Publicada

Un papa sin papamóvil es menos Papa. Cuando yo era un niño de concertado, antes de dormir rezaba al niño Jesús, las cuatro esquinitas… soñaba con tener un ángel custodio, un ángel de la guardia particular, que me siguiera y sostuviera si algún día me tropezaba y caía.

Con estos modelos economicistas reinantes los ángeles acabaron pasando a ser colectivos, como las confesiones.

Ya nadie susurra al cura: se juntan la tarde noche del domingo y esperan el perdón, maná inmaterial, cayendo sobre ellos.

Ahora, los ángeles, ya no son ni los de Wim Wenders ni los de U2, ahí, junto al muro: hasta por eso el comunismo es nocivo.

Yo, que soy un niño de concertado, no de privado, siempre he llevado camisa de manga larga y cuello abierto, un poco de pecho rumbero y ácrata, ahora más canoso que provocador. Y es que somos más de Teilhard de Chardin que de San Juan, por la parte que toca, de ácido y un punto psicodélico.

Somos, los de concertado, muchos. Demasiados, como los ingenieros. Y en esa labor de concierto, nos portamos bien con nuestros padres, intentamos educar a los hijos, no nos ponemos bermudas para entrar al Pilar, nos acabamos casando, aunque sea por lo civil -cosa que esta España cainita tiene más de respeto al orden, más de patriotismo que de devocional- y, si nos lo pide alguien querido, acompañamos, sentados o de pie, en los funerales.

Al final, los privados, los laicos y los políticos que llevan a su hijo donde quieren -que para eso son padres-, acabamos poniendo un belén, aunque sea pequeño, cuando llegan las Navidades.

Veo que no hemos tenido ni a Juanse ni a Bob Dylan para el cante, me ha faltado Adriano Celentano contando el Pregueró, o, en su defecto, Silvio, de Triana y sevillista, haciéndolo por soleares, aquel «Rogaré» inmortal. Fue Rozalén, que cantó y todo. Yo que siempre me la había imaginado como abajo firmante de núcleo duro.

Mejor Rozalén que Rosalía, que lo de la iluminación y la fe me parece cogido un poco con pinzas, demasiado baile y portaligas. Una cosa es abrir las ventanas para que entre el aire y otra dejarlas abiertas.

Se adentra el Papa en el terreno golpista y se le acerca, bella e independentista, la diputada Nogueras (parte de la gobernación, aunque sea numérica) para revisarle el discurso. Debe de ser importante.

En España, no olvidemos, que los partidos católicos trabuqueros y línea dura, son las fuerzas nacional-místicas.

Usa el inglés, que como el alemán, ha perdido un poco eso poso luterano desde que hemos tenido uno santo pontífice germano y otro yanqui, porque el latín, que sería más propio del tonto mesiánico, le suena demasiado a Don Pelayo y McNamara bailando en el Valle de los Caídos.

Y es que la llegada del Papa a una ciudad tiene algo de sede de Mundial de fútbol, los más viejos del lugar sabrán un poco por dónde voy, ya pasó con la llegada de Wojtyla, que se aseguraba en los mentideros progresistas que “España había dejado de ser católica”.

En España uno se divorcia, se casan en impar, se tiene hijos o no se tienen, mascotas y algún abuelo en casa. Una cosa es no ir a misa y otra saltarse las fiestas de guardar.

No hay más que ver los que votan al PSOE, que es veneración pura teniendo en cuenta la que está cayendo.

Me está quedando una columna un poco frentista, popular y la CEDA, pero será por el año que termina en seis -años raros, esos-, en la próxima columna, más veraniega, habrá demostración científica con la casuística del Tour de Francia.

Cuando me hablan, todavía, de la Teoría de la Liberación, yo pienso en don Juan Manuel ayudando a poner una estantería a una viuda de Carenas.

La habitual confusión entre laicismo, aconfesional y tradición sobrevive a los vaivenes de la Constitución y, normalmente, se complementa con una exaltación de la llamada a la oración en Estambul.

Ya saben aquello de la montaña, llegar o subirla, que a Mahoma ya lo tenemos cerca. De todos modos, más allá de lo exótico, esto vale para todos: el catolicismo, la Iglesia, el Papa, no es un buffet libre, no se selecciona el plato combinado. Se toma o se deja.

*Octavio Gómez Millán, profesor y escritor