Alicante

El Eón Alicante no va de farol. El presidente de la entidad, José Sánchez, y su director general, Jaime Cremades ‘Ñago’, se han marcado como reto personal devolver al balonmano alicantino a la máxima categoría y prometen dejarse la vida en el empeño. Ambos han diseñado junto al entrenador, Óscar Gutiérrez, un ambicioso proyecto deportivo que no disimula su candidatura a la gloria.

El técnico madrileño, aunque alicantino de adopción, tiene una dilatada trayectoria, coronada incluso con una medalla olímpica como entrenador asistente con la selección española, pero no oculta que está ante el reto más apasionante de su carrera y encima “en casa”.

“Las sensaciones son buenas. Hay ilusión y optimismo. Se han puesto las herramientas necesarias para intentar ascender”, señala Gutiérrez, quien a pesar del estado de euforia que rodea el proyecto pide un poco de prudencia al entorno. “El año que viene va a ser durísimo. Hay históricos del balonmano español y, además, de Asobal bajaron cuatro equipos”, recuerda.

Oscar Gutiérrez, en el centro de la imagen.

Que el Eón haya decidido ir a pecho descubierto y con el cartel de favorito convierte al equipo alicantino en el enemigo a abatir por todos los rivales, una presión que tampoco incomoda al entrenador. “Sería falsa modestia decir que no somos aspirantes. Somos el rival a batir. Asumir ese favoritismo es ser coherente con lo que estamos haciendo”, señala el técnico, quien aclara que luego ese favoritismo hay que demostrarlo en cada pista de la categoría.

El club ha puesto en manos de Óscar Gutiérrez una plantilla excelente, en la que destacan nombres propios como el brasileño De Morais, el chileno Feutchmann, Juande Linares o Mirallave, jugadores con galones y experiencia en Asobal. “Todos los jugadores vienen en un punto óptimo de su carrera. Tienen ese punto necesario de veteranía, pero también de hambre para seguir demostrando su potencial”, explica.

“Unos quieren brillar para volver a su selección y otros para demostrar que su sitio en la Asobal”, añade el técnico, quien da por cerrada la plantilla a no ser que suceda algo excepcional en las próximas semanas.

Oportunidad maravillosa

Tras varios ascensos a categorías modestas, y con 56 años, Óscar Gutiérrez se enfrenta al mayor reto de su carrera deportiva. Lo define como una “oportunidad maravillosa”, ya que reconoce que lidera “la plantilla con mayores aspiraciones que he tenido nunca”. “Además, no se trata de subir a un equipo a la Asobal. Se trata de subir al equipo de mi ciudad a la élite después de 30 años y eso siempre le añade un componente emotivo”, asegura.

Una de las claves del proyecto es la sintonía entre presidente, director general y entrenador. Los tres derrochan energía y ambición. “Se puede decir que nos complementamos y que nos retroalimentamos unos a otros. Cada uno arrastra al otro”, desvela el preparador, quien destaca que una de las claves que explican por qué el proyecto ha encajado tan bien en la ciudad es su “independencia” del pasado. “De ahí lo del cambio a Eón. Para que no se le vincule con ningún sector del balonmano alicantino, sino con todos. Es un proyecto que une”, añade.

Por último, Óscar Gutiérrez desea que el “último fichaje” del Eón Alicante no sea un jugador en concreto, sino poder recuperar a los aficionados para poder explotar al máximo durante la competición la mística del Pitíu Rochel, territorio sagrado del balonmano español. “A pesar de la pandemia, a la gente se la veía el año pasado con ganas. Solo espero que la situación mejore porque jugar en el Pitíu lleno es algo que nos ayudará a lograr el objetivo”, sentencia el técnico, cuyo equipo comenzará a preparar el próximo 9 de agosto su particular asalto a los cielos.

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