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El Premio Internacional de Cuentos Gabriel Miró ha alcanzado un hito histórico con más de seis décadas de historia gracias a un volumen sin precedentes de obras recibidas. El certamen literario, convocado por la Fundación Mediterráneo y nacido en 1955, consolida su proyección internacional como uno de los grandes puntos de encuentro desde Alicante para las letras en español.

Con un vertiginoso incremento respecto a convocatorias anteriores, la presente edición ratifica el extraordinario interés que despierta la narrativa breve a ambos lados del Atlántico.

El presidente de la Fundación Mediterráneo, Luis Boyer, destaca con orgullo la envergadura que ha tomado el certamen al alcanzar las 3.378 obras presentadas, lo que supone un incremento de 1.008 relatos respecto al año anterior. En total, han concurrido 2.516 autores procedentes de 46 países. por un premio de 3.000 euros para el ganador y 1.000 para el accésit.

"El Premio Gabriel Miró es hoy verdaderamente internacional y un punto de encuentro para escritores de lengua española de distintas procedencias", valora Boyer, quien detalla que, junto a las 1.155 obras remitidas desde España, destacan 701 relatos llegados de Argentina, 221 de Colombia y 180 de México, además de una nutrida representación de Chile, Uruguay, Perú, Cuba, Ecuador y Venezuela.

Boyer ha aprovechado para avanzar los planes de la institución para poner en valor la trayectoria del galardón. "Estamos elaborando la recopilación en uno o dos tomos de todos los cuentos que hemos publicado. Así se podrá tener toda la historia", concluye.

El presidente del jurado, Antonio Redero, ha querido trasladar su enhorabuena tanto a los galardonados como a la propia fundación por el esfuerzo de convocatoria y el fomento de la creación escrita.

"Si no hay papel escrito, no hay lectura"

Redero ha ofrecido una firme defensa de la literatura impresa en unos tiempos marcados por el consumo digital acelerado. "Recordemos que la escritura es la base fundamental para la lectura. En un momento en que el Informe PISA parece que se está poniendo por los suelos, hay que recordar que si no hay papel escrito no hay lectura", ha advertido tajante.

En este sentido, el presidente del jurado contrapuso la profundidad del texto literario frente a la fugacidad de los formatos audiovisuales. "Papel escrito, no solamente tablet o televisión. El cuento transmite una serie de sentimientos que la imagen no corrobora de la misma manera; despierta unos afectos que no proporciona la imagen porque la imagen es efímera".

Respecto a la exigente labor de deliberación ante miles de originales, Redero explicó que, tras el filtro de la comisión lectora y sucesivas votaciones entre los diez finalistas, el criterio definitivo es incuestionable: "El criterio para un lector habitual es que un libro tiene que enganchar; si no engancha, al final te aburres".

El finalista

El miembro del jurado José Ferrándiz Lozano fue el encargado de desgranar los méritos de las obras distinguidas en esta 64.ª edición. El primer premio recayó en el relato El velo de un presagio, firmado por José Agustín Blanco.

Tal como se subrayó desde el jurado, la obra ganadora destaca por ser "una interesante historia rural y social, muy bien contada", estructurada en torno al choque entre dos mundos enfrentados (el amo rico y el labriego) con una trama salpicada por dos muertes, una mujer sentenciosa, un barranco y un automóvil Jaguar de los años 50. Esta pieza conecta directamente con la tradición del cuento de finales del siglo XIX y principios del XX de la que el propio Gabriel Miró fue maestro.

En cuanto al accésit, Ferrándiz Lozano analizó con detalle la pieza Línea de fuego, del autor valenciano Jesús Tornés, calificándola como "un relato muy directo, fresco y que cuenta mucho en poco espacio", al haber necesitado únicamente cuatro páginas de las ocho permitidas.

La trama sigue a un investigador que, trabajando en un atlas de la cuenca del Segura, detecta una anomalía y un ocultamiento de agua que le lleva a una intensa búsqueda a través de diarios, fuentes orales y fotografías. "Nos deja una metáfora de esa necesidad de combatir contra las cosas que interesadamente a veces se ocultan en la historia y cómo la herramienta de la investigación rigurosa puede desenmascarar esas prácticas", ha resaltado Ferrándiz Lozano.

El miembro del jurado ha remarcado además la sorpresa que causó el perfil de Tornés: "Nos ha llamado la atención que es la primera vez que se presenta a un certamen literario y que hasta ahora su formación ha sido su lectura y un taller literario. Nos ha sorprendido que en su primera intentona haya conseguido el accésit de un premio que ganaron firmas como Francisco Umbral, Félix Grande, Julián Ríos o Blanca Andreu".

Al hablar de historia del propio galardón Boyer ha aprovechado para destacar que el objetivo de la fundación va mucho más allá de la mera custodia de archivos históricos. "Nosotros los legados no los entendemos exclusivamente como que hemos de conservar un patrimonio de grandísima importancia. No es cuestión solo de conservar los documentos originales que se mantengan en condiciones de humedad perfectas", razona.

Para el presidente de la entidad, la clave reside en la dinamización cultural. "Lo que queremos hacer con ellos, aparte de conservarlos, es vincularlos y protegerlos en la actividad cultural actual. ¿Qué hacemos con mantener y potenciar el premio de cuentos? Pues que este legado esté vivo, no simplemente sea un lugar exclusivo para investigadores".