Alicante
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Ceuta vivió jornadas de tensión tras la entrada masiva de unas 70.000 personas en un intervalo de 72 horas. Manuel Calleja, militar retirado criado en la ciudad autónoma y con trayectoria en el Segundo Tercio de La Legión y los Regulares 54, vivió los acontecimientos directamente desde el terreno.

Calleja se encontraba en la ciudad con motivo de un reencuentro familiar que reunió a casi un centenar de parientes. El ambiente festivo inicial se vio alterado por el estallido de la crisis en las calles. "Empieza cuando una ciudad empieza a tener algún tipo de alarma, sobre todo sirenas, y los medios de comunicación ya se hacían eco de que algo estaba ocurriendo", rememora.

El veterano califica la atmósfera vivida en la localidad como "una especie de distopía". La reacción urbana no se hizo esperar, traduciéndose en el cierre preventivo de comercios.

"Se dieron algunas indicaciones por parte de la policía local, pero de lo que se trataba es de que entrasen y viesen que eso no era lo que les habían prometido", sostiene al referirse a la respuesta ciudadana. Y remarca que "no estaba la ciudad preparada ni tenía ningún interés en recibir a gente que no había llamado a la puerta".

En su lectura de la crisis, Calleja señala la dimensión geopolítica del conflicto. "Esto es un pulso que va más allá de las administraciones; el que tiene las llaves es Marruecos", asevera. Ante esta dinámica, reclama mayor contundencia: "Si Marruecos abre, tenemos que tener una respuesta muy potente que no estamos ahora mismo a la altura; una respuesta disuasoria como hemos hecho siempre en Ceuta".

Para el militar retirado, el carácter fronterizo de la ciudad exige el respaldo directo de las instituciones supranacionales. "Ceuta es la frontera de Europa. Yo eché mucho de menos a Frontex", enfatiza. En este sentido, advierte contra la pasividad: "No podemos dar la sensación de que se abre una puerta por parte de Marruecos y no hay otra puerta por parte de Europa".

Además, manifiesta su preocupación por la población que permanece escondida en el perímetro natural de la ciudad. "Conozco el monte perfectamente; en el momento que hubo la avalancha, la cantidad de gente que se metió en el monte no somos capaces de cuantificarla", explica en relación con los 18 kilómetros cuadrados del término municipal. Según expone, la falta de control en esas zonas genera que "la población sea muy vulnerable" y sufra "a nivel psicológico".

El aspecto más desgarrador de su relato aborda el colapso en la atención médica, avalado por la vivencia de su propia familia. "El testimonio de primera mano para mí más brutal es el de mi hija, que ha estado de médica durante un mes en primera línea", revela. Describe situaciones límite con menores que llegan "en condiciones muy lamentables" y afectados por traumas severos.

Frente a esta coyuntura, Calleja establece una clara distinción conceptual entre menores y adultos. "Para mí el menor es sagrado. Me da igual la orden; para mí el menor es sagrado", manifiesta rotundamente. Mientras aboga por proteger a la infancia, defiende una línea estricta para el resto: "Los mayores no necesitan nuestra protección, necesitan la identificación y el proceso legal, el más rápido, devolverlos por donde han venido".

Por último, el militar retirado denuncia la existencia de un "fallo preventivo brutal" en la gestión de la seguridad. Pese a resaltar el alto nivel de preparación de las Fuerzas Armadas, lamenta la inoperatividad en la práctica. "La Comandancia General de Ceuta es brutal el trabajo de sus profesionales, pero hay un freno en la operatividad que lo está sufriendo la población", concluye, formulando una inquietante pregunta: "Es que, de verdad, está todo preparado... ¿por qué no se usa?".