En la provincia de los récords de turistas, no todos ganan. El sector hostelero de Alicante se encuentra ante una metamorfosis sin precedentes en sus hábitos de consumo que se acentúa en la capital. A pesar de la masiva llegada de visitantes a los municipios costeros, los establecimientos de restauración registran un descenso en el gasto medio por cliente.
La presidenta de la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería de Alicante (APEHA), María del Mar Valera, califica rotundamente la situación actual. "Llevamos dos años ya en los que se ha notado un cambio radical en el turismo en Alicante", cuenta a EL ESPAÑOL tras consultar con los representantes de las distintas zonas de la provincia.
Los empresarios de la franja costera coinciden de forma unánime en el diagnóstico. "Hay mucho turismo, pero el consumo ha bajado y el poder adquisitivo de la gente que consume en nuestros establecimientos también ha bajado", afirma Valera.
Uno de los factores determinantes en este cambio de tendencia es el claro retroceso del visitante de proximidad. "El turismo nacional se está perdiendo en la costa, ha bajado muchísimo", advierte la dirigente hostelera.
Aunque la llegada de viajeros internacionales se ha incrementado, su comportamiento económico no compensa a la hora de cuadrar las cuentas. "Aumenta la presencia extranjera, pero o el poder adquisitivo que tienen es menor o la forma de comer es diferente", explica.
Y ahí señala otro punto clave de lo que implica el cambio: perjudica de manera directa a la oferta gastronómica tradicional de la zona. "Nosotros estamos acostumbrados prácticamente a vender la cocina nuestra, nuestros arroces, nuestros pescados, nuestros mariscos, y todo eso se está perdiendo en muchos establecimientos", lamenta Valera. En su lugar, el público está derivando hacia opciones de comida rápida.
Ante el sobrecalentamiento de la costa, el turismo nacional parece estar buscando alternativas en el interior de la provincia. "Quizás sea por la masificación que hay en las playas, por lo que la gente está optando por irse al interior", apunta la presidenta de APEHA.
En ese duro repaso, Valera no olvida la dureza de las olas de calor de este julio. Un factor que también golpea a quienes han hecho de su negocio la oferta al exterior. "Las altas temperaturas son un condicionante; en las terrazas en verano no hay quien se siente al mediodía", asegura. En contraste, añade, municipios de interior como Alcoy le indican que han experimentado una dinámica positiva en los locales que han permanecido abiertos.
La patronal hostelera cuestiona duramente el optimismo del sector hotelero sobre la llegada de un presunto "turismo de calidad". "Las limpiadoras de pisos cuentan la cantidad de basura que tienen que recoger de la gente hospedada que va a los supermercados a comprar comida preparada para llevársela a la habitación del hotel o al piso vacacional", denuncia Valera.
El choque de hoteles y restaurantes
Si tradicionalmente hoteles y restaurantes iban de la mano en la promoción turística, en los dos últimos años aparecen destacadas voces que expresan el impacto del cambio de la situación. Si en 2025 desde ARA decían que "no se han apretado el cinturón", este 2026 constatan el récord de precios por dormir en la provincia.
El elevado precio del alojamiento está asfixiando el presupuesto disponible para la restauración. "Alquilar un piso o coger una habitación de hotel cuesta una pasta, y la gente ahorra en la comida", razona Valera.
Por ello, se muestra crítica con las lecturas triunfalistas del sector alojativo. "Si los hoteleros te dicen que querían atraer turismo de calidad y que lo han conseguido, pero luego te cuentan la cantidad de basura que recogen de clientes que comen y cenan en las habitaciones, creo que se contestan ellos solos", replica.
A esta compleja coyuntura turística se le suma el estrechamiento de los márgenes de beneficio para los hosteleros. "Nos comen a impuestos y los precios de los alimentos han subido una barbaridad", enfatiza la presidenta de APEHA recogiendo los datos de incremento del coste de vida.
El balance económico al cierre de la campaña estival ya no ofrece la rentabilidad de otras épocas. "Antes trabajabas mucho, pero cuando terminaba la temporada veías la satisfacción de tener unos beneficios y le veías la alegría; hoy por hoy, no", confiesa.
Tras 12 años al frente de APEHA, María del Mar Valera aboga por reconsiderar el modelo y seguir defendiendo las señas de identidad culinarias del territorio. "Tenemos que seguir luchando por poner la gastronomía de nuestra ciudad y provincia en lo más alto y porque no se pierda, porque es lo que nos define: arroces como se comen en Alicante no se comen en ningún sitio", concluye.
