La didáctica museística en el siglo XXI ya no consiste en pasear a grupos de escolares frente a vitrinas polvorientas ni en rellenar fotocopias al terminar el recorrido. El Museo Arqueológico de Alicante (Marq), reconocido con el prestigioso premio europeo DASA a la mejor didáctica y responsabilidad social por su trayectoria de dos décadas, ha consolidado una fórmula revolucionaria.
Transforman las aulas en laboratorios de investigación y utilizan sus propios descubrimientos arqueológicos y sus grandes exposiciones internacionales. "El Marq no es un centro de exhibición, es un centro de investigación", defiende con firmeza Gema Sala, responsable de la unidad de Didáctica del museo.
Bajo esta premisa, el equipo que completan Chema Galán, Rafael Moya y Encarnación Hernández, ha diseñado una ambiciosa programación otoñal para docentes y alumnos que bebe directamente de la vanguardia científica, incluyendo hallazgos de primer nivel analizados en colaboración con instituciones de la talla del Instituto Max Planck de Alemania.
La gran diferencia del modelo pedagógico del Marq es su capacidad para trasladar la investigación científica en curso directamente al profesorado y a las aulas. A partir de octubre, el museo impartirá cuatro cursos de formación para docentes, gratuitos y certificados con 10 horas oficiales por la Conselleria de Educación a través del CEFIRE.
Estos cursos, limitados a grupos muy reducidos de entre 25 y 30 personas para garantizar una formación personalizada y alejada de las conferencias masivas, destacan por estar basados en investigaciones propias de la institución.
Entre ellos destaca el dedicado a los jinetes de las estepas alicantinas de la Vega Baja. Basado en las excavaciones de la necrópolis de Cabezo de Molino en Rojales, dirigidas por la arqueóloga del Marq Teresa Jiménez. Este curso, que arranca este 10 de septiembre, ofrece de primera mano los resultados de un hito científico: la identificación, por primera vez, de individuos de las estepas euroasiáticas en territorio alicantino.
La investigación cuenta con la colaboración del prestigioso Instituto Max Planck de Genética de Alemania. El valor añadido, según destaca Gema Sala, es absoluto: "Explicar esto con la arqueóloga en la propia excavación es un lujo".
En el yacimiento de La Illeta también presumen de hallazgos singulares por parte de su equipo de arqueología con unas alpargatas de 2.300 años descubiertas en este espacio que gestionan junto a las playas del Campello.
Y este mismo verano inauguraron otro punto especial, el centro de interpretación de las Torres de la Huerta. En él trabajan la memoria, el patrimonio y la iniciación en la historia local a partir de este monumento que conformaba esta red defensiva de los siglos XVI y XVII, fomentando que los alumnos conozcan su propio entorno.
El oro y el universo (Colombia): Un curso específico para que los docentes dominen la gran exposición temporal y puedan trasladar a las aulas la rica simbología del mundo precolombino.
"No son de manualidades"
Gema Sala destaca que el verdadero aprendizaje nace de la experimentación y no de la simple réplica artística. Esto marca una frontera clara con la educación no reglada convencional: "Lo que queremos es que el público venga al museo y se divierta, pero siempre en condiciones científicas".
Y ahí recalca que "un taller didáctico no se trata de una manualidad". "En realidad, se trata de que el alumno investigue, experimente de una forma diferente a lo que hace en el aula, y que esté directamente en la fuente histórica. La historia no solo se estudia; la historia se descubre, se vive y se ve", razona.
Esta filosofía ha transformado radicalmente la oferta del museo. Si hace veinte años las escuelas estaban acostumbradas a visitas panorámicas genéricas que intentaban resumir toda la historia humana en una mañana, hoy el Marq ofrece unidades curriculares adaptadas minuciosamente a cada nivel educativo, desde Infantil hasta Bachillerato. "El lenguaje de la participación es totalmente diferente porque los mensajes no les llegan de la misma forma", valora.
Desmontar el materialismo
El éxito de este enfoque se ha hecho evidente este verano con el programa "Veranea en el Marq", que cerró el mes de agosto con más de 320 niños participantes. En él, los talleres en torno a la exposición temporal "El oro y el universo: saberes indígenas de Colombia" se convirtieron en el escenario idóneo para desmontar prejuicios históricos y culturales.
A través de la creación de brazaletes, orejeras, collares ceremoniales y tejidos inspirados en los diseños precolombinos, el equipo del Marq ha explicado a los más jóvenes un concepto profundamente rompedor transmitido por los propios comisarios colombianos de la muestra.
"En una sociedad tan materialista como la nuestra, queríamos mostrar al visitante que el valor material del metal no era lo más importante para estas sociedades indígenas", relata Gema Sala. "Lo crucial era el valor que iba mucho más allá: el valor simbólico y ceremonial. Para ellos, tenía el mismo o más valor un objeto de cerámica o arcilla que uno hecho de metal. No importaba el material físico, sino la trascendencia de lo que representaba".
Con este rigor científico, que huye de la simplificación y se nutre constantemente de su propia labor investigadora, el Marq demuestra por qué se ha situado a la vanguardia de la museología europea, abriendo camino a un modelo de divulgación donde el patrimonio no se contempla, sino que se descubre activamente.
