Alicante
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La Vall d’Ebo busca dejar atrás los años más duros de la despoblación. El municipio, que llegó a perder buena parte de sus vecinos hasta situarse por debajo de los 200 habitantes, supera ahora los 230 empadronados y trata de consolidar este crecimiento con servicios básicos, vivienda y nuevas iniciativas para atraer familias.

Desde EL ESPAÑOL de Alicante hemos hablado con el concejal de Deportes, Tercera Edad, Educación y Fiestas, Pascual Durá, quien explica que una de las claves para recuperar población ha sido mantener activos servicios esenciales como la escuela, el horno tradicional que también funciona como tienda, el consultorio médico, el cajero automático o una conexión de fibra óptica que permite trabajar desde el municipio.

Sin embargo, el pueblo de la Marina Alta se encuentra ahora con un nuevo problema. Hay familias interesadas en instalarse, pero no suficientes viviendas disponibles. "Tenemos horno, tienda y escuela, pero nos faltan casas", resume el edil al abordar uno de los principales retos que afronta actualmente la localidad.

La recuperación de La Vall d’Ebo tiene uno de sus principales hitos en la reapertura de su colegio. El centro permanecía cerrado desde 2015 y, después de nueve años, volvió a funcionar durante el curso 2024-2025.

El camino comenzó antes, en 2021, cuando se constituyó la asociación antidespoblamiento Eboviu con un objetivo prioritario, recuperar la escuela y generar las condiciones necesarias para que nuevas familias pudieran instalarse en el municipio.

"Una vez tocamos fondo, hubo un grupo de personas que dijimos que lo que hacía falta era reactivar el colegio", afirma Durá.

Miembros de Evoviu con la reforma del colegio Cedida

La apuesta por la educación ha dado sus frutos. En el actual curso escolar, el centro cuenta con 12 alumnos y, según explica el concejal, existen además familias interesadas en trasladarse al municipio.

"Mientras que haya niños va a estar el colegio y va a llamar a más familias", asevera.

La situación contrasta con la etapa en la que la población llegó a caer por debajo de los 200 residentes. Durante décadas, La Vall d’Ebo pasó de contar con alrededor de 600 habitantes a perder buena parte de su población, una caída que también tuvo consecuencias sobre el tejido comercial.

Servicios para vivir

Pese a su reducido tamaño, el municipio mantiene una serie de servicios que sus vecinos consideran fundamentales para poder desarrollar su vida diaria sin necesidad de desplazarse constantemente.

Entre ellos se encuentra el horno tradicional, que también ejerce como tienda, además del consultorio médico, que cuenta con atención médica y enfermera tres días a la semana. La localidad dispone también de cajero automático y de fibra óptica de alta calidad.

No todos los servicios han conseguido sobrevivir al descenso demográfico. El reciente cierre de la carnicería local es uno de los ejemplos de una actividad comercial que desaparece por la falta de relevo generacional y por la pérdida de población acumulada durante años.

Una de las calles del municipio Cedida

El gran problema: la vivienda

La falta de casas disponibles se ha convertido, según explica Durá, en el principal obstáculo para continuar atrayendo población. Aunque existen viviendas vacías, sus propietarios no siempre están dispuestos a ponerlas en alquiler.

Ante esta situación, la comisión de vivienda de Eboviu ha impulsado un banco de casas con el respaldo del Centro de Desarrollo Rural (CDR) de la Safor. La iniciativa establece alquileres con un precio máximo de 300 euros mensuales para facilitar la llegada de nuevos residentes.

Uno de los ejemplos es el de una familia de origen ucraniano con tres hijos que llegó desde Valencia. La familia pasó de pagar más de 1.000 euros de alquiler a acceder a una vivienda en La Vall d’Ebo con el precio regulado.

Los menores se han integrado en la vida del municipio y en la escuela, donde, según explica el concejal, ya hablan valenciano.

Preparados para el teletrabajo

A la vivienda se suma otro elemento que puede facilitar la llegada de nuevos pobladores. La Vall d’Ebo cuenta con conexión de fibra óptica de alta calidad, una infraestructura que permite desarrollar trabajos a distancia pese a encontrarse en plena montaña.

El acceso al municipio se realiza a través de una carretera de montaña de unos 11 kilómetros de curvas asfaltadas y con mantenimiento constante. Durá sitúa La Vall d’Ebo a unos 15 minutos de Pego y a alrededor de 40 minutos de Dénia o Gandia.

El trazado puede suponer una barrera para algunos visitantes, pero el concejal considera que la ubicación también forma parte de los atractivos de vivir en el municipio.

"La vida en el pueblo tiene infinitas ventajas respecto a la ciudad; es una maravilla para criar a los niños y para tener salud por la montaña", indica.

Un proyecto de coliving

La localidad también prepara nuevas iniciativas para aumentar su capacidad residencial. Una de ellas es un proyecto de coliving en una vivienda de tres plantas y unos 200 metros cuadrados que una residente alemana cedió al pueblo después de su jubilación.

El proyecto cuenta con una subvención europea de 100.000 euros procedente de los fondos Next Generation y está previsto que las obras comiencen este invierno. En una primera fase, el inmueble permitirá habilitar espacio residencial para dos familias.

La iniciativa busca aprovechar viviendas que, de otro modo, podrían permanecer vacías y convertirlas en una herramienta para facilitar la llegada de nuevos habitantes.

Turismo y naturaleza

La recuperación demográfica se apoya también en el atractivo turístico de La Vall d’Ebo. El municipio combina su pequeño casco urbano con un entorno natural marcado por la montaña, los barrancos y las formaciones geológicas.

Entre sus principales reclamos se encuentra la Cova del Rull, una cavidad acondicionada para las visitas guiadas en la que se pueden contemplar estalactitas y estalagmitas. También destacan el Barranco del Infierno, la Sierra de la Carrasca, sus antiguos neveros, el Castillo del Valle de Ebo y diferentes fuentes y elementos vinculados a la historia rural del municipio.

La actividad turística se complementa con restaurantes como Foc i Brasa, el Capri y el bar de la plaza, que mantienen parte de la actividad económica y hostelera de la localidad.

Algunas vecinas del municipio Cedida

Detrás de buena parte de estas iniciativas se encuentra Eboviu, una asociación que ya reúne a cerca de 100 socios y que se ha convertido en uno de los motores de la recuperación del municipio.

La estrategia combina vivienda, educación, servicios, actividad económica y participación vecinal para intentar que el crecimiento de los últimos años no sea algo puntual.

El objetivo, según explica Durá, es que La Vall d’Ebo pueda seguir siendo un lugar donde las familias encuentren servicios básicos, naturaleza y oportunidades para desarrollar su vida.

"Nosotros esto no lo cambiamos por nada en el mundo", concluye el concejal.