Alicante

Alicante es, y será siempre, "la millor terreta del món". La expresión, tantas veces utilizada hoy en día, aparece incluso en su himno de 1902, con los versos "que es la millor terra del món, ya xi el poeta hu va dir", pero tiene su origen 60 años antes, en una relación epistolar que mantenían Mariano de las Mercedes Roca de Tagores y Carrasco, primer marqués de Molins y vizconde de Rocamora, con el dramaturgo y periodista Manuel Bretón de los Herreros. 

Mariano Roca Tagores había nacido en Albacete, pero por casualidad: realmente su madre dio a luz en el trayecto que iba desde Madrid a Orihuela, donde su padre, el conde de Pinohermoso, tenía un palacete. Durante su vida tuvo una intensa actividad literaria, hasta el punto de que fue miembro de la Real Academia de Bellas Artas de San Fernando y de la Real Academia Española, la cual dirigió hasta el año 1865.

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También presidió durante unos años el Ateneo de Madrid y en política ejerció una importante influencia hasta llegar a ser durante tres meses ministro de Fomento. Pero siempre estuvo vinculado a Alicante, donde pasaba largas temporadas en su finca de El Carmen, situada en el parque municipal de El Palmeral de Alicante ciudad. Se cree que desde allí escribió, en abril de 1842, la carta a su amigo Manuel Bretón.

[¿Sabías que la primera alcaldesa que gobernó un municipio en España fue en un pueblo de Alicante?]

A continuación, reproducimos el poema completo donde aparece de forma reiterada la reivindicación que Mariano de las Mercedes hace de Alicante, de su paisaje y de su forma de vida. A veces incluso en contraposición a Madrid, ciudad de la que incluye varias referencias:

Sepades, señor Bretón,

que de Poniente a Levante,

es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Mientras que a vos embozado

por las mañanas de enero,

a la orilla del brasero

os da un dolor de costado,

yo me voy desabrochado

desde el Muelle al Malecón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Sólo en pasas, por estrenas,

gastáis vos un Potosí,

mientras abundan aquí

racimos como azucenas,

y venden por dos seisenas

el Porrat de San Antón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Vos ponderáis la dulzura

de las hijas de la villa:

buen provecho su mantilla

os haga y su empopadura;

que si yo busco ternura,

le clavo el diente al turrón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Su donaire no descreo,

mas niego su primacía;

y aún os juro por Talía

que si vierais lo que veo

desde este sitio en que leo,

que mudarais de opinión:

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Ni es mucho, ni yo lo dudo,

que la gente cortesana

tenga la lengua liviana

y el entendimiento agudo;

pero aquí aun el sordomudo

despunta por socarrón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Mientras vos sudáis lo tinto

empotrado en la luneta,

yo al compás de la retreta

bajo el verde terebinto

estoy oyendo el requinto,

¡sin ver tanto farolón!

Que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

¡Vos en remojo y no es cuento,

en una sartén de estaño,

mientras tengo el mar por baño

y por toldo el firmamento,

y aún a veces represento

la fábula de Acteón!...

Que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

¡Bailes! ¡Vaya noramala!

¿Qué es el ver en una hora

al son de dulzaina mora

juntarse tanta zagala,

y tornar un barrio sala

y danzar en procesión?

Que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Espectáculo gentil

vuestro circo representa,

y es su diversión cruenta

digna de plebe servil;

aquí de plaza y toril,

hace cualquier callejón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

¿Llega el pez vivito aún

a Madrid desde Bilbao?

Denme arroz con bacalao

y ancha torta con atún,

y del aloque común

añadan medio porrón;

¡y nieguen que es Alicante

la millor terra del món!

¿No veis en el breve espacio

que el mar cierra y las montañas,

en vez de humildes cabañas

tanto soberbio palacio?

¿Y de perlas y topacio

las uvas de promisión?

Pues negad que es Alicante

la millor terra del món.

Junto al nopal de Occidente

se alza la palma lozana,

y en la estación más temprana

ni aun el almendro imprudente

de dar su flor se arrepiente

al soplo del Aquilón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Nunca el mar a esta ribera

niega su plácida brisa,

ni su apacible sonrisa

esconde la primavera;

un naufragio pareciera

fabulosa tradición;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Mas como en fin la marea

dentro del puerto importuna,

aún recuerdo la tribuna

y la pública Asamblea;

pero disipa esta idea

un trago de fondillón;

que es sin disputa Alicante

la millor terra del món.

Hoy que, mísero trofeo

de robustos aquilones,

miro tornarse en baldones

los ensueños del deseo,

hallo aquí en nuestro Liceo

fraternal consolación.

¡Salud, salud, Alicante,

mi puerto de salvación!

¡Salud! si arreciado zumba

el vendaval enemigo,

tú me darás un abrigo

junto a la paterna tumba;

y al menos cuando sucumba

en la común disensión,

reposarán mis cenizas

donde está mi corazón.

Y sabed, en fin, Bretón,

que hasta el postrimer instante

será para mí Alicante

la millor terra del món.