Hay historias que comienzan con una tradición perdida y el recuerdo de las generaciones más jóvenes. Es el caso de Juan José Camacho Menés, sastre de 84 años ya jubilado.
Camacho fue uno de los primeros de su oficio en hacerse un nombre en Zaragoza. El recuerdo de su historia lo revive Begoña, hija menor y actual dueña de Camacho Sastrería desde 2007.
Aunque todo empezó mucho antes, en 1962. En aquel entonces Camacho trabajaba para otro sastre en Caspe, con quien viajaba por los pueblos de la zona.
En aquel momento fue cuando comenzó a poner en práctica todo lo que había aprendido a sus 20 años, cuando empezó a estudiar Corte y Confección en Barcelona. Lo hizo por decisión de su padre, quien también fue sastre.
"A mi abuelo le costó su sacrificio, por aquel entonces no era muy normal poder permitirse este tipo de estudios. No digamos ya lejos de casa. Lo mandó a casa de un primo, que vivía en la capital catalana", rememora Begoña.
No solo le venía el oficio de padre. "Mi abuela era modista y daba clases de costura. Mi padre, que es el hermano pequeño fue quien aprendió de ellos", afirma la costurera.
Juan José Camacho Menés, en la sastrería.
En 1970 llegó a Zaragoza y montó su propio taller en su propio domicilio de avenida de Tenor Fleta, 56. "Le ayudaban sus hermanas y las de mi madre. Trabajaban a lo bestia", asegura la actual dueña de Camacho sastrería.
Tanto fue su éxito que, dos años después, se estableció en el local número 62 de la misma calle y no volvió a pasar mucho tiempo que "decidieron ampliar el local".
"Durante esa época mi padre también hacía desfiles. Se lo llevaban incluso de cruceros, que en esos tiempos era algo histórico para alguien que estaba empezando. También salía en muchos anuncios, tanto en la radio como en la tele", recuerda Begoña.
En la sastrería se hacía todo "hecho a mano, no había máquinas en aquellos años". La mujer recuerda, pese a ser muy pequeña, que su padre tenía "unos diez trabajadores" y que elaboraban "unos diez trajes de hombre en una semana".
Tan reconocido era Camacho que raro era el día en el que "no había cola para entrar a la tienda". También eran muy populares por su arte confeccionado trajes de novio. De hecho, Begoña relata que son varias las generaciones a las que han vestido.
"Hace unos meses vino un hombre que nos contó que le habíamos hecho el diseño de ceremonia a su abuelo", asegura la costurera.
La revolución textil
Pero el paso de los años y la revolución textil comenzaron a cambiarlo todo poco a poco.
"Mi padre no quiso crecer más, sino que se quedó en el barrio. Aparecieron tiendas como El Corte Inglés y recuerdo que yo me compraba los abrigos ahí porque eran más modernos, pero él me los arreglaba y lo convertía en una prenda de alta costura", explica.
Begoña, a diferencia de sus hermanos, se apasionó por el mundo de la costura y acabó trabajando junto a Camacho en la sastrería. "Al principio hacíamos las dos cosas, tanto como crear las vestimentas como confeccionarlas. Desde que se fue mi padre no hemos encontrado a nadie. Es un trabajo muy sacrificado, hacerlo a mano cuesta muchísimo tiempo", añade.
Imágenes de la sastrería, en sus inicios.
En 2007 Camacho decidió jubilarse. Begoña cogió las riendas de la sastrería, que ahora se dedica solo a "arreglos y confección".
Eso sí, el recuerdo del éxito de su padre sigue muy presente en el local y el barrio. "Mi padre fue uno de los primeros grandes sastres de Zaragoza", concluye.
