Alicante

Fue una de las políticas más criticadas durante la etapa de Francisco Camps como presidente de la Generalitat Valenciana: la proliferación grandes eventos por toda la Comunidad, con pruebas deportivas específicas vinculadas a cada provincia y un gusto permanente por la pompa y el boato que cada mes de enero cristalizaba en una feria internacional de turismo de Madrid (Fitur) que se asemejaba más al casting para una película de Berlanga que a un evento de promoción internacional.

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El actual jefe del Consell, Ximo Puig, hizo bandera de su rechazo a esta dinámica, con una frase que todo el PSPV asumió como propia: "Nuestros grandes eventos son las fiestas". La constante confrontación política y la crisis económica de 2008 acabaron por cimentar unas políticas de austeridad que no casaban con la extravagancia que suele venir aparejada a este tipo de actos multitudinarios. La estética del momento exigía otra cosa. 

Lo cierto es que el problema de aquella política no era tanto de imagen como de retorno: no quedaba claro que el coste que tenían para las arcas públicas se compensanse con su impacto, al menos en el medio plazo.

Así lo entendían algunos empresarios, quienes incluso clamaron contra el desembolso público de forma muy notable. El presidente de la patronal turística de Benidorm (Hosbec), Toni Mayor, llegó a pedir la "dimisión en bloque" de todo el Consell por los costes de la Fórmula 1 en Valencia. El contrato de la carerra expiró en 2013 y, desde entonces, el circuito está claururado.

Mirándolo con restrospectiva, no se puede decir que la majoría turística de aquella época en la Comunidad Valenciana se pudiese desvincular al crecimiento general del país, que en una década escaló posiciones hasta convertirse en el segundo más visitado del mundo. Pero también es verdad que esta estrategia tenía sus beneficios, como por ejemplo potenciar la imagen de marca en un mercado cada vez más globalizado.

El ¿retorno?

Podría decirse que los grande eventos o, al menos, su espíritu, nunca se ha acabado de ir del todo en la Comunidad Valenciana. En el caso de Alicante, de manera literal: la Vuelta al Mundo a Vela es heredera directa de la Volvo Ocean Race, y de hecho tiene contrato en vigor hasta la temporada 2025/2026. La última salida fue hace un mes.

La ciudad, de hecho, acoge un museo permanente de la regata, para intentar prolongar su impacto durante todo el año. Según un estudio de la consultora PwC, este evento dejó en su última edición un efecto positivo de 41 millones de euros sobre la recaudación fiscal a nivel nacional, unos 350.000 visitantes y 10.000 noticias sobre la ciudad en prensa.  

Otro gran evento estrella de la era Camps que puede volver es la Copa América, para la que el Real Club Náutico de Valencia ha presentado su candidatura. En este caso concreto el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, ha dicho que apoyaría "cualquier evento que se haga en términos de racionalidad y que pueda servir para dinamizar la economía".

Pero también añadió que tenía que ser algo "con los pies en el suelo, sabiendo las dificultades que tenemos en el plano económico". En este sentido, el alcalde de Valencia, Joan Ribó, recordó que el consistorio tiene todavía opendiente el pago de 12 millones correspondientes a la Copa América de 2007. Y añadió en declaraciones a Europa Press: "El evento fue importante, pero tuvo unos costes para la ciudad muy elevados"

La última propuesta una idea del propio Puig, tal como reconoció el presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tornero, este jueves: rescatar el festival de la canción de Benidorm con tres galas vinculadas a la selección del candidato a Eurovisión.

El movimiento de Puig tiene todo el sentido del mundo desde el punto de vista promocional: el festival es lo más visto del año en el ente público, y todos sus eventos relacionados tienen una cuota por encima de la media. Pero eso no quita que, desde un punto de vista ideológico, suponga cierto giro que nos retrotrae a una época a la que creíamos que nunca íbamos a volver.