Alicante

Pasan los meses y la nómina de embajadores del Hércules en el año de su centenario se va llenando de nombres ilustres que han dejado huella en diferentes etapas. No podía faltar en la lista la saga de los Varela, que ha defendido durante dos décadas el escudo del club. Tanto el padre, Pepe, como el hijo, Alejandro, lograron éxitos deportivos, pero sobre todo supieron recibir y transmitir un legado de respeto y pasión por los colores blanquiazules.

Emocionados, padre e hijo han recibido este jueves, en la sala de prensa del estadio Rico Pérez, la camiseta conmemorativa como embajadores del centenario de la mano de Manuel Palomar, presidente de la Comisión, y de Ramón Pérez, periodista e historiador.

"Es un orgullo inmenso para los dos", afirmó Pepe Varela, quien ha querido compartir su momento de gloria con los compañeros de su generación que ya han fallecido, como Humberto, Sarrachini o Zamora. El excentrocampista hispano-argentino militó durante tres temporadas en el Hércules, ascendiendo a Primera en la temporada 1973-74 con Arsenio como entrenador.

Pepe Varela, actual presidente de la Asociación de Veteranos del Hércules, protagonizó una de las imágenes más icónicas del club en su historia al acompañar a su amigo Humberto en su camino de rodillas desde el área hasta los vestuarios de El Sadar en Pamplona. "Estoy orgulloso de que se acuerden de mí después de tantos años y de poder representar a esta institución", ha añadido.

Competir por el palmarés

Alejandro, por su parte, no ha ocultado que su padre siempre fue el modelo a seguir. Ha negado que haya existido una sana rivalidad entre ambos por conocer quién tiene mejor palmarés, aunque sí ha confesado que Pepe siempre intentó motivarle "para que le superara". "Cuando debuté me dijo que él había logrado un ascenso. Y cuando ascendí que él había jugado en Primera", ha desvelado el excanterano, actual miembro de la secretaría técnica del club, quien militó durante cuatro temporadas en el Hércules, tres en una primera etapa, en la que logró subir a Primera en el curso 1995-96, y otra más posteriormente.

"Esto es algo muy bonito. Lo que más me emociona de este acto es poder compartirlo con mi padre, siento un orgullo mayúsculo", ha apostillado Alejandro, quien da por finalizada la saga Varela en el Hércules. "Ya está bien con nosotros dos", ha bromeado el técnico, quien confía, al igual que su padre, en que el Hércules del presente pueda levantar el vuelo para ofrecer una alegría deportiva en el año del centenario.

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