Alicante

En 1925 surgió en Elda una marca de zapatos que tiene ahora mismo en Estados Unidos su mayor mercado. Casi un siglo fabricando en Alicante y vendiendo a los americanos, ese es el camino por el que va la marca Pedro García cuatro generaciones después.

Zahara García es la cuarta generación de esta familia y así lo plasma al recordar a su bisabuelo, el que dio nombre a la marca, que abrió un taller en Elda. En él ofrecía entonces zapatos para hombre y niño: "Su preocupación era que estuviera bien hecho".

Ese local nace en un ecosistema que empieza a desarrollar artesanos para cada parte del zapato, valora la responsable de comunicación de la marca. La complejidad que tiene el proceso de fabricación, como enumera, implica especialistas en hormas, tacones, adornos y timbrados, entre otros. "El ecosistema es muy importante porque sin él no seríamos lo que somos", destaca.

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Antes de llegar a cruzar el Atlántico, esa pequeña cadena de montaje, como la describe, ya había evolucionado para empezar a vender fuera de su territorio más cercano "y a expandirse con aperturas de tienda en España", con Madrid como uno de sus bastiones. Es el paso del artesano al empresario, "así nace la comunidad que quiere nacionalizar el producto y que empieza a desplazarse para vender".

Zahara se conoce bien la historia gracias a su abuelo, la segunda generación, que "explica con mucho detalle todo eso en un libro muy autobiográfico". Este es el siguiente Pedro en esta saga y el que se encargaría, como otros compañeros de Elda, de salir al extranjero: "Coge su maleta y pide un contacto en Londres y expone, vende lo que puede y hace contactos".

Su abuelo, como tantos otros fabricantes de Elda, salieron de la comarca y aprendieron inglés a marchas forzadas, "de la calle, como pudo". En el extranjero, principalmente en América, "les dieron la bienvenida" porque "con un buen zapato los conquistó". Y es que "aunque fue dura la llegada, tuvo mucha conexión e hizo que creciera muchísimo la fábrica. Ese fue el punto de inflexión".

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La marca Pedro García ha sobrevivido a los vaivenes de décadas de comercio internacional "porque había otros fabricantes que, igual no han durado cien años, pero que también salieron y se expandieron desde Alicante. Unos lo conseguirían más que otros pero ahí están las ganas y el responder a un mercado y los tiempos y las calidades".

Esos eran los retos que debían afrontar ese ecosistema de zapateros que salidos de Elda querían hacer negocio en la tierra de las oportunidades. Así fue que aprendieron a "trabajar con los grandes almacenes donde el tiempo es muy justo y si no llegas a tiempo te penalizan". Y para ello el saber manejarse con las aduanas, la gestión de envíos y almacenes que requiere la internacionalización.

Fabricar para una marca americana les permitió conocer "la dinámica y los contactos", valora Zahara. Así consiguieron ese mercado para cuando se lanzaron por su cuenta y hacerlo a través de la oportunidad que suponían las redes de centros comerciales en los diferentes Estados. "Tienes un cliente, pero 48 puntos de venta, cuando en Europa no es así", apunta.

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En el paso al tercer Pedro García también está Mila García, la madre de Zahara, y el "dedicar casi exclusivamente la energía" al mercado estadounidense. Es un público que valora que el zapato "esté bien hecho y que la materia sea de calidad".

Mezclar

¿Cuáles fueron los modelos que marcaron? Unas sandalias con plantas anatómicas y con las tiritas de cristales de Swarovski "no las ponía nadie, juntar esos conceptos fue muy rompedor". En esa línea se atrevieron con el satén deshilachado en zapatillas de deporte, "que podía sonar raro, pero al final hacía una deportiva desenfadada y lujosa". Otro mezclaba el ante cortado al canto para hacer una silueta muy simple, pero "para el día a día con plataforma y velcro" y reinventarlo en una sandalia. Y eso hace que en Texas vendemos botas vaqueras "muy suaves" cuando a otras marcas no se les había ocurrido esa combinación lo que las sitúa como "el producto más vendido allí".

Eso ha sido posible gracias a que entienden su fábrica de Elda como "un laboratorio de ideas" donde "lo pruebas, lo montas y sale un experimento que tiene un aspecto muy diferente". Eso, remarca, "ha sido importante en Estados Unidos" porque les ha permitido posicionarse como "una marca con identidad propia". De ahí que remarque Zahara que "si haces las cosas bien y con artesanos que llevan toda la vida y con el hormero al lado se nota que tiene un aura especial".