J. Meseguer
Alicante
Publicada

El océano ocupa más del 70% de la superficie del planeta, pero sigue siendo uno de los grandes desconocidos de la ciencia. Buena parte de sus regiones más alejadas continúan fuera del alcance de las campañas oceanográficas tradicionales, limitadas por los elevados costes operativos y las dificultades logísticas que supone mantener buques científicos en zonas remotas durante largos periodos de tiempo.

Con esa realidad como punto de partida nació hace más de dos décadas el programa científico de The Ocean Race, la vuelta al mundo a vela que ha convertido a sus embarcaciones en una red flotante de observación oceanográfica capaz de recoger información en lugares donde los investigadores apenas pueden llegar.

La idea es tan sencilla como ambiciosa: aprovechar las rutas de competición para instalar equipamiento científico a bordo de los veleros y obtener datos de manera constante mientras cruzan algunos de los mares más inaccesibles del planeta. Gracias a ello, la regata se ha convertido en una herramienta complementaria para la comunidad científica internacional.

Los barcos navegan durante meses atravesando océanos, conectando continentes y pasando por zonas donde las observaciones son escasas. Esto permite obtener mediciones que los buques oceanográficos tienen mucho más difícil recopilar debido a las limitaciones presupuestarias y operativas que implica una cobertura global de semejante magnitud.

Durante las regatas, los equipos registran parámetros considerados esenciales para entender la evolución del océano y su relación con el clima. Entre ellos figuran la temperatura de la superficie del mar, la salinidad, la concentración de dióxido de carbono disuelto y los niveles de oxígeno.

Para ello, el agua marina se introduce a través de sistemas instalados en la quilla de los barcos y atraviesa diferentes sensores que realizan mediciones continuas. En una sola jornada pueden recogerse hasta 25.000 registros de datos, que posteriormente son enviados vía satélite y compartidos con instituciones científicas de todo el mundo.

La información obtenida resulta especialmente valiosa para mejorar los modelos climáticos y comprender cómo está respondiendo el océano al calentamiento global. Los mares absorben una parte significativa del exceso de calor generado por la actividad humana y desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima terrestre.

La búsqueda de los microplásticos

Otro de los pilares del programa es el seguimiento de la contaminación por plásticos. A diferencia de otros sensores que transmiten resultados prácticamente en tiempo real, las muestras de microplásticos requieren un proceso más complejo. Durante la competición, las tripulaciones recogen muestras de agua de forma periódica, pero estas no se analizan directamente a bordo.

Las muestras son enviadas posteriormente a laboratorios especializados, donde los científicos detectan, clasifican y cuantifican las partículas presentes. El objetivo es determinar qué tipos de plásticos están llegando al océano, cómo se distribuyen geográficamente y de qué forma son transportados por las corrientes marinas.

: Boyas microplásticos. The Ocean Race

Los datos obtenidos sirven para elaborar mapas de contaminación y mejorar el conocimiento sobre una amenaza que ya afecta a ecosistemas marinos de todo el planeta. Precisamente, uno de los descubrimientos más significativos del programa científico llegó durante la edición 2017-18 de la regata, cuando las muestras recogidas revelaron la presencia de microplásticos en Punto Nemo.

El hallazgo de Punto Nemo

Punto Nemo está considerado el lugar más aislado del océano. Situado en el Pacífico Sur, se encuentra a unos 2.688 kilómetros de la tierra firme más cercana, razón por la que se le conoce como el polo oceánico de inaccesibilidad.

Durante mucho tiempo se consideró uno de los espacios más intactos y remotos de la Tierra. Por ello, la detección de microplásticos en estas aguas supuso un impacto considerable para la comunidad científica y para la opinión pública.

El hallazgo demostró que la contaminación por plástico había alcanzado incluso algunas de las zonas más alejadas de la actividad humana directa, evidenciando la capacidad de estos residuos para dispersarse a escala planetaria.

Desde entonces, los datos obtenidos en distintas ediciones de The Ocean Race han contribuido a ampliar el conocimiento sobre la presencia de fibras plásticas en los océanos y sobre los intercambios de dióxido de carbono entre la atmósfera y el mar, especialmente en regiones tan relevantes como el Océano Austral.

ADN ambiental para medir la vida marina

La iniciativa científica no se limita al estudio del clima o de la contaminación. Uno de los ámbitos más innovadores del programa está relacionado con la biodiversidad marina.

Los equipos también recogen muestras de agua destinadas al análisis de ADN ambiental, conocido internacionalmente como eDNA. Se trata del material genético que organismos marinos dejan de forma natural en el agua a través de células, restos biológicos o microorganismos.

El análisis de ese material permite obtener una fotografía de la biodiversidad presente en una determinada zona sin necesidad de capturar ejemplares. Gracias a esta técnica, los investigadores pueden detectar especies, seguir cambios en los ecosistemas y analizar cómo la crisis climática está alterando la vida marina en diferentes regiones oceánicas.

La combinación de datos físicos, químicos y biológicos convierte al programa de The Ocean Race en una de las plataformas de observación marina más completas ligadas a un acontecimiento deportivo.

Alicante, centro de observación permanente

La dimensión científica de The Ocean Race no se limita a las travesías oceánicas. Su sede global, ubicada en el Muelle 10 del Puerto de Alicante, se ha convertido también en un espacio para desarrollar proyectos de monitorización ambiental continuada.

Allí se ha instalado el primer nodo operativo de POSINODE, un sistema desarrollado por la empresa alicantina Mediterranean Algae para realizar un seguimiento en tiempo real de la calidad del agua.

Mapa de microplasticos. The Ocean Race

La tecnología emplea una estación de telemetría conectada a una plataforma digital capaz de recopilar y procesar información sobre parámetros fisicoquímicos, nutrientes y contaminantes presentes en el entorno marino.

Para The Ocean Race, la iniciativa representa una extensión natural de la filosofía que inspira su programa científico: generar conocimiento útil para comprender mejor el océano, tanto en las regiones más remotas del planeta como en espacios costeros sometidos a una intensa actividad humana.

El proyecto tiene además una vocación internacional. POSINODE nació en Alicante como el primer nodo de una futura red que prevé extenderse a más de 30 puertos y marinas repartidos por el Mediterráneo y el Atlántico. El objetivo es crear un sistema de observación capaz de aportar datos continuos sobre la calidad ambiental de las aguas costeras y facilitar una gestión más eficiente y sostenible de estos enclaves estratégicos.

Mientras los veleros de The Ocean Race continúan surcando los océanos del mundo, millones de datos siguen llegando a científicos e instituciones internacionales. Una carrera deportiva convertida, también, en un gigantesco laboratorio flotante desde el que observar los cambios que experimenta el planeta azul.