Alicante
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El aumento de las aglomeraciones en reservas naturales de Alicante, combinado con la explosión de negocios de alquiler de embarcaciones de recreo y motos de agua, está generando un daño invisible a la biodiversidad marina.

Este verano, como viene siendo reportado en los pasados años, usuarios en redes sociales han compartido vídeos e imágenes de daños contra el ecosistema mediterráneo causados por malas prácticas que quedan impunes.

Entre las infracciones más comunes se encuentra el daño causado a las praderas de Posidonia oceánica por embarcaciones de recreo que echan el ancla en zonas protegidas y que, al recogerla, destruyen décadas de crecimiento vegetal. O el acoso a cetáceos que se acercan a la costa alicantina.

Francisca Giménez, directora del Centro de Investigación Marina de Santa Pola (Cimar), asegura que esta problemática se repite cada periodo estival y que cada vez va a más.

Desde el centro, dedicado a la transferencia del conocimiento científico, acciones de conservación y propuestas de planificación marina, entre otras funciones, vienen detectando un incremento constante de usuarios de actividades náuticas en el medio marino.

"Mientras que deportes como el pádel surf, el piragüismo o el surf no resultan perjudiciales, preocupa la proliferación de embarcaciones de motor, motos de agua y la aparición de empresas que alquilan embarcaciones sin titulación", apunta la experta.

Y es que el auge del turismo náutico, cada vez más accesible por la laxa regulación y la amplia oferta de embarcaciones y motos de agua, es uno de los grandes atractivos de la costa alicantina al no requerirse en algunos casos nociones mínimas de navegación, normas de seguridad y respeto medioambiental.

"La falta de formación provoca que personas sin conocimientos mínimos maniobren en el mar y tiren el ancla sobre hábitats sensibles, multiplicando los fondeos indebidos", indica Giménez.

Al echar el ancla sobre praderas de Posidonia oceánica para evitar el arrastre de la embarcación, el ancla se engancha y arranca los rizomas.

Posidonia del Mediterráneo. E.E.

Frente a lo que puede parecer un daño menor, la experta explica que "la Posidonia oceánica crece a una velocidad inferior a 1 cm al año, por lo que cada vez que se levanta un ancla arrancando rizomas, se destruyen entre 50 y 60 años de crecimiento acumulado de la pradera".

"No es un alga, sino una planta superior endémica del Mediterráneo. Es la especie responsable de formar los grandes bosques marinos que oxigenan el mar. Sirve de refugio, hábitat y zona de alimentación para multitud de especies y funciona como área clave de freza y cría para juveniles de muchísimas especies, incluidas especies pesqueras de interés comercial, por lo que su pérdida provocaría una reducción drástica de la biodiversidad y de los recursos pesqueros para la alimentación humana", asegura la directora del Cimar.

Existen puntos críticos de concentración de embarcaciones como la Isla de Tabarca y diversas zonas costeras de Alicante, como el entorno de la Serra Gelada, y Murcia.

"Si una bahía solo soporta un máximo de 20 embarcaciones para mantener la salud del ecosistema, no es admisible la presencia de 200 barcos. Se han llegado a registrar quedadas masivas de cientos de embarcaciones en puntos sensibles como el Mar Menor que actúan de forma destructiva sobre los fondos marinos", lamenta.

Acoso a cetáceos

Otro aspecto crítico es el acoso a cetáceos por barcos y motos de agua que acuden a su encuentro saltándose toda la normativa específica para su avistamiento.

Como recuerda Giménez, la ley exige "aproximarse de forma muy lenta, colocarse en paralelo y dejar que sean los animales los que se acerquen".

Sin embargo, es frecuente ver embarcaciones persiguiendo activamente a delfines o rorcuales durante sus migraciones para grabarlos.

Este acoso genera estrés y alteraciones de conducta. "Los delfines mulares se ven obligados a desplazarse a zonas más profundas durante el verano y los rorcuales pueden modificar sus rutas migratorias hacia zonas con menor disponibilidad de alimento", advierte.

Así, otro efecto del alquiler de barcos sin titulación es que han aumentado las intervenciones de Salvamento Marítimo debido a usuarios que "no saben navegar y quedan a la deriva, poniendo en riesgo sus vidas".

Para la especialista, el principal problema no es la falta de regulación, "sino el incumplimiento de la normativa existente y la carencia de una vigilancia adecuada en el mar".