Alicante
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Hace unos años, nadie habría imaginado que hablar un idioma extranjero desde el sofá, con la ayuda de una aplicación inteligente, sería algo tan natural, ni tampoco hablar por teléfono con una persona en otro idioma y entender la conversación perfectamente porque el móvil lo traduce instantáneamente.

Hoy, sin embargo, es algo cotidiano. Pero ¿qué pasa con las academias de idiomas? ¿Han notado la competencia de la tecnología?

Erika Hernández, directora de marketing y operaciones de Proyecto Idiomas en Alicante, lo tiene claro: “Sí, notamos un cambio”, confiesa a EL ESPAÑOL.

No lo dice alarmada, sino con la serenidad de quien sabe que su apuesta no es oponerse al avance, sino abrazarlo con criterio. “Nuestra visión no es que la inteligencia artificial sustituya, sino que integre. Que complemente”.

En su voz no hay una sombra de miedo. Habla de equilibrio, de ese espacio intermedio entre la eficiencia tecnológica y la humanidad que se experimenta dentro del aula.

Porque, como recuerda, el aprendizaje no se trata solo de adquirir vocabulario o entender estructuras gramaticales, sino que se trata también de mirar a alguien a los ojos y entenderle más allá de las palabras.

“Sí, las herramientas son útiles, pero también están creando una falta de empatía. Si no tienes contacto con otras personas, algo se pierde”.

En los cursos de español, los alumnos salen al mercado, practican con los vecinos, se enfrentan a situaciones reales. Eso, insiste, no se puede replicar por completo con una pantalla.

Aliado

Y, sin embargo, la inteligencia artificial tiene un papel poderoso. Puede ayudar a personalizar el aprendizaje, optimizar el tiempo, mejorar materiales o corregir exámenes en segundos.

Erika lo ve como un aliado que libera a los profesores de tareas repetitivas para que puedan centrarse en lo realmente importante como es acompañar a sus alumnos.

Erika también lo relaciona directamente con la salud mental de los jóvenes. “No podemos dejar que la tecnología nos aísle del mundo real. Hay que motivar a los jóvenes a estar en contacto, a vivir la realidad.”

Porque al final, dice Erika, “lo humano siempre va por encima”. Y aunque las profesiones cambien, aunque los traductores pierdan algunas tareas frente a las máquinas y los profesores aprendan a usar nuevas herramientas, el valor de la interacción, de la empatía, "seguirá siendo irreemplazable".

Futuro con incógnitas

Al concluir, reflexiona sobre el devenir de la enseñanza de idiomas: “Quizás en el futuro tener un profesor de verdad sea un lujo, tal vez cuando todo sea virtual, lo verdaderamente valioso sea precisamente lo que no se puede automatizar y se verá la presencia, la mirada y la conversación como un lujo", comenta.

En Proyecto Idiomas, de momento, no sienten miedo. "Formamos constantemente a nuestros profesores en las nuevas herramientas, las integramos y las observamos, pero siempre tendrá más valor lo humano", concluye.