Alicante
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Enrique e Ignacia se despiden de la panadería que han regentado durante 44 años en Penáguila, un pequeño municipio de la provincia de Alicante. El matrimonio, que comenzó su andadura con apenas 22 años, cierra las puertas de su negocio el próximo sábado 24 de octubre con motivo de su jubilación, después de décadas llevando el pan a varias localidades de la zona.

Su despedida refleja una realidad que afecta a numerosos negocios tradicionales, especialmente en los pueblos pequeños, como es el cierre de establecimientos de toda la vida por la jubilación de sus propietarios y la falta de relevo generacional.

Panaderías, hornos, carnicerías y otros comercios que durante décadas han formado parte del día a día de sus vecinos desaparecen cuando quienes los mantienen al frente ponen fin a su trayectoria.

44 años llevando el pan

Enrique e Ignacia comenzaron su actividad en Penáguila, -una localidad con poco más de 300 habitantes-, donde pusieron en marcha la panadería Ebia, con 22 años. Con el tiempo, ampliaron sus repartos a Alcoleja, Benasau, Benifallim y Benilloba.

La pérdida de población y el cierre de otros establecimientos en estos municipios les llevaron posteriormente a extender su recorrido hasta Alcoy, donde han continuado trabajando hasta ahora.

"Después de 44 años dedicados con ilusión y esfuerzo al oficio de hacer pan, ha llegado el momento de poner fin a esta etapa de nuestra vida", explican en el mensaje de despedida que han compartido en redes sociales.

Durante estas cuatro décadas, el matrimonio ha recorrido numerosos kilómetros y ha afrontado jornadas de trabajo marcadas por los madrugones y las dificultades propias del oficio. Entre los recuerdos que conservan destacan los duros inviernos en los que la nieve cubría las carreteras y complicaba los desplazamientos.

"Nos tocaba poner las cadenas y avanzar poco a poco, con frío y dificultades, pero siempre con la misma determinación: llevar el pan cada día a nuestros clientes", recuerdan. Según explican, el compromiso con quienes esperaban sus productos era lo que les impulsaba a continuar con los repartos pese a las complicaciones.

Una jubilación bien merecida

Ahora, a sus 66 años, Enrique e Ignacia ponen fin a una trayectoria profesional que ha estado ligada a la elaboración y distribución de pan. En su despedida, agradecen a sus clientes la confianza y el cariño recibidos durante todos estos años.

"Nos llevamos el recuerdo de tantos madrugones, tantos kilómetros recorridos y, sobre todo, de todas las personas que han formado parte de este camino", señalan en la publicación.

El matrimonio también ha querido dejar claro que su despedida profesional no supone romper los vínculos con quienes les han acompañado durante estas décadas. "Nos despedimos del trabajo, pero no de vosotros", escriben, antes de recordar que su casa de Penáguila seguirá abierta para recibir a clientes y amigos.

La pareja de joven Redes sociales panadería EBIA

La publicación ha generado numerosas muestras de cariño. Decenas de personas han respondido al anuncio con mensajes de agradecimiento por el servicio prestado durante 44 años y por haber llevado el pan hasta sus pueblos, incluso en los días más complicados.

Entre las respuestas se repiten las felicitaciones por la trayectoria del matrimonio y los deseos de que disfruten de una "jubilación bien merecida". Un reconocimiento a toda una vida dedicada a un oficio que, en muchos municipios pequeños, forma parte de la historia cotidiana de sus vecinos.