Jorge Crivillés no es un nadador convencional. Su historia en el agua no comenzó con medallas infantiles, sino con una dolencia de oficina. "Empecé a nadar en 2009 por un problema de espalda", explica el deportista de Alicante. En aquel entonces, trabajaba como visitador médico y sufría de protusiones y lumbalgias "eternas" que incluso le impedían entrar al coche por el dolor.
La solución estaba en el agua, pero sus primeras brazadas en una piscina de 20 metros fueron frustrantes: "A mitad de piscina me tenía que parar porque no podía, no sabía respirar mientras nadaba. No sabía nadar, básicamente".
Por eso, a pesar de su actual estatus como nadador de ultra distancia, Jorge reconoce que sus inicios fueron complejos. "Tenía la friolera de 39 años. Soy un nadador tardío, pero muy tardío", reconoce mientras recuerda para EL ESPAÑOL sus inicios paseando por el paseo volado del puerto.
Su progresión fue meteórica tras ponerse en manos de profesionales como la olímpica Serrana Fernández. Lo que empezó como una terapia se convirtió en una pasión tras su primera travesía en el mar, en El Pinet. "Tuve una revelación y pensé: 'Este es mi deporte'. La sensación fue tan alucinante, pese al agua fría y las medusas", recuerda sobre aquel momento que cambió su vida.
Así fue nadando sin parar y consiguiendo ser el primer español en completar lo que se conoce como el desafío de los Siete Océanos. Era enero de 2020 y nadie sabía que el mundo se iba a parar. Y menos él, aunque concede que "mi cabeza necesitaba un cierto parón, un kit-kat, porque habían sido 14 años continuos sin parar ningún año, haciendo un reto por año o incluso más de uno".
Este descanso, apoyado por su patrocinador Asisa, ha sido fundamental para evitar el agotamiento o quemarse. "Es fundamental dentro del entrenamiento saber lo que es el descanso", afirma Jorge, quien recalca que a sus 54 años la recuperación física no es la misma que hace una década, aunque ahora cuenta con la ventaja de la experiencia.
Ahora, con las energías renovadas, se prepara para un desafío extremo. El que tenía rondando su mente desde entonces seguía una idea, la llamada Triple Corona del Fin del Mundo. Sus planes arrancan este próximo abril en Argentina, donde se enfrentará al Río de la Plata, una travesía de entre 35 y 42 kilómetros conocida por sus fuertes corrientes y aguas turbias.
El reto no termina ahí, ya que la Triple Corona incluye dos de los escenarios más gélidos y peligrosos del planeta: el Canal Beagle, con aguas subantárticas de entre 7 y 10 °C, y el Estrecho de Magallanes. Este último es considerado la prueba de fuego definitiva, con temperaturas que oscilan entre los 2 y 5 °C y mareas violentas.
Para Jorge, enfrentarse al frío es parte del juego. "El agua fría está ahí y es cuestión de aclimatar el cuerpo, perderle el miedo al frío y enfrentarte a él", explica con la serenidad que le dan los años. A pesar del peaje físico de la edad, asegura que "esa otra parte de experiencia es la que contrarresta" las dificultades de la recuperación.
"Creo que tengo el síndrome de Peter Pan porque ahora estoy metido ya en esto", bromea sobre su incansable espíritu competitivo. Con la mirada puesta en el sur del continente americano, Crivillés demuestra que nunca es tarde para lanzarse al agua.
