Alicante
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El Puerto de Alicante conmemora un hito fundamental en su vertebración moderna: el 125 aniversario de la constitución de la Junta de Obras del Puerto en 1901, organismo antecedente de la actual Autoridad Portuaria. Para celebrarlo, los comisarios David Beltrá, Martín Alía y Verónica Quiles han diseñado una ambiciosa propuesta expositiva dividida en dos sedes emblemáticas.

Por un lado, la Casa de la Concordia acoge la muestra documental e histórica Cuando el mar se hace puerto, visitable hasta el 28 de febrero de 2027. Por otro, la Sala Luceros de la Lonja de Pescado exhibe hasta el 8 de noviembre la memoria artística y patrimonial del recinto.

"Hemos querido hacer una visión histórica y humana, de lo local a lo global, que habla de Alicante en la relación puerto-ciudad y con toda su provincia", subraya el coleccionista e investigador David Beltrá.

La muestra documental bucea en la consolidación de Alicante como el gran canal marítimo del interior peninsular, especialmente tras la inauguración de la línea férrea Madrid-Zaragoza-Alicante en 1858. "Alicante era el puerto de la Corte porque jugó ese papel durante el siglo XIX de una forma muy importante", explica Beltrá.

En ese contexto socioeconómico surgieron instituciones clave como la Cámara de Comercio (1887) y la propia Junta de Obras (1901), entrelazadas con los espacios de sociabilidad del Real Club de Regatas y el Real Casino.

"¿Cómo le llamaba el pueblo de Alicante a la gente que hacía dinero con la importación? La aristocracia del bacalao", detalla Beltrá con simpatía sobre la relevancia del bacalao inglés, el carbón o la madera en la economía local.

Entre los documentos expuestos destacan facturas comerciales de familias consignatarias como los Campos o los Romeu, junto a carnés de baile de 1911. En ellos, las jóvenes anotaban con lápiz los bailes acordados como el rigodón o el vals. "Es como cerrar el círculo de esa aristocracia económica", apostilla el comisario.

Las 4 maletas de la memoria

La exposición muestra cómo el puerto no solo importaba tabaco, petróleo para las refinerías o los famosos plátanos de Canarias, sino que servía de lanzadera para los productos Made in Alicante. Cajas de turrón de Jijona con destino a Santiago de Cuba (1875), pimentón de Novelda para Buenos Aires o azafrán bajo marcas como Puerto de Bombay atestiguan ese impacto global.

Para reflejar el factor humano, Beltrá ha dispuesto cuatro maletas y baúles tipo histórico que simbolizan perfiles sociológicos concretos. En el primero está la viajera del siglo XIX: Un baúl con indumentaria femenina que evoca las crónicas de pioneras como la Condesa de Gasparín.

El emigrante es el siguiente. Una maleta de quienes partían al norte de África o Argentina llevando consigo el libro de Gastronomía alicantina de José Guardiola y Ortiz, una navaja o papel de fumar.

El turista del siglo XX, antes de la llegada de los cruceristas del XXI, tiene también su lugar. Lo representa con billetes de pasaje, juegos de mesa y sombreros de época.

El comerciante global cierra este apartado. Es la maleta del emprendedor alicantino que cruzaba el canal de Suez o Panamá para vender los productos de la tierra.

La Casa de la Concordia, el que fuera antiguo edificio de sanidad marítima, exhibe patentes de sanidad y pasaportes de 1840 sin fotografía. "Eran como los pasaportes COVID de la época; describían al viajero con detalle: edad, pelo castaño, ojos pardos y color sano", apunta Beltrá.

Reencuentro con Gastón

En el apartado artístico, coordinado por Martín Alía en la Lonja de Pescado, el público asiste a un hito inédito: la reunión simultánea de un lienzo de 1945 y dos mosaicos de 1961 del célebre pintor Gastón Castelló.

"El cuadro Los trabajos en el puerto pertenece sin duda a la obra más fecunda de Gastón Castelló", resalta Alía sobre el lienzo alegórico con operarios portuarios y una madre despidiendo a un trabajador.

Alía recuerda con emoción cómo en 1994, siendo un joven catedrático de dibujo, rescató personalmente esos dos mosaicos de la pared exterior del antiguo dispensario médico en ruinas.

El primer camión cuba

"Mientras los sacábamos de la pared, se acercó una señora y me dijo que era hija de un gran amigo de Gastón Castelló. Resultó que de joven ella misma había posado como modelo para las figuras femeninas de los lienzos originales", revela Alía sobre aquella coincidencia.

La exposición artística destaca por estar impregnada de historias vivas contadas por los propios trabajadores portuarios. Entre los objetos exhibidos figura el primer camión cuba que llegó a Alicante a principios del siglo XX.

"Este camión estuvo activo hasta 1970. El propio último conductor que lo llevó vino a visitar la exposición por la mañana para contarnos sus vivencias", comparte Martín Alía.

La luz del farero

Ocurrió algo similar con una campana naval de 1860 que presenta una grieta. Los veteranos del puerto explicaron al comisario que estuvo colgada en la esquina del recinto para dar las señales horarias de trabajo hasta que se cayó y se rompió.

La muestra se completa con obras de Pérez Gil, Dolores Balsalobre con siete lienzos dedicados a los faros de la provincia y del propio Martín Alía, además de una pieza patrimonial estelar: la linterna de cristal fabricada a mano del antiguo faro de la bocana del puerto, montada sobre la base restaurada del faro del Cabo de San Antonio.

"Es el reflejo de que esta doble exposición habla de una cosa muy viva que forma parte indiscutible de la identidad de Alicante", concluye Alía.