Alicante
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El sector hostelero de Benidorm se encuentra en pleno proceso de transformación, amenazado por la falta de relevo generacional en las empresas familiares y por un cambio en la capacidad del visitante. Javier Castillo, presidente de la Asociación de Bares, Restaurantes y Cafeterías de Benidorm (Abreca) y propietario del histórico establecimiento La Cava Aragonesa —con 46 años de historia—, analiza el delicado panorama por el que atraviesa la capital turística.

Uno de los principales problemas que aqueja a la hostelería local es la brecha generacional. El propio Castillo relata su experiencia personal al confirmar que ninguno de sus tres hijos continuará al frente del negocio familiar. "A mí me gustaría que alguno de mis hijos hubiese cogido el relevo generacional a su madre y a mí", confiesa Castillo, reconociendo sentir una "envidia sana" al ver a otros compañeros trabajar junto a sus descendientes.

El motivo de este rechazo radica en el alto nivel de entrega y sacrificio que los jóvenes presencian en el hogar. "Los hijos ven a los padres trabajar, sufrir, sufrir... son explotados por el negocio, porque nosotros trabajamos 14 o 16 horas diarias", admite el presidente de Abreca. Tras presenciar esa dedicación, la conclusión de los hijos suele ser tajante: "Yo no quiero eso para mí, quiero ser un trabajador, quiero tener otro tipo de vida, otro nivel de vida que sea más feliz".

Actualmente, los hijos de Castillo han optado por rumbos ajenos a la hostelería: dos de ellos son autónomos en otros sectores y el tercero trabaja en un medio de comunicación en Madrid. Según explica, prefieren la tranquilidad del trabajo por cuenta ajena o en sus propias metas, al punto de estar "deseando que nos jubilemos para que ya podamos descansar" tras haber visto a sus padres "muy esclavos del trabajo".

Esta situación no es una excepción, sino un reflejo de la realidad de Benidorm. Al no contar la ciudad con universidad, los estudiantes deben desplazarse a Alicante, Granada, Madrid o Barcelona. Allí descubren "que hay otra vida más allá de Benidorm", establecen sus vidas fuera y descartan regresar a la ciudad natal.

Castillo calcula que el relevo generacional apenas alcanza al 50% de los locales, advirtiendo que muchos negocios tradicionales terminan siendo absorbidos por "fondos que vienen a comprar esos negocios porque saben que Benidorm da mucho margen".

A la falta de continuidad se le suma la ralentización del consumo detectada esta última temporada. Pese a que la ciudad registra una alta ocupación, el gasto por cliente se ha reducido. "Benidorm siempre va bien porque se llena y las terrazas se llenan, pero se gasta menos", señala Castillo. La subida en la luz, los alquileres, la gasolina y la cesta de la compra ha mermado el ahorro de las familias, reduciendo la alegría del gasto en vacaciones.

Para el dirigente empresarial, el sector afronta una clara "luz amarilla" a escala global. "Salir de vacaciones sin dinero es imposible", recalca Castillo, recordando que destinos turísticos como Italia o Francia "murieron de éxito con el turismo de playa" tras encarecerse, un riesgo que atañe también a España al haberse equiparado en costes con el resto de Europa.

Por último, encontrar profesionales cualificados se ha convertido en una "misión imposible" en una urbe con unos 1.200 establecimientos hosteleros además de la planta hotelera. El problema se complica por la falta de vivienda asequible para los empleados en Benidorm y los municipios colindantes, donde "se les va más de la mitad del sueldo en el pago del alquiler".

Esta escasez, unida a la exigencia de mejores condiciones horarias y a las elevadas cifras de bajas laborales, dibuja un horizonte lleno de retos para el modelo hostelero benidormense.