Alicante
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El 11 de septiembre de 2001 el mundo pareció cambiar para siempre con los atentados a las torres gemelas de Nueva York. El 11S marcaba un antes y un después en cuestiones de seguridad que se replantearon por la facilidad con que se saltaron. Este 2026 los museos de Europa están sufriendo su particular calvario con la oleada de robos de la que alertaba Europol y que, en el caso de España, han tenido víctimas de primera línea como el tesoro de Villena.

El inicio del nuevo curso artístico en el que los gestores están acostumbrados a trabajar con años de antelación les obliga a evaluar en qué va a cambiar el sector ahora. Lejos de provocar una parálisis, la situación se interpreta entre los profesionales del sector como una nueva realidad logística a la que todas las instituciones deben adaptarse.

Para analizar el alcance real de esta etapa, EL ESPAÑOL ha recabado la visión de tres gestores de colecciones que ejercen su labor en los niveles local, provincial y autonómico en la Comunitat Valenciana. Debido a la sensibilidad técnica de las medidas abordadas, los tres profesionales intervienen bajo la condición expresa de guardar el anonimato y no figurar con sus nombres ni recintos de referencia.

El sector coincide en señalar que este escenario marca una inflexión similar a las pautas impuestas en el transporte global a principios de siglo. "Esto es exactamente como ocurrió con las medidas de seguridad tras el 11S; el sistema se tiene que adaptar", reflexiona el responsable autonómico.

"Lamentablemente, el ser humano reacciona cuando recibe el golpe. Si le entran a robar al vecino, pones la alarma. Para aprender, reaccionamos a partir de sucesos que ya han ocurrido", añade.

Desde la escala provincial, las advertencias de los organismos policiales dibujaban un contexto criminal cada vez más articulado. "Lo de Villena es la gota local de una tendencia internacional", indica el gestor provincial. "Los informes de Interpol y Europol muestran que son bandas profesionales del crimen organizado que buscan financiación rápida para el tráfico de armas o el narcotráfico, y acuden a colecciones donde fundir metales nobles de forma inmediata".

El filtro a las cesiones de obras

La consecuencia más palpable de este nuevo contexto no es el bloqueo, sino una selección mucho más rigurosa de los recintos receptores a través del conocido en inglés como Facility Report, el informe técnico de las instalaciones.

"Se va a diferenciar claramente entre los museos consolidados y las casas de cultura o museítos", subraya el responsable autonómico. "Las instituciones no van a ceder cuadros a centros culturales que no tengan seguridad de 24 horas y van a ser de lo más estrictas".

¿Quién puede pagar eso? Adaptar las instalaciones a estos requerimientos supone esfuerzos presupuestarios específicos antes de albergar grandes colecciones. En las ciudades de Valencia y Alicante lo están viviendo ahora mismo con la llegada de la colección de Joaquín Sorolla de la Hispanic Society de Nueva York y la de la Casa de Alba a Cigarreras.

"Cuando me encomendaron llevar obras de primera fila a un recinto municipal, lo primero que pedí al Ayuntamiento fue una licitación para reforzar cámaras, circuito cerrado y vigilancia de 24 horas", explica el gestor autonómico. "Sin eso, el seguro de la institución prestadora no lo permitía. Tuvieron que destinar 600.000 euros exclusivamente a esa adaptación". En Alicante han destinado 1,18 millones a la adaptación de la nueva área internacional.

La disponibilidad de recursos de seguridad presenta limitaciones estructurales cuanto más pequeño es el centro. "Muchos espacios municipales no disponen de empresas privadas ni de vigilancia las 24 horas por su elevado coste, y dependen de la policía local", reconoce otro gestor. "Salvo excepciones puntuales, en la provincia casi ningún museo cuenta con la figura de un jefe de seguridad o un ingeniero especialista en plantilla".

¿Quién lo paga?

El encarecimiento de los fletes y la rigidez de los seguros se asumen como factores inevitables en la planificación de grandes muestras. "Las exposiciones internacionales de cierto nivel van de medio millón de euros hacia arriba, situándose entre los 700.000 y 800.000 euros", argumenta uno de los técnicos. "Si se quiere esa muestra, hay que poner el presupuesto necesario o asumir que habrá museos que determinarán que ciertas piezas no saldrán de sus salas".

Y para que salgan hay que pagar bien. "Lo que sube una prima de seguro es la frecuencia del riesgo", apunta el responsable autonómico. "Para un traslado internacional de relevancia, las aseguradoras exigieron dividir la colección en tres fletes distintos. Tres aviones diferentes para evitar la pérdida total en caso de catástrofe, lo que encarece el transporte, pero se asume como condición".

Se trata de presupuestos que solo se pueden permitir los museos de más renombre, los que juegan en la liga nacional e internacional. Esos son también los que están en las capitales, así que fuera de ellas, será difícil que lleguen obras capaces de crear grandes colas de asistentes. "Los grandes seguirán igual", coinciden los tres.

El impacto en la política

Este 11S llega en el inicio de un curso político intenso porque en 2027 hay, al menos, elecciones locales y municipales. El robo del tesoro de Villena ha generado tensión entre las diferentes administraciones que se echan en cara lo que se ha hecho y lo que no.

Este jueves el Ministerio de Cultura convocaba a representantes de las Comunidades Autónomas, la Guardia Civil y la Policía Nacional. Y ahí el director gerente del Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, Nicolás Bugeda, criticaba que "se ha perdido una oportunidad magnífica para avanzar en materia de seguridad. No hay nada nuevo sobre la mesa".

Al igual que en 2001 el foco se puso en evitar otra jornada fatídica, ahora se pide lo mismo. Por eso los gestores coinciden en "pedir apoyo económico para los municipios" porque la seguridad no es gratis y una mejora de la comunicación "porque la información del Gobierno llega tarde y falta coordinación".

¿Se ha aprendido?

La peor lección del 11S llegó cuando los atentados masivos siguieron y provocaron muchas muertes en otras ciudades. ¿Se puede aprender de esta oleada de robos y establecer acciones? Uno de los gestores es pesimista. "Políticamente esto no ha calado en la clase dirigente. Nadie ha entendido la gravedad de perder patrimonio", sostiene. "Los responsables se ponen el chaleco para la foto de un incendio, pero no han dado la cara ante la ciudadanía tras este suceso".

Finalmente, las fuentes enfatizan que la seguridad del patrimonio va mucho más allá de la prevención de hurtos. "Los sistemas de seguridad deben cubrir mucho más que el robo", concluye el gestor municipal. Eso quiere decir riesgos como inundaciones, danas o fallos de climatización. Y ahí recuerdan que "es incomprensible que almacenes que custodian colecciones públicas sigan ubicados en sótanos, expuestos a riadas. Si se pierde una pieza única, la pérdida para la sociedad es irreversible".