El verano se ha alargado más de lo normal, pero las temperaturas empieza a bajar. Con el cambio de tiempo, llega el cambio en las recetas.
Los guisos y los caldos son los protagonistas de las mesas españolas en otoño. La sopa de ajo, podría ser sin duda, la reina de la temporada.
Las sopas de ajo son uno de esos clásicos de la cocina tradicional que demuestran que no hace falta gastar mucho para comer bien.
Arantxa, cocinera y toresana, ha compartido en sus redes sociales su particular receta de este plato tan ligado a la gastronomía castellana.
Su propuesta parte de ingredientes básicos, como el pan duro, los ajos y el pimentón, pero incorpora un detalle que marca la diferencia: sustituir parte del agua por caldo de cocido para conseguir unas sopas más sabrosas.
Sopa de ajo
"Vamos con una receta tradicional de mi tierra, Zamora", anuncia al presentar su elaboración. Y lo hace con el tono desenfadado que caracteriza sus vídeos, en los que reivindica los platos de toda la vida frente a otras opciones más modernas.
Es cierto que la sopa de ajo no es única de Castilla, en Aragón también contamos con esa receta tradicional añadiendole huevo y picatostes. La gastronomía española tiene una base común y luego cada comunidad la adapta.
La receta de Arantza comienza con una buena cantidad de ajos.
En concreto, entre 11 y 13 dientes, dependiendo de su tamaño. La cocinera aprovecha para lanzar una de sus bromas: "Y en Toro, señores, el tamaño sí nos importa".
El siguiente ingrediente imprescindible es el pan duro.
Puede ser de candeal o el que haya quedado en casa, siempre que esté suficientemente seco para aprovecharlo en esta elaboración. Arantxa recomienda cortarlo en rebanadas finas, casi como si se tratara de jamón ibérico.
La grasa elegida también tiene su importancia. En lugar de utilizar directamente aceite de oliva, la cocinera apuesta por la manteca de cerdo, que relaciona con las despensas de antaño.
Según explica, en aquellas tierras el aceite de oliva era un lujo, por lo que la manteca era una alternativa habitual.
Una vez caliente, se incorporan los ajos laminados y se dejan cocinar hasta que empiecen a dorarse y desprendan su aroma. Después llega el turno del pimentón picante, que debe añadirse con cuidado para evitar que se queme y amargue el resultado.
A continuación, se incorpora el pan y se remueve para que absorba los sabores antes de añadir el líquido.
Aquí aparece el detalle que distingue la versión de Arantxa de la elaboración más sencilla: aunque tradicionalmente las sopas de ajo se preparaban con agua, ella sigue la receta de su madre y utiliza un litro de caldo de cocido y otro litro de agua. "Una madre sabe lo que hace", comenta.
El conjunto se deja cocinar a fuego medio-suave durante unos 15-20 minutos, hasta que el pan se ablande y la mezcla adquiera una consistencia cremosa. La textura final depende del gusto de cada uno: se puede dejar más caldosa o permitir que el pan absorba una mayor cantidad de líquido.
Para terminar, Arantxa propone añadir dos huevos, aunque este paso es opcional. Basta con incorporarlos al final y remover para que se integren y cuajen con el calor de la preparación.
"Esto es de estrella Michelin", sentencia mientras remueve el caldo.
Receta paso a paso
Ingredientes
Ingredientes
- 135 g de pan duro
- 11–13 dientes de ajo, según tamaño
- 100 g de manteca de cerdo o aceite de oliva
- 1 litro de caldo de cocido y 1 litro de agua
- 2 cucharaditas de sal
- 1 cucharada sopera de pimentón, unos 15 g
- 2 huevos, opcional
Paso 1
Corta el pan en rebanadas finas o en trozos pequeños.
Paso 2
Calienta la manteca o el aceite y añade los ajos. Cocina a fuego medio hasta que empiecen a dorarse y suelten todo su aroma.
Paso 3
Baja el fuego, añade el pimentón y remueve unos segundos. Incorpora el pan y cocina un par de minutos para que coja bien el sabor.
Paso 4
Añade el caldo, el agua y la sal. Cocina 15–20 minutos a fuego medio-suave, dejando que haga chup-chup, hasta que tenga la textura que más te guste. Puedes dejarla más caldosa o más seca.
Paso 5
Apaga el fuego y, si quieres, añade los huevos. Remueve para que se integren y cuajen con el propio calor.
Paso 6
Sirve bien caliente y disfruta.
Las sopas de ajo son solo uno de los muchos platos de cuchara que forman parte de la cocina tradicional española.
Durante generaciones, las distintas regiones han aprovechado el pan del día anterior, las verduras, las legumbres y los productos de la matanza para preparar caldos nutritivos con los ingredientes que tenían a mano.
Cada territorio ha desarrollado sus propias recetas, muchas de ellas especialmente apetecibles cuando llega el frío.
En Galicia, el caldo gallego es uno de los grandes protagonistas de la cocina de invierno. Se prepara con grelos, nabizas o berza, patatas, alubias blancas y unto, una grasa de cerdo que aporta sabor.
Según la receta, también puede llevar chorizo, lacón o panceta. Es un plato contundente que se sirve bien caliente y que cambia según los ingredientes disponibles en cada casa.
En Castilla y León, la sopa castellana comparte con las sopas de ajo varios de sus ingredientes principales: pan duro, ajo y pimentón. En la versión recogida por la Diputación de Burgos se añaden también jamón, caldo, huevo, chorizo y morcilla.
En Cataluña, la escudella i carn d'olla es una elaboración tradicional que combina caldo, pasta y un surtido de carnes, legumbres y verduras.
En su presentación clásica, primero se sirve la escudella, una sopa que puede llevar galets, una pasta de gran tamaño, y después se presentan las carnes y el resto de ingredientes cocidos.
En Madrid, el cocido madrileño es otro de los grandes clásicos de la cocina de cuchara. Se prepara con garbanzos, carnes, embutidos y verduras que se cuecen lentamente.
Una de sus particularidades es que suele servirse en tres vuelcos: primero la sopa elaborada con el caldo, después los garbanzos y las verduras y, por último, las carnes. Una receta contundente que ha pasado de las mesas populares a convertirse en uno de los platos más representativos de la gastronomía madrileña.
