Alicante

"Necesito creerme esto y convencer a la comunidad científica de que esto es así". Ese es el pensamiento que se le pasó por la cabeza a Francis Mojica cuando descubrió las bases de lo que hoy día conocemos como la edición genética CRISPR. Desde su laboratorio en la Universidad de Alicante impulsó los conocimientos para una revolución científica que acaba de cumplir diez años. Y no lo tuvo fácil al trabajar desde la periferia de la investigación mundial.

En este caluroso verano, Mojica reconoce que tuvo momentos de flaqueza. "Cuando tú estás totalmente convencido y mandas un artículo a publicar y te dicen ‘No lo tengo tan claro. Demuéstramelo mejor’ o ‘Hazme experimentos’ o ‘Dime cuál es el mecanismo que está implicado, si no, no me lo creo’. Y se lo mandas a otra revista y te dice más o menos lo mismo. Y a una tercera. Y a una cuarta. Y todos te dicen lo mismo", recuerda.

"Llega el momento en que empiezas a dudar primero de la importancia de tus datos y luego que te lo has inventado tú", explica. Porque, como añade, "a veces uno ve lo que quiere ver". Y eso que no estaba solo. El grupo de trabajo en su departamento de Fisiología, Genética y Microbiología en Alicante lo tenía claro: "Estábamos todos convencidos de que esa era la interpretación".

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Eso lo vio más tarde. "Uno de los revisores de estas revistas que nos tumbó el artículo e hizo una crítica bastante negativa me lo encontré años después. Y me pidió disculpas porque en aquel momento no lo veía y no entendía cómo nosotros lo veíamos tan claro. Y ese día me reconoció ese mérito de ver algo que era tan grande y tremendo que él mismo no podía ver y que luego se comprueba que es cierto". De ahí, concluye risueño, sacó una idea: "A veces merece la pena soltar propuestas al aire".

Vender y saber convencer

La investigación desde una capital como Alicante, que no lo es de su comunidad autónoma, y que está lejos de centros como los de Harvard u Oxford también pesa. "Siendo honesto en lo que respecta a mi situación, los españoles en general tenemos una desventaja respecto a los anglosajones. Cuando tú intentas vender algo, hay que venderlo muy bien. Y cuando intentas convencer al editor de una revista que recibe centenares de peticiones cada semana, tienes que venderlo mucho mejor. Tú puedes tener gloria, pero si no usas el lenguaje adecuado que alguien lo lea y diga '¿qué está diciendo este hombre?'.

Eso es lo que entendió cuando vio la respuesta de una publicación tan prestigiosa como Nature. "La interpretación que hicieron los primeros cuando les mandamos el manuscrito era incorrecta. Claramente, no fui capaz de expresar en un idioma que no es el mío, y que nunca he conseguido que se acerque a ello porque yo estudié toda mi vida francés. Eso influye siempre a la hora de publicar y convencer".

Con el tiempo y multiplicado por el prestigio ganado como investigador, Mojica sabe también lo que es revisar los trabajos a los demás. "En España se hace muy buena ciencia, pero comentamos muchas veces entre autores de artículos que creemos que están muy bien y tienen dificultades, que si hubiera aquí un nombre inglés o de una universidad de fuera, igual sería más fácil que lo aceptaran".

Eso, señala, es algo difícil de evitar porque "hay algo que inconscientemente uno valora". "Eso es triste decirlo", reconoce, "porque la evaluación por pares no tiene por qué tener ese sesgo". De hecho, apunta que hay revistas que consideran que es mejor que no se vean los nombres de los autores durante ese proceso de revisión.

Cambiar el título

Pero, ¿qué pasó con el artículo que había sido rechazado cuatro veces? "Al final decidimos mandar el artículo a una revista de muy bajo índice de impacto, Journal of Molecular Evolution". Bajo el título de Intervening sequences of regularly spaced prokaryotic repeats derive from foreign genetic elements se ha convertido ya "en el tercero más citado en la historia de esa revista".

Y para conseguir que se publicara, "tuvimos que rebajar el nivel, digamos pretencioso, del título porque daba esa impresión". En esa versión inicial decían que hay un sistema de inmunidad procariota extendido "y eso lo cambiamos por El origen en las secuencias de las repeticiones son virus y elementos foráneos". Al plantearlo de ese modo pensaron que superaban "el rechazo que sentíamos en los supervisores, como que estaba reclamando algo demasiado grande que requería de más pruebas experimentales".

Era febrero de 2005 cuando se aceptó ese artículo. "Meses después se publicaron dos más que decían más o menos lo mismo, no en un análisis tan amplio", recuerda. Y aquello marcó un punto de inflexión porque ¿qué hacían tres grupos de investigación diferentes en distintos lugares apuntando a un mismo lugar? "Eso ayudó seguro a que muchos dijeran que no era un grupo de pirados de la Universidad de Alicante".