La autonomía es una de las competencias más determinantes en el desarrollo infantil, aunque a menudo pasa desapercibida.
No se mide en exámenes, pero influye de forma directa en cómo los niños aprenden, se organizan, gestionan la frustración y afrontan las dificultades del día a día.
Expertos en educación coinciden en que fomentar la autonomía desde edades tempranas es clave para formar niños seguros, responsables y capaces de afrontar mayores desafíos.
"Un niño autónomo no es el que hace todo solo, sino el que confía en sus recursos y sabe pedir ayuda cuando la necesita", explica María Castells, psicóloga y orientadora escolar de Colegios RC, que cuenta con un centro en Alicante y otro en Valencia.
"La autonomía se aprende cuando el adulto acompaña sin sustituir y permite que el niño asuma responsabilidades reales. Incluso pequeñas decisiones, como dejar que pruebe por sí mismo antes de intervenir, fortalecen su seguridad y su confianza", sostiene.
Y diferencian varias etapas. En los 6-7 años animan a consolidar rutinas y confianza.
"En esta etapa, el objetivo es que el niño se sienta capaz de gestionar su día a día con mayor seguridad. No se trata de introducir exigencias nuevas, sino de afianzar rutinas que deben mantenerse con constancia", explican desde su centro de Barcelona.
Esto incluye responsabilizarse de su higiene personal, vestirse y desvestirse solos, recoger su habitación y "estirar las sábanas" por la mañana, preparar la mesa o llevar la ropa sucia al lugar indicado.
En los 8-9 años apuestan por la organización y responsabilidad progresiva.
En casa, hacer la cama, preparar la ropa del día siguiente, mantener el lavabo recogido o limpiar sus zapatos refuerza el sentido de responsabilidad.
"En el colegio, se espera un manejo más autónomo de la agenda, tiempos de trabajo personal de unos 30 minutos y el uso de un calendario semanal para empezar a anticipar exámenes y tareas", explican desde el centro.
Mientras que en los 10-11 años destacan la autonomía funcional para la vida diaria.
"En esta etapa, la autonomía se convierte en una competencia práctica. Levantarse con despertador, prepararse el desayuno, cocinar platos sencillos, controlar pequeños ahorros o realizar arreglos básicos en su ropa son aprendizajes clave", aseguran.
Castells añade que"la autonomía no se construye con discursos, sino con decisiones cotidianas".
