Sandy, en su tienda de El Caracol.

Sandy, en su tienda de El Caracol. E.E

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Sandy, colombiana con más de 20 años en Zaragoza: "Invertí 17.000 euros en un local y luego no pude utilizarlo"

La emprendedora tiene una tienda de vestidos de quinceañera en paseo Independencia.

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Zaragoza
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Todo aquel que tenga un amigo latinoamericano conoce la tradición 'de los 15'. En España la puesta de largo suele ser a los 18, y la fiesta no pasa de ir a alguna discoteca en la que te pidan el DNI; sin embargo, en el continente americano la gran fiesta es la de las 'quinceañeras'.

Un gran local de eventos, vestido de princesa, baile con todos los hombres de la familia y cambio de zapato del plano al tacón.

Muchas familias colombianas, venezolanas o dominicanas, han emigrado a España en busca de oportunidades, pero no renuncian a que sus hijas puedan celebrar esta bonita tradición. En Zaragoza es posible desde hace años gracias a Sandy.

Esta colombiana llegó a España hace más de dos décadas, con 28 años y el corazón lleno de coraje.

Su primer destino fue Castellón de la Plana, donde llegó sola el 1 de junio de 1999. Gracias a la acogida de unas amigas, pudo empezar a adaptarse al país.

Con experiencia como diseñadora y empresaria en Colombia, Sandy sabía que su camino no sería fácil pero mantenía la ilusión de montar aquí su propio negocio.

Empezó trabajando para otros, primero en arreglos textiles e incluso en un taller de coches. Pero su verdadera pasión seguía siendo la moda. Tras un año de aprendizaje, dio el salto al emprendimiento: abrió su primera tienda de arreglos en Zaragoza.

Sandy con el traje regional de Colombia.

Sandy con el traje regional de Colombia. Cedida.

"Conocí Zaragoza en unas fiestas del Pilar que me invitó una amiga, me encantó y vi que había muchas posibilidades en esta ciudad", relata Sandy a El Español.

"Siempre he sido autónoma; trabajar para alguien era solo un paso para regularizar mis papeles y aprender cómo funciona aquí todo el sistema para después poder vivir de lo mío", explica.

En 2004, Sandy innovó en Zaragoza introduciendo la tradición latina de los quince. "Fui pionera aquí en activar esto. Me encanta ver cómo las niñas y sus familias disfrutan de esta celebración". Con diseños propios y un enfoque artesanal, su tienda en el Centro Comercial El Caracol se consolidó como referente en confección a medida y alquiler de vestidos de quinceañera.

No obstante, emprender en España no ha sido sencillo. "Yo vine con mis ahorros y quería comenzar mi negocio", comienza su relato.

En Castellón todo el tema de eventos se movía en grandes locales a las afueras, "y al venirme a Zaragoza busqué en un polígono y encontré una nave grande. Invertí unos 17.000 euros en la reforma y dejarlo todo listo, pero por normativa no se podían celebrar este tipo de fiestas en el polígono... fue un golpe muy duro".

Así, a base de prueba y error, levantándose tras cada caída, Sandy consiguió poner en marcha su tienda de quinceañeras y darse a conocer.

Sandy con dos clientas con sus vestidos de quinceañeras.

Sandy con dos clientas con sus vestidos de quinceañeras. Cedida.

"Mi forma de ser entra muy bien a la gente, tengo mucha paciencia y he trabajado mucho cara al público", reconoce. Cuando un cliente recibe una buena atención y sale contento es fácil que recomiende el servicio, y en este tipo de negocios, el boca a boca es crucial.

"De hecho tuve dos tiendas, pero las clientas decían 'me espero a que venga Sandy', y tuve que cerrar una porque no podía estar en las dos al mismo tiempo y no quería quedarme hasta las once de la noche todos los días...", reconoce.

"La verdad que la gente me hizo quedarme. Porque al comienzo, el ser emprendedora es muy duro también, por los impuestos y demás. Pero nada, en cuanto me metí al piso fue como mi estanca aquí, y dije ya no me voy".

Ahora, entre alquileres, impuestos y la hipoteca, Sandy confiesa que la mitad de lo que gana se va en gastos: "Te cuesta mucho. Hay gente que tiene que cerrar sus locales porque están ahogados de impuestos", critica.

El sector textil además no es fácil. Grandes marcas venden muy barato y hacen grandes rebajas: "Igual me viene una chica para coger el bajo de un pantalón que le ha costado 10 euros, y claro yo el arreglo lo cobro a 8, y me dicen que no les renta. Pero es que no puedo bajar precios, sino es que no llego", explica.

Aun así, su espíritu resiliente la mantiene en pie: "Mi forma de ser entra a la gente. Me buscan mucho por mi amabilidad. Aunque he tenido que cerrar una tienda, la otra me la hizo conservar la clientela, que no quería perderme. Además tengo suerte con el alquiler, ahora en esta zona por menos de 600 o 700 euros no encuentras nada".

La ciudad de Zaragoza se ganó su corazón desde la primera visita. "Vine a los Pilares y me encantó. Ahora pertenezco a asociaciones, salgo vestida en carnavales, y siempre colaboro en todo lo que haya para hacer por la gente", asegura orgullosa.

Su implicación en la comunidad se canaliza muchas veces por la Asociación Latinoamericana para la Integración (ASOLAINT). La entidad ofrece orientación laboral, información de consulados, del propio Ayuntamiento, de empresarios y familias que buscan trabajadores.