La ocupación de una vivienda esconde secuelas en muchas ocasiones olvidadas que se extienden durante los meses e incluso años posteriores a la recuperación del inmueble. Tamara Jiménez y su familia lo saben bien. La ilicitana ha estado tres años luchando por recuperar una casa que ahora encuentra revuelta, sucia, destrozada, irreconocible... Y que necesita de unas obras que alargarán su regreso a la vez que consumen sus ahorros familiares.
La historia de Tamara es la de muchas víctimas de la inquiocupación: una vivienda, un alquiler a muy buen precio a una persona o familia que parece solvente y un choque de realidad al descubrir que poco o nada puede hacer cuando los inquilinos se niegan a abandonar la vivienda.
Tras divorciarse, decidió mudarse al piso de sus padres en Altabix, en Elche, un inmueble de 100 metros cuadrados con dos baños, una amplia cocina, una terraza, ascensor y plaza de aparcamiento al lado de la Universidad Miguel Hernández de Elche.
Pero la familia que estaba de alquiler truncó sus planes al negarse a abandonarlo. Antes de que se ejecutara el desahucio, la familia fue declarada vulnerable, ampliándoles el tiempo para marcharse y obligando a la ilicitana a vivir con sus hijos en un pequeño cuarto lleno de cajas en casa de sus padres.
Tamara Jiménez y una habitación de casa de sus padres repleta de cajas.
La presión mediática de su historia, recogida en este diario, agilizó el proceso de desahucio y el pasado mes de mayo pudo recuperar la vivienda de sus padres. O lo que quedaba de ella.
Destrozos tras la ocupación
La alegría por la entrega de las llaves fue contenida debido a la magnitud del problema que hallaron tras entrar en la que un día iba a ser su casa.
Tras tres años de ocupación, poco o nada quedaba del piso que conocían y en el que sospechan que han estado alquilando habitaciones.
"Nos encontramos la casa literalmente destrozada. Las paredes estaban pintadas, había preservativos tirados, las puertas rotas a puñetazos y la suciedad era tan extrema que no dejé entrar a mis hijos por cuestiones de salud. Se llevaron prácticamente de todo. Hemos tenido que cambiarlo absolutamente todo: persianas, puertas, ventanas, los baños completos (tirando incluso la bañera) y la cocina entera", lamenta la afectada.
"Llevamos gastados más de 20.000 € y calculamos que alcanzaremos los 30.000 € en reformas, además de otros 20.000 € que nos han dejado a deber de alquiler. Todo esto lo están pagando mis padres, que son los propietarios originales y quienes se están haciendo cargo de toda la reforma", indica.
Debido a la insolvencia de la inquilina, los dueños deben asumir todos los costes de reparación y las deudas acumuladas sin esperanza de compensación.
Tamara sostiene que los abogados le han dicho que "no sirve de nada denunciar a la inquilina porque es considerada una persona vulnerable. Al no tener propiedades y recibir únicamente ayudas sociales que no se pueden embargar, no tenemos nada que rascar ni posibilidad de recuperar el dinero".
Si el golpe al ver el estado de su casa fue grave, aún lo es más el impacto emocional y físico que está suponiendo este trance para la familia.
Más allá de las cuantiosas pérdidas económicas, la situación ha dejado graves secuelas psicológicas y de salud a la familia.
"A causa del sufrimiento y la tensión acumulada, a mi padre le dio un infarto y un ictus, por lo que requiere medicación constante para relajarse. Mi madre y yo hemos quedado muy afectadas psicológicamente, y mis hijos —una adolescente y un niño pequeño— han sufrido al no tener su propio hogar ni habitación durante tres años", apunta la afectada.
"Hemos tenido que vivir hacinados en una sola habitación en casa de mis padres. Además, nuestras pertenencias han estado guardadas en cajas en el campo de mala manera y muchas cosas se han echado a perder y están para tirar", añade.
La inseguridad
A ello se suma la incertidumbre de la fecha en la que podrán volver a su casa, una vez que esté en condiciones, y la alargada sombra de inseguridad que pesa sobre la familia.
"Vamos haciendo reformas poco a poco. Lo primero que hicimos al recuperar la casa fue instalar una alarma porque no nos fiábamos de ella (la madre de familia), ya que nos mintió y se quedó con una copia de las llaves de abajo. Y sabemos que ha estado vigilando", comenta Jiménez, quien ya cuenta los días para dejar atrás esta situación y poder entrar en lo que un día iba a ser su nuevo hogar.
