En el barrio ilicitano de Carrús, conocido por llegar a ser uno de los barrios más pobres de España en renta per cápita, el desempleo aprieta, la vivienda cuesta cada vez más de mantener y conseguir y la vulnerabilidad de parte de sus vecinos ha sido y sigue siendo su mayor desafío.
Esta pequeña ciudad dentro de Elche (tiene 70.000 habitantes) es una de las más multiculturales de la región y el binomio entre pobreza y delincuencia ha lastrado su reputación.
Pero sus calles también son espacio de resistencia y solidaridad. Quizás su mayor exponente sea Ahmed, quien lleva 16 años abriendo todos los días su comedor social para alimentar a los vecinos más necesitados.
A unos metros del parque 1 de Mayo, punto neurálgico del barrio, Ahmed y su mujer, María Eugenia, abren la persiana de Al Taufik (puerta abierta en árabe) y sirven un plato caliente a cualquier persona en condición extrema de vulnerabilidad.
Durante dos décadas, el tunecino de ahora 74 años ha volcado su tiempo y sus ahorros en ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio.
Acaba de hacer la compra diaria y levanta la persiana de su comedor para atender a EL ESPAÑOL de Alicante.
La entrada al comedor social Al Taufik (puerta abierta en árabe).
En la pizarra que se encuentra en el interior del sencillo comedor se puede leer escrita la palabra "Agradecimiento", y una bandera de Palestina se eleva sobre una docena de mesas en las que la cocinera comienza a colocar los cubiertos y las servilletas para el nuevo servicio.
"Hoy hay guiso de carne, he comprado 96 piezas de pollo", adelanta Ahmed, quien repite el mismo camino de la tienda al comedor de lunes a domingo para llevar alimentos frescos a la cocina. Algunos, la mayoría, los paga de su bolsillo; otros se los da Mercadona porque son productos a punto de caducar.
Su incansable vocación viene de lejos. Antes de abrir el local, su mujer y él acogían en su propio hogar a las personas que dormían en la calle para ofrecerles desayuno, comida y cena.
"Estuvimos así unos cuatro años, pero llegó un punto en el que el piso, con capacidad para seis personas, se quedó pequeño; venían hasta diez personas y muchas tenían que esperar fuera", recuerda.
De ahí nació la idea de alquilar el local. Lo gestionaron conjuntamente hasta la crisis de 2008, que golpeó tanto al barrio como a su proyecto solidario y obligó a escoger entre ambos.
Ahmed remueve el guiso de pollo que preparan para servir.
"Nos afectó a todos. Como era empresario, tuve que optar por uno de los dos y decidimos quedarnos con el comedor porque nos permitía atender a mucha más gente", comenta el tunecino.
Hoy gasta 2.000 euros mensuales en pan, arroz, verduras y carne halal para los 100 menús diarios, pero hace años llegaba a duplicar e incluso a triplicar esta cantidad.
Ahmed asegura que han llegado a servir "250 comidas diarias y, durante la pandemia de COVID-19, alcanzamos un pico de 370 menús al día. En esa época de crisis, la gente no podía entrar al local, por lo que les preparábamos la comida en bolsas individuales para llevar y la cola daba la vuelta a la manzana".
Posteriormente, la cifra bajó a 150 y hoy en día se han visto obligados a limitarla a un máximo de 100 menús diarios porque no disponen de fondos suficientes, pues el Ayuntamiento de Elche y el Club Rotary son sus únicos socios, por lo que casi la totalidad de los gastos los cubre de su bolsillo gracias a la venta de sus dos peluquerías y al alquiler de una jaima para eventos.
Ola antinmigración
Cuando empezaron con el comedor, el 95% de los usuarios eran españoles, pero hoy en día el 70% son inmigrantes latinos y africanos. Como migrante que ha ayudado durante décadas a españoles y a migrantes sin distinción, las oleadas antinmigración que se han desatado en buena parte de España le tocan muy de cerca.
"Entiendo que la inmigración actual genera debate, pero los jóvenes a menudo olvidan la historia; por ejemplo, en su momento más de 65.000 españoles emigraron a Argelia huyendo de las dificultades, y también muchos fueron acogidos en Túnez", indica
Y continúa subrayando que "las potencias europeas colonizaron nuestras tierras, extrajeron nuestras riquezas y no crearon infraestructuras ni enseñaron a la población a prosperar de manera autónoma. Al independizarse los países, es natural que la gente busque una vida mejor viajando hacia los países que anteriormente los conquistaron".
La cocinera corta las barras de pan para repartirlas entre los 100 comensales.
Él ha sufrido este racismo en sus propias carnes, incluso con gente a la que ha sentado en su mesa.
"Respecto a los brotes de odio y las manifestaciones contra la inmigración, considero que todo proviene de la ignorancia. Yo vivo aquí desde el año 1978 y me parece muy injusto que se me insulte a mí por sucesos como los que ocurren en las fronteras", declara.
"Me han dicho 'moro de mierda' gente a la que he dado de comer y hay personas que pasan por la acera de enfrente y nos dicen 'moros', pero poco más porque somos un comedor y ni siquiera cobramos", comenta.
Sin embargo, también cree que se debe priorizar la situación nacional antes que dar ayuda extranjera.
"El Islam nos enseña que se debe empezar por ordenar la propia casa y, si sobra, ayudar al vecino de la derecha, al de la izquierda y más allá. Si tu propio país pasa necesidad, no es lógico desatenderlo para ayudar fuera", recalca.
Ahmed ve a diario la precariedad que hay en España y asegura que la mayoría de las familias a las que lleva comida directamente a sus casas son españolas, no árabes.
Repartos a pie de calle
Y es que, además de la actividad diaria en el local, realiza repartos a diario de comida en una ambulancia que compró "a muy buen precio" a un amigo cuando quedó desfasada.
Ahmed conduce su ambulancia reconvertida desde Carrús a Los Palmerales para repartir comida a vecinos vulnerables.
"Llevo todos los días alimentos que están próximos a expirar pero que son perfectamente aptos para el consumo. Mercadona nos da pan y todo tipo de víveres. Seleccionamos lo que necesitamos para el comedor y el excedente lo cargo en la ambulancia para repartirlo personalmente a familias españolas necesitadas que me esperan a diario en el barrio de Los Palmerales de Elche", explica.
En el trayecto que separa el comedor del barrio, Ahmed asegura que Los Palmerales "tiene muy mala fama, pero se vive muy bien".
Él lo sabe bien, pues lleva en sus calles desde hace 43 años y es probablemente el vecino más querido. Cada día, sobre las 10:30 h, llega con la ambulancia llena de bolsas para repartir pollos asados, salmorejos, donuts, pizzas, bizcochos... y todo tipo de alimentos a los vecinos.
Ahmed entrega una bolsa con alimentos variados a una de sus vecinas en el barrio Los Palmerales de Elche.
Al ver el vehículo, de un amarillo apagado y descolorido por los años de servicio sanitario, los vecinos acuden a cuentagotas para recoger su ración diaria.
Ahmed llena las bolsas para cada uno calculando mentalmente en segundos quién necesita un bote extra si tiene un familiar enfermo en casa o una caja de dulces si tiene niños.
A los agradecimientos sinceros de quienes saben que tienen un vecino que es un tesoro también se cuela algún reproche o petición desmedida, a lo que el hombre responde con seriedad: "¿Qué más quieres?" o "Esto no es un supermercado".
Cuestionado sobre de dónde saca fuerzas para hacer el mismo recorrido a diario sin ni siquiera tener la garantía de ser recompensado con un gracias, Ahmed sostiene que no quiere que le den las gracias, "y si me las dan les digo que se las den a Dios por ponerme en su camino. Todos somos familia porque venimos de Adán y Eva, da igual si uno viene de España o de Túnez".
El último vecino es el que más recibe y se lleva tres bolsas repletas. "Él vive con 20 familiares en el mismo edificio", dice Ahmed antes de arrancar la ambulancia y deshacer el camino. Son las 12:00 h y está a punto de comenzar el servicio en su comedor de Carrús.
