Alicante
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En la provincia de Alicante, al igual que en el resto de España, muchos tutores de perros dedican varios ratos del día a pasearlos, una actividad en la que el animal va oliendo todo, sin saber que este gesto se puede convertir en una pesadilla.

La oruga procesionaria del pino, habitual en parques y pinares de la provincia de Alicante, se ha adelantado este año y ya está dejando a su paso perros con la boca destrozada y, en los casos más graves, con trozos de lengua necrosados.

"En realidad no hablamos de picaduras", insiste la veterinaria Ester Rodríguez, de la Clínica Veterinaria San Blas (Alicante). "El problema son los pelillos urticantes de la oruga, que provocan una reacción alérgica brutal en cuanto entran en contacto con las mucosas del perro".

En este sentido, da a conocer el panorama que se está produciendo en las clínicas durante estas semanas. Perros que vuelven del parque o del pinar, de repente con la boca muy hinchada, la lengua aumentada de tamaño, babeo constante y mucho dolor.

En la consulta, hay algo que a Rodríguez la pone en máxima alerta: "Cuando ves una lengua que, de pronto, tiene como un mordisco hacia dentro, que falta un trozo, eso suele ser procesionaria".

Y es que en muchos casos se produce necrosis del borde de la lengua. El tejido deja de recibir riego sanguíneo y termina por desprenderse. "He visto perros a los que literalmente se les ha caído un trozo de lengua", relata.

El peligro está en el suelo

La escena clásica de las procesionarias en fila india bajando del pino al suelo no es solo cosa de bosques remotos. Estas orugas pueden encontrarse en parques urbanos, jardines de urbanizaciones, zonas verdes de barrios residenciales y cualquier área con presencia de pinos.

La procesionaria.

El perro, para colmo, hace justo lo que no debería: ver "algo raro" moviéndose y acercarse con el hocico o incluso intentar cogerlo con la boca. Y no hace falta que llegue a tragarse la oruga para que se produzca la pesadilla, pues basta con rozarla para que los pelillos se claven en la lengua, labios o encías y desencadenen una reacción enormemente agresiva.

Qué hacer

Aquí el tiempo cuenta, y mucho. En cuanto el tutor note que, al volver del paseo, el perro empieza con una reacción extraña en la boca, hinchazón de labios o lengua y babeo excesivo, hay que actuar en dos pasos muy claros.

El primer paso es lavar de inmediato con el agua que se tenga a mano (la típica botella del paseo), dirigir el chorro a la boca, lengua y morro del animal.

"Mejor si se puede hacer a presión, apretando la botella para arrastrar los pelillos, pero sin frotar, para no clavarlos más", asegura la veterinaria.

El agua con bicarbonato ayudaría a neutralizar, pero la veterinaria es realista: "Nadie va al parque con un bote de bicarbonato en el bolsillo; que usen el agua que tengan y que no pierdan tiempo".

Ir al veterinario sin demora

Tras ese lavado inicial, el perro debe ir directamente al centro veterinario, donde le administrarán corticoides y el tratamiento necesario para controlar la reacción alérgica y el dolor.

"Es una urgencia, no algo para ‘vigilar en casa a ver qué pasa’", subraya Rodríguez.

Provocar el vómito está totalmente desaconsejado. Si hubiera orugas en el interior, el retorno del contenido por el esófago solo aumentaría el daño en todo el tracto digestivo.

Minimizar el riesgo

La pregunta del millón es: ¿y ahora dónde paseo al perro? La respuesta, aunque incómoda, es clara. Según la veterinaria y el Colegio Oficial de Veterinarios de Alicante, la temporada de procesionaria, lo más seguro es evitar las zonas con pinos.

- No confiarse en parques urbanos. Que haya columpios y bancos no significa que no haya pinos ni procesionarias.

- Siempre que sea posible, elegir itinerarios por calles y zonas sin arbolado de pino.

- Llevar al perro controlado, sin dejar que campe a sus anchas por áreas con hojarasca bajo pinos o troncos donde pueda haber orugas.

Un técnico de mantenimiento de zonas verdes explicó a Rodríguez que las orugas tienden a bajar del árbol sobre todo por la noche, para evitar a los depredadores.

Eso podría implicar algo menos de riesgo durante el día, pero la veterinaria es prudente: "Yo he visto procesionarias también de día, así que no se puede garantizar que por la mañana sea seguro".

La parte de prevención no recae solo en los tutores. Hoy, en lugar de fumigar masivamente como se hacía antes, el tratamiento recomendado consiste en inyectar a los pinos, aproximadamente en octubre, una sustancia que pasa a los brotes tiernos y mata a la oruga cuando se alimenta de ellos.

Para que funcione, el árbol tiene que ser tratado en el momento adecuado del ciclo biológico de la procesionaria. Por eso, Rodríguez anima a los vecinos a exigir a sus ayuntamientos y comunidades de propietarios que se tomen en serio estos tratamientos preventivos en las zonas con pinos habituales para el paseo de perros.

Mientras tanto, el consejo que más repite esta veterinaria de Alicante a los tutores de perros es sencillo y contundente: "Durante estas semanas, evitar los pinos e intentar cambiar de ruta".