Héctor Álvarez ya tiene la medalla que le faltaba. El alicantino, corredor del Lidl-Trek, se ha proclamado campeón de Europa sub-23 en ruta en Liubliana (Eslovenia) apenas dos semanas después de conquistar la plata y el bronce en los Mundiales de Montreal. Lo hace, además, en su última carrera en la categoría, por lo que abandona definitivamente el pelotón de las promesas con un oro europeo colgado del cuello.
El alfasino es un corredor especialmente preparado para este tipo de pruebas. Carreras de un día, rápidas, nerviosas y en las que hay que saber estar delante cuando llega el momento decisivo, estar listo y, sobre todo, muy completo. Tiene ADN de clasicómano. En el Europeo, la velocidad media estuvo cerca de los 50 kilómetros por hora y el alicantino volvió a demostrar que se mueve bien en ese escenario.
"Ha sido una carrera muy rápida desde el principio. Quiero darles las gracias, se han dejado la piel por mí", explicó después de la carrera. El nuevo campeón de Europa quiso acordarse también de los compañeros con los que compartió selección en Montreal.
Allí, hace apenas unos días, España trabajó para él y Álvarez respondió con dos medallas, el bronce en la contrarreloj y la plata en la prueba en ruta. "Toda la selección ha trabajado para mí, ha confiado en mí y qué mejor manera de devolvérselo en mi última carrera en ruta que con este maillot", señaló tras bajar el podio el alfasino.
La cosecha mundialista, sin embargo, no terminó de satisfacer al alfasino. Pese a las dos medallas, Álvarez aspiraba al arcoíris en la prueba en ruta y la plata le dejó con la sensación de que podía haber conseguido algo más. La decepción, eso sí, apenas le duró una semana. El Europeo le ofrecía una nueva oportunidad y esta vez no la dejó escapar.
El oro europeo completa así una temporada internacional que difícilmente podía haber tenido un mejor final. Plata y bronce en el Mundial y ahora campeón de Europa. Tres medallas en dos grandes campeonatos y la despedida de una categoría en la que ya había dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad.
El nombre de Héctor Álvarez lleva tiempo sonando en el ciclismo español. En 2024 terminó como número uno del ranking mundial junior, un logro que ningún corredor español había conseguido antes. Ganó 20 carreras durante aquella temporada y empezó a llamar la atención de los grandes equipos.
Pero su historia no empezó en los grandes escenarios. Empezó en Alfaz del Pi, en el Club Ciclista Alfaz que dirige su padre, Luis Gerardo Álvarez. Allí se formó Héctor y también lo hizo Juan Ayuso, otro de los grandes talentos que ha dado esta escuela alicantina. Su padre lleva años trabajando con jóvenes corredores y conoce bien el camino que hay que recorrer hasta llegar al profesionalismo.
"Es una pasada. Toda la vida sacando chavales y de repente que te salga uno así y que encima sea tu hijo", explicaba Luis Gerardo en una entrevista a El Español después de aquella temporada en la que Héctor terminó como número uno mundial.
Antes de convertirse en una referencia internacional en carretera, Álvarez también dejó su sello en la pista. Fue doble campeón de España de omnium y madison y campeón de Europa de omnium en su primer año como junior. Después llegó aquel 2024 de veinte victorias, el salto al Lidl-Trek y una progresión que ahora le sitúa a las puertas del máximo nivel.
El Europeo pone punto final a su etapa sub-23. Se va con un oro que completa una colección en la que también están la plata y el bronce mundialistas. Se va, sobre todo, dejando atrás la condición de promesa con la que empezó a hacerse un nombre.
Ahora le toca otra parte del camino. Ya no la de los jóvenes que buscan hacerse un sitio. La del pelotón profesional, donde tendrá que demostrar que todo lo que ha conseguido hasta ahora era solo el principio.
