Alicante
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Corría el año 1996 cuando en una pequeña calle del centro de Alicante, aún lejos de ser el hervidero de tiendas y cafeterías que es hoy, un joven valenciano decidió dejar atrás la seguridad de su puesto como funcionario para entregarse a su gran pasión.

Tres décadas después, Pepe Presencia baja la persiana de su estudio de fotografía con una mezcla de orgullo y melancolía. "He cumplido 60 años y necesito parar. Ya no tengo fuerzas para seguir solo", confiesa.

Durante estos 30 años, su estudio se convirtió en todo un referente de la fotografía social en la provincia. En los años de auge, recuerda, "hacíamos ocho o nueve bodas cada fin de semana".

Llegó a registrar más de 250 enlaces en un solo año, trabajando aún con carrete antes de abrazar la revolución digital. Su estilo natural, espontáneo, alejado del posado artificial, marcó tendencia cuando aún era una rareza. "Lo que ahora es norma, entonces era una novedad", explica con una sonrisa.

Los reconocimientos no tardaron en llegar. Entre ellos, el premio al Mejor Fotógrafo de Boda del Año en 2017 y un destacado séptimo puesto en la Copa del Mundo de Fotografía. "Fue una etapa maravillosa. Participar en concursos no solo me dio visibilidad, también me ayudó a dar garantía de calidad a mis clientes", recuerda.

Pero el camino no siempre fue fácil. La crisis económica, la creciente competencia —"me creé mi propia competencia", dice, refiriéndose a los muchos fotógrafos formados en su estudio— y el cansancio acumulado fueron menguando su energía.

"Este es un trabajo en el que tienes que estar tú, presente, cuerpo y alma. Y llega un momento en que eso se hace cuesta arriba", admite.

El espacio donde tantos novios, familias y generaciones se retrataron en los momentos más felices de sus vidas no desaparecerá, sino que lo ocupará una empresa emergente que ha alquilado el local.

"El estudio es mío, y está en una de las mejores zonas. Cuando lo compré, por lógica, supe que algún día se convertiría en una calle importante", explica con la serenidad de quien ha sabido tomar decisiones a largo plazo.

Presencia no se jubila todavía, pero sí se permite descansar. "Quiero bajar el ritmo. Si hago algo, será para mí, con calma. No quiero seguir al pie de calle."

Reconoce que no le apetece hacerle frente a las herramientas como la inteligencia artificial, y que siempre confía más en el ojo humano. "Todavía se le ve el plumero a la IA", comenta entre risas. "Seguro que se harán cosas maravillosas, pero yo ya paso el relevo."

Mientras contempla las paredes de su estudio cubiertas de fotografías y premios, se adivina en su voz esa mezcla de tristeza y gratitud que acompaña a los finales auténticos. "Orgullo, porque he conseguido mucho. Tristeza, porque esto ha sido mi vida."