Los recipientes plásticos pueden liberar compuestos químicos que provocan cáncer, su reciclaje es complicado y cuando no, su acumulación genera islas de basura. ¿Queremos ver todo esto? El cineasta Julio Pérez del Campo demuestra que sí con su nuevo largometraje documental, Homo Plastic. El proyecto, rodado a lo largo de un año y medio, se ha convertido de forma inmediata en el título más buscado de la plataforma Movistar+.
Sentado junto a la playa del Postiguet, el realizador convertido en alicantino de adopción desde hace cuatro años, explica que este es "un trabajo que hacemos de una manera casi militante para dar a conocer el impacto social y medioambiental de los plásticos". Y valora que el día de su estreno "sea lo más buscado en Movistar es un orgullo enorme", afirma.
Para llevar a cabo el proyecto, Pérez del Campo ha recorrido medio mundo. Lugares tan distantes como Indonesia, Kenia, Bangladesh, Hong Kong, la Antártida y diversas localizaciones de España sirvieron para constatar las graves consecuencias del modelo de consumo.
"Hemos estado en 13 países alrededor del mundo para ver la realidad que había con los plásticos y microplásticos en cada una de las regiones y cuál era el impacto social y medioambiental", explica el director. El rodaje requirió un esfuerzo personal absoluto al tratarse de una producción de bajo presupuesto: "Gran parte de eso lo he tenido que hacer yo solo".
Pérez del Campo matiza que el material sintético no es destructivo por sí mismo, sino por el uso indiscriminado que se hace de él en el mercado. "Yo creo que ahora mismo no podríamos vivir sin plástico; es una de las cosas sobre las que se sustenta la sociedad del bienestar", sostiene el cineasta, aludiendo a avances imprescindibles en medicina o industria.
Sin embargo, el realizador señala con dureza el verdadero foco del problema. "El problema son los plásticos de un solo uso y eso es lo que tenemos que erradicar y lo que legislativamente se debería prohibir", reclama con firmeza.
Uno de los aspectos más reveladores expuestos en la entrevista es la asimetría entre el Primer y el Tercer Mundo en relación con los envases de monodosis. Mientras que en los países occidentales se perciben como un elemento secundario de hostelería, en naciones desfavorecidas constituyen la única vía de acceso al consumo básico.
"Nosotros estamos viendo esto desde una situación de privilegio", advierte Pérez del Campo. "En países del Tercer Mundo la gente no tiene dinero para comprarse un paquete de galletas, sino que se tiene que comprar la galleta una a una en monodosis".
Al carecer de sistemas de tratamiento de residuos, el destino de estos materiales resulta desolador. "No tienen sistema de reciclaje; evidentemente el impacto en esas comunidades es terrible y es algo a lo que no miramos. Sus costas están completamente inundadas de plástico", denuncia.
Preguntado por las razones de esta ceguera colectiva ante la crisis ambiental, el realizador lo atribuye al egoísmo intrínseco del modelo económico actual. "Tenemos dentro del modelo capitalista en el que nos estamos moviendo un gran egoísmo social", reflexiona.
"Todo eso lo sabemos, no es una cuestión que la gente desconozca, pero no nos importa; preferimos mirar para otro lado y seguir consumiendo con esa idea de que tenemos que consumir para ser felices", lamenta Pérez del Campo. Asimismo, critica la falta de empatía hacia otras latitudes: "Lo que le pase a alguien en África o en Asia es como que nos importa poco porque está muy lejos, pero son seres humanos igual que nosotros".
Como marco contextual de la investigación, el documental cuenta con análisis de expertas del CSIC e instituciones médicas que vinculan la ingesta e inhalación constante de microplásticos con patologías graves y procesos oncológicos. De hecho, se compara esta crisis con la inacción histórica frente al tabaco, donde se tardaron cuatro décadas en confirmar científicamente su relación con el cáncer.
Cáncer por plástico
"Si sabemos que ahora mismo hay cánceres que pueden ser derivados de sustancias que el plástico lleva y que entraron en nuestro organismo hace 20 años, creo que es razón suficiente como para parar de una vez este consumo exagerado", remarca el realizador.
En el plano estrictamente cinematográfico, el director rechazó convertir la investigación en una miniserie por motivos creativos. "Como no tengo la necesidad de vivir del cine, puedo hacer creativamente un poco lo que me da la gana", confiesa Pérez del Campo. "Creía que era muy importante que la gente, solamente con un 'one shot', con un solo golpe, pudiese entender cuál era el problema".
A pesar de valorar el papel de las plataformas digitales para acercar el género al gran público, alerta sobre la deriva comercial del sector. "Últimamente vamos más hacia formatos de biopic o de Las Kardashian, formatos más de entretenimiento, dejando un poco aparte la reivindicación social", critica quien ya lograse el Goya con el documental Gaza.
