Al amanecer, cuando la luz empieza a recortar la silueta de la costa y el Mediterráneo todavía conserva el tono oscuro de la noche, El Campello recupera cada octubre una escena que forma parte de su memoria colectiva. En la playa del Carrer la Mar, las tropas moras llegan desde el mar mientras, en tierra, las huestes cristianas aguardan junto a la Torre de la Illeta. El sonido de la pólvora, los avisos de alarma, los gritos de los bandos y el movimiento de las embarcaciones convierten la orilla en un escenario de historia recreada y emoción compartida.
Ese instante resume el espíritu de las Fiestas de Moros y Cristianos de El Campello, una celebración vinculada a las incursiones de los piratas berberiscos que durante los siglos XV, XVI y XVII amenazaron el litoral levantino. La Torre de la Illeta, construida entre 1554 y 1557 como punto de vigilancia, permanece como uno de los grandes símbolos de aquel pasado defensivo y marinero. Hoy, su presencia da profundidad a una fiesta que no se limita a los desfiles: es también una forma de recordar el origen costero del municipio y la relación histórica de sus vecinos con el mar.
La edición de 2026 se desarrollará principalmente entre el 11 y el 15 de octubre, aunque el ambiente festero comenzará a extenderse por el municipio desde los días previos.
El programa oficial contempla un calendario en el que conviven el pregón, las entradas de bandas, los desembarcos, las embajadas, los alardos, las procesiones y los grandes desfiles. El 12 de octubre volverá a ser la jornada central, con el Desembarco durante la madrugada y la gran Entrada Mora y Cristiana por las calles del centro durante la tarde.
Desfile de los Moros y Cristianos de El Campello.
El Desembarcament
El Desembarco es, sin duda, la imagen más reconocible de estas fiestas. La representación condensa en pocos minutos la dimensión marítima de El Campello y la transforma en una puesta en escena de gran intensidad. Las tropas moras avanzan desde el agua, los cristianos responden desde la playa y la batalla se prolonga entre arcabuces, pólvora y voces de mando. Después llega la embajada frente a la Torre de la Illeta, otro de los momentos singulares de una celebración que ha conseguido convertir un episodio de la memoria local en un espectáculo seguido por vecinos y visitantes.
La relevancia del acto ha traspasado las fronteras del municipio. El Desembarcament está declarado Fiesta de Interés Turístico Provincial, un reconocimiento que subraya su singularidad dentro del calendario festivo alicantino. No se trata únicamente de una distinción honorífica. La declaración pone en valor una celebración con una escenografía propia, estrechamente ligada al paisaje marítimo, y la incorpora al mapa de acontecimientos que explican la diversidad cultural y turística de la provincia.
La participación moderna y organizada de los bandos moro y cristiano en El Campello se remonta a 1976. Desde entonces, la fiesta ha crecido hasta convertirse en una de las expresiones populares más importantes del municipio. En cada edición toman parte cerca de 1.600 a 2.000 festeros, integrados en múltiples comparsas y agrupaciones. A ellos se suman decenas de bandas de música, esenciales para construir la identidad sonora de unas fiestas en las que las marchas moras y cristianas acompañan cada paso, cada giro y cada entrada.
La música no funciona como un simple acompañamiento. En los desfiles, marca el ritmo de las comparsas y contribuye a crear una atmósfera en la que la indumentaria, las coreografías, los estandartes y la pólvora se integran en una misma representación. El resultado es una celebración de gran fuerza visual, pero también profundamente comunitaria. Detrás de cada traje, de cada escuadra y de cada pieza interpretada hay meses de preparación, reuniones, ensayos y trabajo voluntario.
La trayectoria de la fiesta demuestra, además, que su importancia no depende solo de la espectacularidad de los actos. Una publicación histórica de la Junta Festera dedicada a las fiestas de 2001 describía los Moros y Cristianos como los festejos que despertaban una mayor participación ciudadana y foránea a lo largo del año. Aquel testimonio destacaba también que el desembarco, las entradas mora y cristiana y la procesión de Santa Teresa de Jesús y la Virgen de los Desamparados habían adquirido un papel central en la vida festiva campellera.
Esa dimensión social explica que la fiesta haya podido transmitirse entre generaciones. Las comparsas no son únicamente grupos que participan en unos desfiles concretos, sino espacios de convivencia en los que se incorporan niños, jóvenes, adultos y mayores. La continuidad familiar aparece como uno de los pilares de la celebración: quienes comenzaron a desfilar décadas atrás han visto incorporarse a sus hijos y nietos, manteniendo una cadena de participación que permite que la tradición se renueve sin perder sus referencias esenciales.
La organización requiere una estructura permanente. En ella colaboran el Ayuntamiento de El Campello y la Junta Festera, entidad que articula buena parte de la actividad de comparsas y bandos durante todo el año. La Junta no limita su labor a los días grandes: también impulsa iniciativas, coordina actos, conserva documentación y mantiene viva la relación entre la fiesta y la sociedad local. Su propia actividad reciente refleja una voluntad de ampliar la dimensión social de los festejos mediante propuestas culturales y solidarias.
Uno de los desfiles en El Campello.
Embajadas y alardos
El calendario de 2026 volverá a combinar la tensión simbólica de las embajadas y los alardos con el carácter solemne de los actos religiosos. El 15 de octubre, festividad de Santa Teresa, se celebrarán las ceremonias en honor de la titular de la parroquia y de la Virgen de los Desamparados, patrona de El Campello. La procesión y el castillo de fuegos artificiales pondrán el cierre a varios días en los que la localidad habrá quedado transformada por la música, las capitanías, las barracas y el movimiento constante de festeros y visitantes.
La fecha de octubre también posee una explicación relacionada con la identidad pesquera del municipio. Las fiestas patronales estuvieron vinculadas inicialmente a mayo, pero la actividad pesquera hacía difícil la participación de muchos hombres del pueblo, que se encontraban en el mar durante esa época. Con el tiempo, la celebración se trasladó a octubre, en torno a Santa Teresa, y fue incorporando los elementos que acabarían dando forma a los actuales Moros y Cristianos. La fiesta, por tanto, no se añadió a la historia de El Campello desde fuera: evolucionó a partir de las necesidades, las creencias y las costumbres de su propia comunidad.
En el contexto de la provincia de Alicante, donde las fiestas de Moros y Cristianos constituyen una de las manifestaciones culturales más extendidas y arraigadas, El Campello aporta una personalidad diferenciada. Comparte con otras localidades las embajadas, las capitanías, los desfiles, los arcabuces y la música festera, pero incorpora un elemento que modifica por completo el relato: el mar como vía de llegada y como escenario de la confrontación. Esa singularidad convierte el Desembarco en una de las grandes citas costeras del calendario festivo alicantino.
La celebración campellera ocupa así un lugar propio junto a las grandes fiestas de la provincia. No compite con ellas por tamaño ni necesita hacerlo. Su fuerza procede de la combinación de tradición marinera, paisaje, participación vecinal y una puesta en escena que encuentra en la playa y en la Torre de la Illeta un decorado imposible de reproducir en otro municipio. Cada octubre, El Campello transforma sus calles y su costa en un relato compartido, pero también en una invitación a conocer la historia de un pueblo que ha hecho de la fiesta una de sus principales formas de identidad.
En 2026, cerca de dos mil festeros volverán a poner en marcha esa maquinaria colectiva. Las bandas llenarán de música las avenidas, las comparsas vestirán de color el centro urbano y la pólvora marcará los momentos más solemnes y emocionantes. Cuando las primeras embarcaciones aparezcan frente a la playa del Carrer la Mar, no comenzará solo una representación: se renovará una tradición que desde 1976 ha crecido hasta convertirse en uno de los grandes acontecimientos culturales y turísticos de El Campello y en una de las fiestas con mayor raigambre marinera de la provincia de Alicante.
