Alicante
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En el primer curso del nivel A2 (1A2) de Español como Lengua Extranjera (ELE) en la Escuela Oficial de Idiomas (EOI) de Torrevieja, el sorteo de matrícula arrancó en la letra Q y se cerró de forma drástica en la combinación TS.

En otras palabras, únicamente las personas cuyos apellidos comenzaban por cuatro letras del abecedario (Q, R, S y T) pudieron formalizar su matrícula.

El resto de aspirantes quedó relegado a una lista de espera que solo en el mes de junio ya contabilizaba 750 personas para el nivel 1A2.

En una población donde los extranjeros residentes ya superan a los españoles, la falta de plazas para aprender el idioma e integrarse en la sociedad lleva años generando un gran debate y hartazgo en los centros de enseñanzas de idiomas.

Actualmente, la EOI cuenta con 529 estudiantes matriculados en total repartidos entre 1A2 (141), 2A2 (108), B1 (121), B2 (88), C1 (47) y C2 (24)[2]. Sin embargo, la brecha entre oferta y demanda es tan abismal que existen solicitantes que llevan cinco años consecutivos presentando su instancia sin lograr acceder al centro.

Aulas vacías y recortes de personal

El colapso del servicio no responde a una falta de infraestructura física. La propia escuela dispone de aulas totalmente vacías tanto en turno de mañana como de tarde. El verdadero cuello de botella radica en la "drástica tijera" aplicada a la plantilla docente. "Esto va cada vez a peor", asegura Silvia Esclapez Mira, responsable del departamento de Español para Extranjeros.

Antes de 2021, este departamento contaba con cinco profesoras. Con la llegada masiva de refugiados por la guerra de Ucrania, el equipo se amplió hasta ocho docentes. Sin embargo, los recortes presupuestarios de 2024 redujeron la plantilla a tan solo cuatro profesores, menos personal incluso que antes de la crisis bélica. Recientemente apenas se ha podido recuperar media plaza adicional, situando el equipo en 4,5 docentes.

Como denuncia la profesora Silvia Esclapez Mira, la situación plantea un "gran enigma" de gestión: existiendo aulas libres y profesorado dispuesto a trabajar, la administración mantiene una negativa sistemática a ampliar la oferta de español para extranjeros. Este bloqueo se extrapola a municipios vecinos como Elche u Orihuela, cuyas escuelas oficiales llevan años solicitando impartir esta disciplina sin obtener autorización institucional.

35 alumnos

La escasez de docentes obliga a trabajar en condiciones extremas. Aulas como las de primer curso de A2 albergan a 35 estudiantes inscritos por grupo, lo que implica gestionar una diversidad cultural, socioeconómica y educativa enorme en una misma aula.

Ante la desesperación de quienes quedan fuera, el profesorado recurre a la sobrematrícula inmediata. En cuanto se detecta que un alumno en lista no se ha incorporado a principio de curso, se da entrada a personas en lista de espera para evitar desperdiciar un solo asiento. Esta práctica solidaria genera una paradoja para los docentes, quienes mientras participan en huelgas y movilizaciones para exigir ratios pedagógicas razonables, terminan sobrecargando sus propias clases por empatía con quienes están en la calle.

"La integración en juego"

Detrás de las listas de espera hay proyectos vitales en pausa. Marena, residente de origen polaco que llegó a España hace cinco años sabiendo únicamente "gracias" y "Almodóvar", relata cómo la EOI transformó su vida al permitirle comunicarse con sus vecinos, hacer amigas y participar en clubes de lectura. "Siento que formo parte de esta sociedad y ya no soy solo una extranjera. Aprender español no es solo aprender un idioma, es tener la oportunidad de construir una nueva vida", sostiene al reclamar un aumento de plazas.

El impacto afecta igualmente a sectores esenciales como la sanidad. Un médico extranjero y alumno de la escuela explica la urgencia de dominar el idioma con fluidez para atender a sus pacientes. A pesar de haber solicitado plaza con antelación para el curso de conversación, fue derivado a la lista de espera sin poder acceder a las clases.