privado y hasta en la plaza del barrio. Que son un ejemplo de esas mujeres que hace décadas vivían juntas y se hacían llamar amigas cuando eran algo más, algo a lo que no se le podía poner nombre en voz alta, pero que ya, por suerte, sí. Que nos recuerda que hasta hace no tantos años los homosexuales tenían restringidos derechos tan elementales como el matrimonio, pues solo se podían casar con personas del sexo opuesto, no con quien les diese la gana.

En su adiós, recordaron a la audiencia que nunca es tarde para ser uno mismo

En su último capítulo, Luisita y Amelia hicieron las maletas para marcharse a Manchester, y se despidieron en la intimidad de la familia y poco más. En ese adiós, Marcelino le dijo a su hija que lo más importante que ha aprendido es “que hay muchas formas de amar”. Un aprendizaje que seguro que también han tenido muchos espectadores de corte más conservador, y que gracias a estos personajes verán la vida de otra forma. Y para que no nos olvidásemos que muchos homosexuales no tienen un camino de rosas, la madre de la propia Luisita señalaba que lo que le costó entender más su relación.

El capítulo finalizó con una reflexión sobre todas las mujeres que no tienen valor para dar un paso adelante para asumir su orientación sexual, el hecho de amar a alguien de su mismo género. A ellas “les diría que pelearan, que siguieran adelante. Porque incluso lo más duro merece la pena. Porque el amor, aunque se salte lo establecido, puede con todo. Porque nuestra historia de amor es prueba viva de todo esto. Porque amar, si es de verdad, es para siempre”, decían en una carta.

Una carta en realidad abierta a todas esas espectadoras (la ven más mujeres que hombres) que no han conseguido vivir su vida como querían, por miedo al qué dirán, por no tener ganas de ser señaladas como diferentes. Pero Luisita y Amelia nos han dicho que que nunca es tarde para ser uno mismo, ni para ser visible. Un mensaje que, sin duda, no caerá en saco roto.