La digitalización del agua avanza hacia una gestión más preventiva, precisa y resiliente, aunque sus responsables advierten de que la tecnología no puede sustituir el criterio humano en las decisiones críticas. Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa redonda Digitalización e innovación en el ciclo integral del agua, celebrada ayer en el Centro de Inteligencia del Agua (CIA) de Aguas de Alicante, en la plaza Séneca, con la participación de Sergio Sánchez, director general de AMAEM; Ignacio Casals, director de Innovación de Aguas de Alicante; José García Rodríguez, catedrático de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante, y Vicente Mayor, responsable de Ingeniería del Ayuntamiento de Benidorm.
El debate partió de una realidad compartida: existe una escasez hídrica, aumentada por la presión demográfica y el impacto creciente del cambio climático, que obliga a gestionar el agua con más información y capacidad de anticipación. En este contexto, la digitalización deja de ser una mera incorporación de sensores o plataformas para convertirse en una herramienta destinada a mejorar el abastecimiento, el saneamiento, la depuración, la reutilización y la respuesta ante emergencias.
A lo largo del debate se analizaron proyectos punteros como el uso de gemelos digitales, la sensorización masiva, la integración de redes de agua regenerada y la implementación de inteligencia artificial para la prevención de emergencias, al tiempo que se expusieron las trabas burocráticas y normativas que aún ralentizan la transferencia del conocimiento.
La conversación abordó el plan integral de digitalización de Aguas de Alicante, que ha permitido ejecutar 44 actuaciones financiadas con fondos Next Generation por un importe superior a 5 millones de euros. "Primero y quizás el que más inversión ha requerido ha sido la digitalización y la sensorización de la red de alcantarillado y de aguas pluviales para reducir el impacto en el medio ambiente en episodios de lluvia", señaló Sánchez.
El director general de AMAEM destacó además otros resultados concretos, como la reducción del consumo energético en más de 3.000 MWh en un periodo determinado, que se mantendrán de forma recurrente, y un ahorro de 1,44 hm3 de agua en el mismo intervalo. Además, Sánchez subrayó que el proyecto incluye también numerosas iniciativas de concienciación sobre el uso sostenible del agua, foros de relación con entidades locales y asociaciones de vecinos, y acciones explicativas sobre el funcionamiento del ciclo integral y la conservación medioambiental. "Hemos hecho gemelos digitales para estar preparados ante eventos extremos y para tener una ciudad más resiliente", afirmó.
Sergio Sánchez, director general AMAEM.
Ignacio Casals fue el encargado de explicar en qué consisten los llamados gemelos digitales. "Vienen a ser un poco como la radiografía completa de las redes, de las infraestructuras", explicó Casals. Estos modelos permiten disponer de una imagen de las instalaciones "en tiempo real y además en su evolución", incluso en aquellos puntos en los que no existe un sensor directo. Su utilidad no se limita a conocer el estado de la red, sino que permite simular diferentes respuestas antes de intervenir.
"Nos permiten saber cuál va a ser la respuesta del paciente ante el tratamiento", resumió el director de Innovación. Ante una rotura, un problema de presión o un atasco en el alcantarillado, los técnicos pueden analizar qué está ocurriendo, probar virtualmente una solución y ordenar la actuación desde el propio Centro de Inteligencia del Agua.
La prevención de episodios extremos fue otro de los grandes ejes del encuentro. Sergio Sánchez presentó la plataforma Ondas, que integra información de AEMET, la Confederación Hidrográfica del Júcar y AVAMET, además de datos sobre caudales, cartografía, cuencas y planes municipales de inundaciones. El objetivo es cruzar las predicciones meteorológicas con la respuesta real del alcantarillado para mejorar la actuación de los servicios de emergencia y de los ayuntamientos.
"No va a servir solamente para saber lo que va a pasar, sino también para saber lo que hay que hacer", señaló Sánchez. La plataforma incorporará planes de acción digitales que establecerán las medidas a adoptar cuando determinadas variables superen los umbrales definidos. De este modo, se pretende reducir los tiempos de respuesta y obtener previsiones más precisas por zonas concretas, desde un hospital o un barranco hasta un colegio.
Casals subrayó que la tecnología necesaria ya está disponible y que el principal desafío es coordinar a todas las entidades implicadas. "Muchas veces el reto no es solamente tecnológico, sino de colaboración", indicó. La plataforma debe reunir datos de organismos diversos y facilitar que quienes tienen que recibirlos puedan responder con rapidez. Esa cooperación, añadió, está siendo una parte esencial del proyecto.
Ignacio Casals, director Innovación AMAEM.
José García Rodríguez trasladó el debate al ámbito de la inteligencia artificial y la investigación universitaria. A su juicio, el reto ya no consiste únicamente en instalar sensores, sino en interpretar correctamente la enorme cantidad de información que generan. La IA puede combinar datos históricos y de sensores con información meteorológica, geológica y ambiental para identificar patrones asociados a episodios anteriores.
"La potencia de la inteligencia artificial es encontrar patrones que han desencadenado eventos anteriores de desastres naturales", explicó. Si esos patrones se detectan con suficiente antelación, las autoridades y los gestores pueden movilizar recursos y proteger a la población. Sin embargo, García Rodríguez advirtió de que la precisión sigue siendo un problema, especialmente en un contexto de cambio global en el que se producen situaciones que no cuentan con precedentes claros.
"Estamos todavía un poquito lejos de anticipar con una ventana muy grande", reconoció. La IA puede generar escenarios extremos que aún no se han producido y ayudar a estudiar sus consecuencias, pero la complejidad de los modelos meteorológicos y la potencia computacional necesaria limitan todavía el margen de anticipación.
La experiencia de Benidorm mostró otra de las vías de adaptación: el uso de agua depurada y regenerada. Vicente Mayor explicó que el plan director de agua regenerada del municipio no responde a una actuación aislada, sino que se integra en los planes locales de adaptación al cambio climático y de energía sostenible.
El modelo urbanístico compacto de Benidorm, defendió, permite compatibilizar la actividad turística y la protección territorial. Los desarrollos urbanísticos pendientes deberán incorporar redes de agua regenerada como condición para su ejecución. "Para poder crecer, el municipio tiene que implantar esas redes de agua regenerada", afirmó Mayor.
Vicente Mayor, responsable de Ingeniería del Ayuntamiento de Benidorm.
El responsable municipal señaló que las futuras inversiones deberán reforzar la capacidad de regeneración, almacenamiento y distribución, ya que la demanda de agua regenerada depende también de la pluviometría. En paralelo, Benidorm ha avanzado en la sectorización, la telegestión y la monitorización de su red de agua potable. El resultado, según Mayor, es un rendimiento teórico de entre el 95% y el 97%.
La digitalización permite realizar un mantenimiento preventivo y detectar las averías con mayor rapidez. "Son partidas relativamente poco significativas dentro de lo que es un proyecto de obra civil, pero tienen unos beneficios tremendos", sostuvo. La renovación y monitorización de las redes, añadió, evita que alcancen un grado extremo de obsolescencia y contribuye a contener el impacto sobre el recibo ciudadano.
La eficiencia tecnológica también debe adaptarse a los entornos con baja conectividad. García Rodríguez explicó las soluciones desarrolladas para espacios naturales como el parque de La Mata, en Torrevieja, donde no existen redes convencionales de 4G, 5G o wifi. En estos casos se emplean dispositivos de muy bajo consumo, redes, paneles solares y baterías.
El investigador destacó la necesidad de utilizar modelos de inteligencia artificial más pequeños y especializados, capaces de funcionar en dispositivos situados en el lugar donde se recogen los datos. "No podemos utilizar un modelo grande; necesitamos entrenar modelos mucho más pequeños con datos más concretos", explicó. Estas soluciones reducen el consumo energético y permiten mantener la información dentro de entornos controlados.
La seguridad y la gobernanza del dato ocuparon buena parte del tramo final del debate. Aguas de Alicante gestiona más de siete millones de datos diarios procedentes de la telelectura, además de la información de sus redes. Sánchez aseguró que estos datos se encuentran protegidos mediante sistemas cerrados y certificados. "La decisión, al final, por lo menos las decisiones macro, las importantes, las tendrán que tomar las personas", subrayó.
José García Rodríguez, catedrático de Tecnología Informática y Computación de la UA.
Casals defendió la apertura de datos, pero siempre después de analizar los riesgos. La empresa dispone de un portal de datos abiertos y ha utilizado la propia inteligencia artificial para revisar qué riesgos podía implicar la publicación de cada conjunto de información. "La IA nos ha ayudado a analizar dato a dato cuáles eran todos los riesgos intrínsecos de publicar cada uno", explicó.
Para Vicente Mayor, la clave está en la gobernanza del dato: decidir qué información resulta útil, cómo debe anonimizarse y qué contenidos pueden hacerse públicos sin comprometer la seguridad o la protección de datos. García Rodríguez planteó, además, el uso de modelos federados, que permiten trabajar con información sin extraerla del servidor o del entorno en el que está almacenada.
Los participantes coincidieron en que la inteligencia artificial debe funcionar como un sistema de apoyo a la decisión, no como un sustituto de la responsabilidad política, técnica o administrativa. "Siempre tiene que haber un control humano", afirmó Sánchez. Casals añadió que los sistemas deben ofrecer transparencia sobre el cómo y el porqué de sus decisiones, especialmente cuando se aplican a episodios críticos.
La mesa también puso sobre la mesa los obstáculos para trasladar la investigación a la gestión cotidiana. Vicente Mayor señaló que la colaboración entre universidades y administraciones suele ser positiva, pero se enfrenta a procedimientos burocráticos que pueden retrasar al menos seis meses la ejecución de un proyecto.
Desarrollo de la Mesa Redonda ‘Digitalización e innovación en el ciclo integral del agua " en el CIA de Alicante.
García Rodríguez coincidió en que los trámites y la contratación de investigadores ralentizan la aplicación práctica de las soluciones. Casals definió esta dificultad como "el valle de la muerte de la innovación": el periodo que separa la investigación inicial del producto o servicio que puede utilizarse de forma real. "Muchas veces es más costoso pasar de la investigación al producto comercial final que la propia investigación", advirtió.
Sánchez reclamó una mayor flexibilidad administrativa y normativa, siempre acompañada de controles, así como una apuesta sostenida por la inversión. "El cambio climático es el primer reto y tenemos que estar ahí", afirmó. En su opinión, la gestión del agua deberá apoyarse cada vez más en los datos, la automatización y la inteligencia artificial, pero sin perder de vista que se trata de un servicio esencial cuya responsabilidad última corresponde a las personas.
