Lola Ranera, portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Zaragoza.
Zaragoza está sucia. Cualquier persona que camine por las calles de nuestros barrios puede constatar esta realidad. Algo que, al parecer, no hace Natalia Chueca, que tampoco escucha a los zaragozanos.
Y es que hay una Zaragoza, la que nos enseña Chueca en su Instagram, que brilla y resplandece, pero hay otra, la Zaragoza que los ciudadanos viven cada día, la que está en nuestras calles, en nuestras plazas, en nuestros parques y en nuestros barrios, que no tiene nada que ver.
Zaragoza necesita quien la cuide, quien se preocupe por ella. Desde el problema más grande al más pequeño. Desde la falta de vivienda asequible, las dificultades de una ciudad que cada vez tiene más asfalto y menos árboles, el deficiente transporte público o el caos de movilidad al que nos somete Chueca. Todo importa.
Los zaragozanos ven cómo cada año el Gobierno del PP sube el precio del transporte público. Cada año, Chueca sube el coste de la factura del agua y las basuras. Y mientras tanto, la ciudad tiene un problema endémico: la suciedad.
La alcaldesa de Zaragoza presume de campañas y de refuerzos de limpieza, pero la Zaragoza real dice otra cosa. Los vecinos comunicaron el año pasado en el servicio municipal 7.473 quejas sobre limpieza.
Es una realidad. Una realidad que no se puede esconder y que Chueca no ve. Manchas en las aceras durante días, excrementos, alcorques descuidados, contenedores y papeleras desbordados de basura, malos olores y suciedad acumulada… y, en algunos casos, hasta ratas que campan a sus anchas.
No es algo que diga el PSOE. No lo digo yo. Lo dicen los vecinos. Y lo confirma el propio Barómetro de Opinión de los Servicios Municipales del Ayuntamiento de Zaragoza.
En su última edición, correspondiente al segundo semestre de 2026, la suciedad y la falta de limpieza aparecen como el segundo principal problema de la ciudad, señalado por el 11,3% de las personas encuestadas. Solo el transporte público y la movilidad, con un 14,4%, preocupa más a los zaragozanos.
Chueca está poniendo patas arriba esta ciudad con el único objetivo de cortar cintas y hacerse fotos en año electoral. La ciudad, a su vez, sigue teniendo carencias.
Este verano hemos visto a los zaragozanos achicharrarse al sol esperando un autobús a 40 grados porque el Gobierno del PP no ha sido capaz de planificar las obras. Tampoco ha sido capaz de ponerse en el lugar de aquellas personas que necesitan usar el transporte público a diario para ir a sus trabajos o a cualquier actividad.
Y lo más preocupante es que estos no son problemas nuevos. El PP lleva gobernando Zaragoza casi ocho años. Ocho años pero sigue culpando de todo a los demás. Ocho años escurriendo el bulto.
Ocho años sin enfrentarse a los verdaderos problemas que sufren los zaragozanos. Y el problema de la limpieza empieza ya a cronificarse. Por eso, no basta con titulares sobre campañas o refuerzos puntuales.
Es urgente poner en marcha un plan de choque de limpieza en Zaragoza que llegue a todos los barrios, también los rurales, antes de final de este año.
El Ayuntamiento deberá identificar los medios disponibles, comprobar qué prestaciones previstas en el contrato se están realizando realmente y reforzar aquellas que resulten insuficientes. Además, los vecinos deben poder conocer cuándo se actúa en su barrio mediante calendarios públicos de limpieza y baldeo.
Gobernar una ciudad no consiste únicamente en inaugurar obras. Gobernar es escuchar y resolver los problemas de los ciudadanos. Gobernar es ocuparse del día a día de los zaragozanos. Conseguir que una persona mayor pueda caminar por una acera en condiciones.
Que pisar una baldosa rota con agua sucia acumulada no suponga tener que tirar la ropa por las manchas. Que los niños jueguen en un parque cuidado sin que tengan ratas al lado. Que una plaza esté limpia. Y que pasear por Zaragoza, sea pasear por una ciudad que cuida y protege, y no que expulsa.
La ciudad, la verdadera ciudad, no está entre las prioridades de Chueca. Por eso, desde el PSOE reclamamos más recursos, una mejor planificación, seguimiento de las acciones y resultados más eficaces para que Zaragoza recupere su esplendor.
Queremos saber qué se limpia, cuándo se limpia, con qué medios y qué ocurre cuando un servicio no funciona.
Y queremos que la respuesta llegue a todos los barrios. Porque Zaragoza no termina en las grandes avenidas ni en el centro. Zaragoza son todos sus barrios, incluidos los barrios rurales, y cada una de las calles donde los vecinos pagan sus impuestos y esperan recibir unos servicios públicos a la altura.
El último barómetro deja otro recado para Chueca. La valoración global de la gestión del Ayuntamiento se sitúa en 6,61 puntos sobre 10, uno de los niveles más bajos de los últimos.
Y es que una ciudad no se transforma solo con grandes obras. Una ciudad se transforma cuando sus mejoras llegan a todos y a todas, cuando se resuelven los problemas y se mejora el día a día de la ciudad, pasando por calles limpias, parques cuidados y barrios que reciben la atención que merecen.
Por eso, Zaragoza no puede resignarse. Zaragoza no puede seguir esperando. No podemos normalizar una ciudad sucia. No podemos acostumbrarnos a que los vecinos tengan que reclamar una y otra vez lo que debería ser una obligación básica para un Gobierno municipal: cuidar la ciudad.
En definitiva, cuidar el día a día de los zaragozanos y preocuparse por ellos y por ellas. Natalia Chueca, un pequeño consejo: toma nota de lo que te dicen tus vecinos.